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Es la hora, es la hora: vuelve Central, el Central del Kily

La vuelta a la actividad, ante Godoy Cruz, de parte del canalla será de la mano de Cristian González. El DT está frente a uno de los mayores desafíos de su vida

Lunes 02 de Noviembre de 2020

La vuelta del fútbol para Central, en el Gigante, sin hinchas pero con un hincha “caracterizado” dentro de la cancha: el Kily González. Cuando la pelota comience a rodar y el resultado ya sea parte de las exigencias, las lecturas serán de otro tenor. Pero en la previa hay un pedacito de esta historia por encima de todo lo que rodea el debut canalla en el nuevo torneo. Las alegrías o desencantos, la euforia o la angustia es lo que le irá dictando el derrotero de su equipo, pero hasta que Mastrángelo no pite el inicio, el Kily será el dueño de la imagen con mayor relieve. Nadie más que él para imaginar las sensaciones y los pensamientos que se le cruzarán por la cabeza en la caminata de esos 50 metros que separan la boca del túnel hacia el banco de suplentes local, que por decisión propia vuelve a ser el más próximo a la popular de Regatas. No será lo mismo que un Gigante colmado, vibrando y exigiendo un triunfo, que es lo que anhelaba el DT, pero eso no le quitará emoción a ese primer capítulo de una historia que hoy empieza a vivir en serio.

   Conociendo (aunque sea de manera mínima) la forma de pensar y de sentir del Kily, estos más de cuatro meses que pasaron desde que fue nombrado como técnico de Central deben haber sido eternos. Sin dudas deben haber sido los 131 días más largos de su vida. Pero ese día llegó.

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   Desde aquel 23 de junio en que fue oficializado como el sucesor de Cocca y desde ese 24 de junio en que fue presentado en sociedad en las entrañas de la ciudad deportiva de Granadero Baigorria no pasó nada importante, pero para el Kily deben haberse sucedido un millón de cosas importantes. Ese primer entrenamiento en Arroyo Seco, aquel debut victorioso en el primer amistoso, ante Unión, la derrota en el último ensayo, contra Sarmiento de Junín. Todo forma parte de este largo tiempo de preparación del Central de un Kily González al que alcanza con haberlo visto jugar aquellos primeros partidos en el club de sus amores, con recordar la felicidad que le provocaba una victoria en aquella vuelta en 2006 o la cara triste después de una derrota. Daba lo mismo si era en la máxima categoría o en la B Nacional, a la que también se le paró enfrente y le planteó un reto cara a cara.

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El Kily y el escudo de Central, todo un símbolo.

El Kily y el escudo de Central, todo un símbolo.

   De carácter fuerte, vehemente, frontal, con adeptos y, por qué no reconocerlo, una “sartenada” de detractores, el Kily las pasó todas en Central. O casi todas. Porque pese a su tremenda carrera como futbolista no pudo lograr lo que otros sí pudieron: lograr un título. Ni siquiera llegó a formar parte del equipo que logró el ascenso porque su salida del club (de manera traumática por cierto) se había consumado un tiempito antes.

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   Hasta que le llegó la posibilidad de volver al club para sumarse a la estructura de divisiones inferiores y, rápidamente, asumir como entrenador de la reserva, intentando promover a muchos de los chicos que hoy ya trabajan en el día a día a su lado en Arroyo Seco. Y aun sin que los resultados le tendieran una mano, siempre trabajó por fortalecer el proceso de los más chicos, incluso sin esconder bajo la alfombra la mugre de esa relación distante que tenía con Diego Cocca. Siempre dijo que Central estaba por encima de todo y de todos. Ergo, lo hizo dejando en claro que su gran anhelo en la vida era poder dirigir el primer equipo, lo que también fue una muestra de frontalidad.

Arriesgo el cariño de la gente. En este club cuando te va mal, te va mal. Sé que no puedo fallar

Arriesgo el cariño de la gente. En este club cuando te va mal, te va mal. Sé que no puedo fallar
Arriesgo el cariño de la gente. En este club cuando te va mal, te va mal. Sé que no puedo fallar

   El sueño se le cumplió y hace más de cuatro meses que viene afrontando ese rol que buscó en estos últimos años, pero lo de hoy será especial. Hoy, cuando pise el último escalón del túnel y camine el césped del Gigante, ya no será para correr como loco dentro del rectángulo de juego, será para manejar con algo más de calma el andar de su equipo.

   Y después de esos 90 minutos pasará a ser un mortal más en la vida de Central, quedando a expensas de la complicidad o el descrédito que impongan los resultados. Hoy Central vuelve al ruedo. Pero será ni más ni menos que el Central del Kily.

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