Buenos Aires.- La muerte de Francisco
Francis Cornejo, acaecida anoche, a los 76 años, dejó sin mentor a Diego Maradona en la
vida terrenal, ya que el otrora técnico fue su descubridor en los recordados
Cebollitas que después nutrieron las fuertes inferiores de Argentinos Juniors.
Cornejo, que había nacido el 31 de enero de 1932, estaba internado desde hace 20 días en la
sala de terapia intensiva del Policlínico Bancario, ya que fue también empleado del Banco
Hipotecario.
El tan querido y respetado
Francis tenía leucemia y por eso su vida se fue apagando lentamente, hasta que anoche le
llegó la muerte poco después de las 23.00, según le informó a Télam el jefe de prensa de Argentinos
Juniors, Miguel Marotti.
Los restos de Cornejo serán velados desde las 8.00 de hoy hasta la misma hora del sábado,
justamente en la sala de prensa de Argentinos Juniors. Su cuerpo será cremado una hora más tarde en
el cementerio de la Chacarita
Cornejo descubrió a Maradona cuando éste se fue a probar en esa vertiente de las inferiores
del club de La Paternal el 5 de diciembre de 1970.
Francis supo llevarlo de a poco al por entonces diminuto Diego, que se constituyó
finalmente en la gran atracción de aquel equipo que entre 1970 y 1976 se cansó de ganar los
entonces célebres Torneos Evita (llegó a estar 136 partidos invicto).
Y como Maradona era “demasiado” para los chicos aún bastante mayores que él y por
eso era temido por sus rivales, Cornejo apeló a su proverbial picardía de potrero para
“cambiarle” el apellido en algunos partidos claves.
Así, por ejemplo, justo en un partido ante Boca Juniors, el club en el que luego Maradona
fuera por primera vez campeón, Cornejo lo anotó en la planilla como Montanya.
Su equipo perdía tres a cero y
Francis mandó a la cancha a Diego, que enseguida hizo un gol, luego otro y finalmente el
del empate.
Entonces sus compañeros le gritaron “Grande, Diego!”. Y el técnico rival se dio
cuenta e increpó a su colega: “Me pusiste a Maradona, hijo de p...!”, y le dio una
palmada de frustrado reconocimiento.
Cornejo sabía que tenía un diamante en sus manos y también conocía cuanto podía valer en el
futuro. Y vaya si acertó. (Télam)




























