Ovación

La Fórmula Uno en miniatura: slot, la pasión de los adultos por los autitos de carrera

Pilotos de Rosario, Córdoba, Santa Fe y Buenos Aires se enfrentaron en un interprovincial de la categoría wing car, una especie de coches de Fórmula 1 pero eléctricos y que a escala 1:24 corren a 600 km por hora

Jueves 09 de Octubre de 2014

"Nuestro perfil? Somos un grupo de obsesivos compulsivos con cierta tendencia a sufrir por el detalle". Medio en broma medio en serio así se definió a sí mismo y a sus 20 colegas el piloto y campeón interprovincial de slot, Pablo Zenón. "¿Campeón de qué?", podrá preguntar usted. La respuesta es más simple de lo que se espera. Zenón, además de psiconalista, corre carreras con autitos eléctricos, en escala, y en la categoría de elite: la Wing Car, que emula la Fórmula 1.

El slot es un hobby, una pasión, una meticulosa manía que agrupa en su mayoría a varones _adultos, fierreros y de distintas profesiones y oficios_, para jugar con vehículos conectados a un mando o pulsador. Los coches corren en escala a un promedio de 600 kilómetros por hora y los pilotos arman sus propios autos para competir alrededor de una pista ranurada (de allí el término slot, que en inglés significa "ranura"). El que da más vueltas alrededor del circuito, en el mismo tiempo, gana. Pero eso no es todo. Lo que se pone en juego no es tan sencillo como parece. Los aficionados del slot juegan en cada carrera su locura por el juego, la competencia, lo artesanal, la física, la mecánica, la electricidad, la electrónica, la aerodinamia y la matemática. Ciencia y deporte, y todo con el entusiamo de los chicos.

Hace unos días, Ovación encontró a estos "sloteros" de Santa Fe, Córdoba y Buenos Aires en la carrera interprovincial que se desarrolló por dos días en el club Horizonte (Suipacha 1363), sede de Rosario Slot, agrupación local que se reúne en el club todos los viernes a la noche y los sábados por la tarde.

Rosario, junto a Rafaela, Río Cuarto, Río Tercero, La Plata, Pergamino, Córdoba capital, Bell Ville, Buenos Aires y Quilmes conforman la Asociación Centro República Argentina de Slot (Acras), que nuclea a más de 30 pilotos. Durante el sábado hubo dos ganadores. En la categoría A, el primer puesto en el podio fue para Julio Costantini, de Rafaela, y en la categoría B, ganó Damal Zenón, de Rosario. El domingo los primeros puestos fueron para los hermanos Zenón: Pablo ganó la categoría A y Amal, la B. Los campeones alcanzaron a recorrer las vueltas de la pista en un promedio de 3 segundos.

Los organizadores del encuentro, Pablo Zenón, de 48 años, y Walter Martínez, comerciante de 46, explicaron los detalles de este pasatiempo, variante del modelismo, que nació a mediados de siglo XX en Inglaterra y que muchos nombran como "carrera de Scalextric", usando como genérico el nombre de una marca popular de autitos.

En un salón del club adornado con banderas de marcas de autos se montó el circuito. En el centro se levantó la pista de seis vías de distintos colores, cuatro curvones y un mixto, más dos pantallas en las que se leen los tiempos de cada vehículo. Y sobre dos paredes se instalaron los "boxes": mesas donde los pilotos abren sus cajas, minúsculos talleres mecánicos móviles, trípticos llenos de cajoncitos donde se atesoran respuestos para armar y poner a punto los autitos. Un patrimonio promedio de unos 30 mil pesos.

En otros dos rincones del salón se expusieron tiendas de venta de respuestos. Se desplegaron allí desde aceiteras hasta los componentes de los chasis, motores, carrocerías (nacionales pintadas a 100 pesos o transparentes a 30), herramientas (la más común y necesaria es la llave Allen, que cotiza unos 100 pesos) y pulsadores o mandos (reguladores de potencia a gatillo que cuestan desde 300 a 5 mil pesos).

Hay dos grandes ramas del slot. La europea o plástica (por los materiales de los autos), donde corren reproducciones a escala 1:32, sobre pistas más chicas, especiales para iniciados. Y la americana o metal, de escala 1:24, una categoría de elite, para experimentados (una especie de Fórmula 1), la que justamente tuvo lugar en Rosario. Las categorías están estrechamente ligadas a la inversión que hacen los pilotos para echar a andar su pasión. Para armar un auto de esta categoría de elite hay que desembolsar unos 3 mil pesos; para la estándar, en cambio, bastan unos 500 pesos.

El encuentro comenzó muy temprano, por la mañana, con las pruebas libres. Siguió con las clasificaciones y la carrera: 4 minutos por cada una de las seis vías que miden 42,5 metros (24 minutos en total). Durante toda la jornada, se movieron dentro del circuito tanto Matías Pérez, de Río Cuarto y de 15 años (el más joven de los pilotos, acompañado por su papá también slotero), como Juan Carlos Pandolfi, de 72 años, piloto a cargo de uno de los puestos de venta de repuestos y quien explicó la pasión del slot con una imagen. "Acá puede pasar caminando una mujer bella y desnuda por el circuito. Nadie la mirará si estamos jugando".

Y es así. Tienen una mano ocupada en el mando, los ojos clavados en la pista y sus cabezas hacen movimientos de ochos en el aire siguiendo la dirección de autos que se ven menos de lo que se escuchan.

"Este es el último de los juegos que se defendió de la virtualidad", comentó Zenón antes de agregar que los entrenamientos del slot se basan en "manejar y manejar...".

Las carrocerías están pintadas con vistosos diseños y numeradas. Pero los pilotos no las decoran. "Hay gente que hace especialmente el pintado de carrocería echando mano al aerógrafo y ploteado. Un trabajo que ronda los 100 pesos", dijo Zenón.

Quedan más carreras por delante de acá a fin de año y en varias provincias del país.

Los sloteros locales invitan a sumarse a los que aún no lo han hecho y ofrecen explicar con toda la paciencia y el fervor que tienen (como lo hicieron con Ovación), todo lo que tiene que ver con estos autitos y las reglas de la competencia. Lo que no garantizan poder explicar es qué los hipnotiza hasta el delirio del slot: porque al fin de cuentas, las pasiones no tienen explicación.

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