Ovación

Goleadas de nueva era en la despiadada Copa Argentina

Las necesidades de los poderosos de ganar la Copa Argentina para acceder a la Libertadores la transformaron rápidamente en una competencia despiadada por el título.

Martes 24 de Julio de 2018

El viernes pasado Central Ballester salió a la cancha a jugar el partido más importante de su historia de tan sólo 44 años con esta denominación, ya que antes se llamaba Central Argentino. Tuvo su primera cancha en Villa Ballester, pero ahora es residente de José León Suárez. Y desde allí construye su historia futbolística y cultural. De tanto en tanto juega con alguna camiseta alegórica: San Martín, Madres de Plaza de Mayo, Operación Masacre, Ni Una Menos...

Independiente le hizo 8 goles y pudieron ser más. Lo desbordó por todos los lugares habidos y por haber, como era de suponer en un partido sin equivalencias entre el campeón de la Copa Sudamericana y un equipo amateur que tiene entre sus rivales convencionales a Argentino, por ejemplo. Cuatro categorías de diferencia y una brecha futbolísticamente insalvable si cada uno cumple con su parte.

El domingo, River puso a todos sus titulares ante Central Norte de Salta, un histórico de los Nacionales (jugó 7 de 19 entre 1967 y 1985) que creó Valentín Suárez y actual habitante del Federal B, un equivalente del interior de la Primera C, en la que juega Central Córdoba.

River puso a todos y le hizo 7 de casualidad. Pudieron ser 10, 12...

Los salteños se quejaron porque hacía un montón de tiempo que no jugaban, pero en realidad la diferencia fue terrible, más allá de la falta de timing y de entrenamiento de los pobres cuervos salteños.

Matías Ceballos, jugador del equipo norteño, sintió vergüenza y tiró para todos lados.

"Jugar así no sirve de nada, si uno ya tiene desventaja de categoría, más desventaja tiene si hace siete meses que no jugamos y tenemos que juntarnos como un club de barrio para jugar contra un rival como River. Es desprolijo todo, de dejarte sin laburo a jugar así, pero bueno, estamos en Argentina con dirigentes a los que sólo les importa lo de ellos y el fútbol del interior que se muera. Acá no sólo es el jugador, hay familias e hijos que sufren, hay choripaneros, diarieros, carniceros... El fútbol deja sin trabajo a mucha gente y se hacen ricos los clubes grandes".

El entrenador albinegro, Ramón Apaza, eligió hablar sólo del partido.

"Me vuelvo con el recuerdo inolvidable de haber estado parado ahí dirigiendo a Central, no me lo voy a olvidar nunca... La diferencia fue abismal, sabíamos de esto y tratamos de suplirlo con ganas, actitud, pero no se pudo. River marcó la diferencia en todo sentido. Nunca imaginé así el partido. Imaginaba poder aguantar por lo menos 30 minutos, después seguramente ellos iban a desequilibrar, pero el primer gol fue tan rápido que nos descolocó. Cambió todos los planes".

La amplitud de los resultados de Independiente-Central Ballester y River-Central Norte, muy alejados del 3-0 de Deportivo Maipú a Chacarita en mayo, el más desparejo de esta edición hasta el viernes, abrió una polémica sobre la postura que deben asumir los grandes en este tipo de competencias en las que las diferencias de categoría pueden marcar distancias como las que marcaron Independiente y River. No obstante, la realidad marca que este tipo de partidos suele ser mucho más parejo y con cierto sufrimiento para los candidatos. No hace falta irse muy lejos.


Cosa de chicos


En esta edición ya fueron eliminados por equipos de categorías inferiores Chacarita, Racing, Belgrano, Arsenal, Agropecuario, Vélez, Banfield, Aldosivi, San Martín de San Juan y anoche Godoy Cruz. Y pasaron raspando por penales Villa Dálmine y Colón.


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En casi la mitad de los partidos de 32avos ya jugados, ganaron los equipos de categorías inferiores.

El domingo salió a la luz una discusión entre Ariel Holan y el presidente de Central Ballester porque los auriazules, también canallas, fueron plantados tras la goleada en la puerta del vestuario mientras esperaban las camisetas de Independiente que nunca llegaron.


Los cruces verbales de este fin de semana fueron extraños. Casi nunca suceden en la Copa Argentina, más bien todo lo contrario y siempre por encima del resultado, que hasta ahora era lo de menos.

Pero esta vez hubo protagonistas que no se la bancaron y empezó a desvirtuarse el espíritu de la Copa Argentina, que se seguirá deteriorando con el paso de los partidos.

Ojalá esa ola negativista no envuelva a Central Córdoba, que hoy se las verá con Estudiantes en otra lucha desigual si no pasa nada extraño. Ojalá los charrúas puedan disfrutar de las crueldades del fútbol desigual. Suena raro pero es así.

El cambio de espíritu de la Copa Argentina está íntimamente relacionado con la modificación de objetivos de los clubes de primer nivel. Ganarla es, desde hace unos años, conseguir un cupo para la Copa Libertadores del año siguiente.

Así llegó River a esta edición en la que buscará los cuartos de final frente a Racing. Derrotó en la final de 2017 a Atlético Tucumán en un mano a mano por un cupo en la Libertadores de este año.

Los grandes no pueden darse el lujo de no jugar la Libertadores por razones presupuestarias más allá de las deportivas.

Boca, Godoy Cruz, San Lorenzo, Huracán y Talleres se ganaron su lugar en la última Superliga, pero queda un cupo para 2019 que sólo entrega la Copa Argentina. Si el campeón de América es argentino habrá uno más. Pero el camino más corto, menos dificultoso, es claramente la Copa Argentina.

Adiós a las historias de vida plagadas de hechos asombrosos que contrastan de manera impactante con las economías y los intereses de los poderosos. Serán arrasadas por los intereses de los que mas tienen y más quieren porque más necesitan.

Los resultados empezaron a caer pesadamente con forma de presupuestos en rojo sobre los ilusionados competidores amateurs, o casi, que esperan año tras año para jugar el partido de sus vidas.

En todo caso, no debería volver a pasar lo de Independiente, que a través de un dirigente sin nombre humilló al humilde Central Ballester.

Ese protocolo debería mantenerse intocable, debería ser sagrado para que los más humildes no se sientan humillados más allá del resultado.

Porque justamente el resultado, a pesar de que esta Copa Argentina ya mostró los dientes con algunos resultados inesperados, más tarde o más temprano, será cosa juzgada: la ganará un grande.

Desde que es el paso más corto para ir a la Copa Libertadores, quedó reservada para los más poderosos. Adiós Copa Argentina.

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