Ignacio Fideleff recorrió diversos lugares del mundo con el fútbol y hoy se encuentra en Misiones junto a su familia, esperando a su tercer hijo (tiene una nena de 4 años y un nene de 2) y también reseteando lo que será de su futuro tras tomar la determinación de colgar los botines. “Hace tiempo que lo venía pensando por los dolores de rodilla. Me operaron muchas veces, pero la solución definitiva nunca llegó”, relató el rubio exdefensor de Newell’s en diálogo con La Capital desde el norte del país donde está llevando a cabo la cuarentena obligatoria desde febrero, mes en que regresó al país tras su último paso futbolístico por Malta.
Nacho (30 años), que jugó en Italia, Israel, Paraguay, Grecia, Islandia y Finlandia, entre otros país, jugó el año pasado en Santa Lucía (Malta), pero “mi esposa está embarazada y la estaba pasando bastante mal por los dolores. Esa fue la gota que rebalsó el vaso. Ahí decidí volverme y dejar el fútbol”.
Por supuesto que la determinación no llegó de un día para otro ya que “hace tiempo que lo venía pensando. Al retiro lo vengo planificando porque lamentablemente me operaron muchas veces y nunca con una solución definitiva. Siempre emparchando las cosas. Eso te hace bajar el rendimiento y el nivel. Y eso implica que al bajarlo terminás sufriendo”.
Fideleff comentó que “el disparador fue cuando estaba en Tigre. Tenía 24 años y mucho dolor de rodilla. La segunda etapa de mi estadía alternaba porque no podía entrenar. Pensé que yéndome a Grecia (Ergotelis) me iba a solucionar con un tratamiento, pero nada. Me operan en Roma (el pase pertenecía a Napoli) un médico que es un eminencia y tampoco pasó nada. Me operó, emparchó y seguí jugando como pude. De ahí fue a operarme con el médico de Barcelona. Tampoco. Me pusieron células madres, tratamiento y pasé por otra cirugía. Tampoco funcionó. Hasta que la última vez me operé en Finlandia, con un médico que intervino a David Beckham y Ousmane Dembélé tratando de apostar a recuperarme. Todo siguió igual”.
- ¿Si querías podías seguir jugando?
- Estando un poco mejor podía seguir, pero no pasó eso. Hice el curso de entrenador porque me la veía venir. Cuando uno juega en cierto nivel no lo disfruta y cuando encima estás acostumbrado a uno alto y lo bajás no estás cómodo con vos mismo y tampoco disfrutás por el ambiente, por el club, por la liga, el entrenador… Todo lo otro implica un esfuerzo enorme. Desgaste de todo tipo y nada positivo. No tenía sentido estirar el fútbol. Podía seguir, me llamaron de otros sitios. Cumplí 30 años, ¿qué proyección tengo? Juego para tener una y si mi nivel va a ser siempre el mismo prefiero hacer algo que me la dé.
- Por lo que relatás, más allá de lucharla siempre, lo hiciste con desventaja por las lesiones también.
- En Newell’s desde que debuté siempre la luché, nunca fui titular. Cuando parecía que podía tener la chance venía otro de afuera y nunca me sentí cómodo. Eso te hace aprender, pero en el momento no lo disfrutás. Cuando me sentía titular me fui a Nápoli. Siempre la remé, nunca estuve cómodo. En Israel sí, porque llegaba de un nivel un poco más alto. En Tigre encontré un grupo homogéneo, lindo y la pasé bien. Pero después empecé con las lesiones y nunca pude sentirme cómodo conmigo mismo.
- ¿La lesión en sí cuál era?
- La rodilla. Se va degenerando a tal punto que cuando me hicieron ver en Estados Unidos el médico que me hizo la resonancia estimó la edad de la articulación a través de la misma. Y salió una edad de la rodilla de 63 años, hace un tiempo eh. Es algo que les pasa seguramente a muchos jugadores por la alta competencia, exigencia, por las cargas y entrenamientos. En Newell’s me operaron mal los meniscos a los 16 años porque no lo hicieron como para un profesional y nunca se intentó suturar. Me sacaron un pedazo, a los 17 y 19 de nuevo. Eso hizo que se degenerara la rodilla. A medida que me fueron operando, sacando meniscos, las artroscopias, más el desgaste, la intensidad, entrenamientos no adecuados, etcétera, hizo que pasara lo que pasó. Encima te infiltran. No iba de acuerdo el cuerpo con la mente.
- Mencionaste muchas veces la palabra “disfrutar”, pero no lo pudiste hacer como querías.
- Al fútbol no lo disfruté del todo por mi situación de la rodilla, porque nunca me pude expresarme en un ciento por ciento. Siempre con dolores, infiltrándome, no pudiendo entrenar bien. Me gusta el fútbol y hay miles de chicos que lo padecen y a la primera sueltan el volante. A mí me gusta el juego, es algo que me apasiona. Hay otros que no. Siempre lo disfruté, pero el ambiente no te permite lograrlo ya sea por la rodilla, porque peleás un descenso… Nunca me pasó de estar en una situación de decir no lo disfruto.
- ¿No te dieron temor en algún momento las infiltraciones? Porque de joven le das para adelante.
- Vas metiendo debajo de la alfombra, pero siguen estando los dolores. Cuando hice el curso de técnico estaba el médico de Inter y él hablaba de la relación jugador-médico y club, pero nunca es así. Porque el facultativo responde a la entidad (que le paga) y no al futbolista. Y después hay que analizar que el jugador siempre quiere jugar y cuando es joven no se le explican las consecuencias. O no se le brinda el tiempo y las oportunidades. También está el entrenador que lo quiere tener (porque se quiere salvar) y si no se arriesga después no juega más. Es ahí donde la entidad es la que debe respaldarlo y que pueda volver a jugar.