La continuidad le está viniendo como anillo al dedo a Walter Montoya. Aquel futbolista que hasta hace poco se debatía con los vaivenes lógicos de todo jugador, hoy es suplantado por actuaciones de mejor calibre, que vienen acompañadas nada menos que de goles. Lo de anoche aquí en Salta fue muy similar a lo que ocurrió el sábado en el Gigante: en medio de un partido cerrado, en el que los espacios no abundaban, la aparición del 8 sirvió para romper con esos moldes rígidos y romper la monotonía imperante. Esta vez fue con un zapatazo formidable desde afuera del área, con la pelota rozando el travesaño y cayendo como un rayo en la zona de sentencia. Un verdadero golazo para abrir un partido al que ocasiones de gol por ese entonces a Central no le faltaban, pero que les eran esquivas a la hora de concretar. La aparición del chaqueño hizo que la tranquilidad cayera mansa sobre los hombros de los jugadores canallas.

































