Buenos Aires.- Racing Club logró esta tarde una alegría para su penosa actualidad, al empatarle merecida y agónicamente el clásico a Independiente 1-1, de local, por la tercera fecha del torneo Apertura de primera división.

Buenos Aires.- Racing Club logró esta tarde una alegría para su penosa actualidad, al empatarle merecida y agónicamente el clásico a Independiente 1-1, de local, por la tercera fecha del torneo Apertura de primera división.
El tucumano Franco Sosa, devenido en caudillo de tiempos desventurados, salvó la derrota con un derechazo dentro del área, a los 44 minutos del segundo tiempo cuando la injustificada victoria rival cobraba forma de sentencia.
El mediocampista Daniel Rolfi Montenegro, a los 40 minutos de la parte inicial, marcó el gol de Independiente en la única jugada de peligro que elaboró su equipo durante el partido.
El desenlace, que provocó un profundo desahogo en el público local y una bronca indisimulable en la parcialidad visitante, abrió una mínima esperanza para la continuidad del entrenador Juan Manuel Llop, que se definirá en las próximas horas.
Para Independiente quedó apenas el consuelo de conservar un invicto de siete partidos en el clásico, con tres victorias y cuatro empates.
La primera media hora del partido coincidió con la mejor producción futbolística de Racing en el año. El equipo superó los trastornos que lo rodean y arrolló a un Independiente que se mostraba entre sorprendido y desorientado.
El conjunto de Llop propuso un juego de mucha presión en la mitad de la cancha, profundidad por las bandas y explosión en el ataque con Maximiliano Moralez pero falló en el área con un Pablo Lugüercio desesperantemente errático.
El ex Estudiantes perdió la primera ocasión del partido, a los 7', con un cabezazo en el travesaño y dilapidó la más clara de la parte inicial (20') cuando desvió una palomita a cuatro metros del arco, con Fabián Assmann fuera de la jugada.
Pero, además, concluyó mal cada una de las jugadas de ataque que produjo Racing a partir del buen trabajo de sus volantes externos (Hernán Lucero y Lihué Prichoda) y Moralez, que desequilibraban a espaldas de la línea de tres volantes defensivos que paró Claudio Borghi.
Para colmo, la apertura (injustificada) del marcador derivó de una pelota perdida por Lugüercio en una simulación de falta. Ledesma recogió el balón e inició una contragolpe letal, que se prolongó en Leonel Núñez, Lucas Mareque y concluyó Montenegro, al aprovechar un rebote entregado por Pablo Migliore.
Fue la primera y única situación de peligro que elaboró la visita en un primer tiempo claramente favorable para Racing, cuyo rendimiento decreció a partir del notorio desgaste físico.
Ese factor, sumado a la salida de Moralez por una lesión, minimizó las posibilidades de Racing en el clásico y le dio a un opaco Independiente el margen suficiente para controlar el partido durante el segundo tiempo.
La inclusión de Adrián Calello como doble cinco aumentó la capacidad de marca en la mitad de la cancha y le quitó al juego el ritmo vertiginoso que le convenía a Racing.
De todas formas, Independiente no se preocupó por definir un partido con escenario favorable y se conformó con dejar correr el reloj.
Racing, con sus limitaciones ya conocidas y sin los recursos del primer tiempo, mantuvo la convicción de llegar al empate sin ideas pero con la ubicación de casi la totalidad de sus jugadores en campo rival.
Entre tantos centros, uno lanzado por Shaffer desde la izquierda resultó la salvación. Sánchez Sotelo, que había perdido la única ocasión clara de Racing en el complemento, peinó una pelota que desacomodó la defensa y Sosa marcó la igualdad.
Fue el premio para un equipo de jerarquía inferior que entendió cómo jugar el clásico y dejó el corazón en busca del resultado. Independiente, otra vez, descolocó a todos por su falta de carácter. (Télam)



Por Gonzalo Santamaría
