En los primeros minutos de este viernes, aún con su noche mágica dándole vueltas por la cabeza, Lionel Messi se subió a su avión privado, cerró los ojos y revivió cada uno de esos momentos inolvidables que vivió junto a sus compañeros del seleccionado argentino, los tres goles ante Bolivia que lo convirtieron en el máximo artillero de una selección sudamericana -dejando atrás la leyenda de Pelé- y el interminable aplauso y rumor que bajaba de las tribunas. "Tarea cumplida", "vale la pena tantas lágrimas". El imaginario popular podría imaginar miles de sensaciones por la cabeza del rosarino. Después de mucho tiempo, con su amada albiceleste campeón de América. la presión se había alivianado. Y aún se puede pensar en más. ¿Por qué no?































