Ovación

"Hay que meterse en la cancha y abrirla para todes"

La ex jugadora y entrenadora Mónica Santino llama a "abrir la cancha" para ir a jugar.

Miércoles 25 de Julio de 2018

"Hay que meterse en la cancha y abrirla para todes". Con esa frase la ex jugadora, técnica de fútbol, periodista y militante homosexual, Mónica Santino, cerró ayer la charla con Ovación. Toda una síntesis de un trabajo de 11 años como entrenadora de mujeres en la Villa 31, toda una posición política de quienes pelean por su derecho a jugar, cualquiera sea su identidad sexual. Fútbol para todes.

Esta mujer, ex volante central de All Boys que patea con la zurda e hincha de Vélez, está casada con otra mujer desde hace tres años y es madre de dos nenas: Sara, de 10 años, y Alicia, de 5. Es un referente nacional del fútbol femenino (al que prefiere llamar "feminista") porque aprende y enseña a otras mujeres lo que en la jerga futbolera se llamaría hacer un "cambio de frente": venir por un costado de la cancha, animarse con la pelota en los pies, y cambiar de banda. Siempre en clave de fútbol, pasó por Rosario (ver aparte) y contó cómo se empoderan las mujeres al jugar.

El trabajo en la Villa 31 empezó con una decena de chicas. ¿Ahora son un centenar?

Sí, de entre 5 a más de 20 años. Llegamos en 2007 porque estaba allí trabajando una socióloga norteamericana que no podía entender que en un país con la preponderancia del fútbol no se le diera lugar a la mujer para jugar. Y como se iba nos llamó y fuimos a replicar el trabajo que hacíamos en la Municipalidad de Vicente López. Nos llevó un año entablar un vínculo con las chicas. En los barrios la gente está cansada que llegue gente, hable y se vaya. La conquista importante con ese grupo fue conquistar la cancha, lugares sagrados en los barrios. Puede haber falta de vivienda pero nadie construye una casa en una cancha, la línea de cal se respeta, pero siempre es un espacio de los varones. Los chicos llegan del colegio, tiran las mochilas y van a jugar; los más grandes organizan los partidos por dinero pero las mujeres no juegan, no tienen tiempo material para ejercer eso que es un derecho fundamental. Las pibas aprenden de muy chiquitas a hacerse cargo de las tareas domésticas o del cuidado de las personas, además de ir a las escuela, y así se las formatea. Ven a la maternidad como lo único que las hace sentir alguien o tener algo propio: un hijo. Al punto que cuando hablamos de la despenalización del aborto el tema se vuelve difícil. Las que pertenecemos a la clase media u otros sectores del feminismo ponemos como bandera que las mujeres pobres no acceden a un aborto seguro, lo cual es cierto, y nos encontramos que la gran mayoría está contra la despenalización porque ven al embarazo como algo que ocurre y tiene que ser. Con el fútbol no solucionamos el problema de raíz, pero intentamos con ellas conquistar el espacio, ser grupo, nos damos cuenta que tenemos el derecho de tener el cuerpo que deseamos tener, lo cual es muy liberador. Eso nos empodera. Les pasan otras cosas y la maternidad se corre un poco de eje.

¿Entrar a la cancha sería la posibilidad de conquistar derechos?

Es que las situaciones de desigualdad son difíciles de sobrellevar. Pensá que la villa está en Retiro, pegada a la terminal de micros y desde los techos de las casa de las pibas se ven los edificios caros de Buenos Aires. La peor de las violencias, que se agrava con el proyecto de construir un edificio puente entre la villa y el BID en un barrio que necesita cloacas y agua potable (N. de la R. El jefe de Gobierno porteño, Horacio Rodríguez Larreta, anunció la edificación de un edificio del Banco Interamericano de Desarrollo de 3.800 metros cuadrados para oficinas con el fin de "integrar la villa a la ciudad"). Hay que ser mujer, crecer y vivir allí con todo en contra y generar dignidad y derechos. El fútbol es una herramienta fantástica. Desde que se levantan hasta que se duermen muchas mujeres dicen "tirame un centro" o "vivo atajando penales". Seguir pretendiendo que las mujeres estamos afuera de un fenómeno cultural como el fútbol es ilusorio a esta altura del partido. Pero ahora muchas chicas, no la mayoría, salen a jugar mientras ellos se quedan con los chicos porque ese hijo es de los dos. Y ese rato que ella juega es inmenso porque tira abajo un montón de prejuicios como que los pibes son responsabilidad exclusiva de las madres. Se enfrenta una cultura muy patriarcal.

¿Por qué prefiere hablar de fútbol feminista más que femenino?

Hablar de fútbol feminista tiene que ver con estar parada en un derecho y estar convencida que lo podemos ejercer, es tirar por tierra las lógicas de mercado. Celebrar la posibilidad de jugar, estar con otras, entender que el poder lo repartimos entre todas y que lo personal es político. Todas las cuestiones que el feminismo toma. El fútbol es feminista si reparte el poder y es cooperativo. La idea de equipo tiene que ver con nuestra historia y el ser mujeres.

Hubo más presencia de mujeres en el Mundial: como hinchas, periodistas, como denunciantes de acosos y abusos. ¿Qué lectura hace de eso?

Sí también lo protegieron con el paraguas a Putín mientras se empapaba la presidenta de Croacia. Más allá de las ironías, las mujeres estuvimos más metidas en el Mundial porque no se puede tapar el sol con las manos. Pero necesitamos aún más entrenadoras en todos los deportes, incluso en los que se suponen que son más femeninos, y más mujeres en los lugares de decisión porque allí aún el fútbol es un escenario brutal. Y tenemos un desafío más contra la falta de diversidad. Aún el deporte es binario, varones y mujeres, desde argumentos biológicos. Si somos mujeres corremos menos, si una trans quiere jugar en una liga femenina tiene la fuerza de un hombre. Hay que abrir la cancha a todos los cuerpos disidentes. Si damos ese paso habremos ganado varias batallas. Hay que meterse en la cancha y abrirla para todes.

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