Newell's está malherido. Ayer terminó una temporada paupérrima en todos los frentes que jugó y encima la última imagen no pudo ser peor. Llegó al largo receso envuelto en una severa crisis futbolística, magullado, confundido, sin rumbo ni entereza dentro de la cancha y con la dirigencia agobiada por las críticas y obligada a contratar a un técnico confiable lo antes posible para ir acomodando el tren en la vía. En la tarde del Domingo de Pascuas nadie de los presentes en el Coloso daba crédito en el complemento de lo que veían sus ojos, fue una pesadilla de la que Newell's nunca se pudo despertar y que terminó en un desencanto mayúsculo. Doloroso. Humillante. Una mancha más en este álgido presente. Porque al término de la etapa inicial los rojinegros ganaban 1 a 0 con un golazo de cabeza de Maxi y encima tenían un jugador más por la expulsión del volante tripero Lorenzo Faravelli. El escenario no podía ser más positivo, ya que el global ponía a la lepra 2-0 arriba sumando el gol de visitante en el bosque. Pero en el segundo período el equipo del ya ex técnico leproso Héctor Bidoglio se autoinfligió la eliminación, desapareció de la cancha, le quemó la pelota, le regaló el área propia a Gimnasia y así terminó cayendo 3 a 1 para que la primera participación en la Copa Superliga quede en la historia como un recuerdo vergonzoso en el Parque. Es el cierre de una temporada futbolística que no puede repetirse en la próxima, porque si ello ocurre Newell's podría caer al peor de los infiernos. Sin ánimo de exagerar, sólo a un equipo aturdido le puede ocurrir lo que le sucedió ayer al rojinegro.
































