En 1972, tras cubrir el cruce en que Carlos Monzón le ganó por KO al danés Tom Bogs, en Copenhague (Dinamarca), voló de allí mismo a Reikiavik (Islandia). Fue sin entender nada de ajedrez para presenciar la partida entre el norteamericano Bobby Fischer y el ruso Boris Spaski: capitalismo vs. socialismo, en plena Guerra Fría. La crónica la redactó en el avión, en una máquina de escribir portátil y firmó como siempre: "Robinson".
Dice que al nenito Maradona que dejaba a todos con la boca abierta lo descubrieron en la revista donde era Jefe de Redacción gracias a las cartas de lectores. Cuenta que "las cuestiones de género" en el deporte lo agarraron de la solapa y lo sorprendieron e involucraron mucho antes que se usara este concepto. Y que habilitó el ingreso de cuatro mujeres a la Redacción bajo su gestión.
Como parte del mundo de múltiples sexualidades que desconocía relata que fue a una fiesta en 1971, en Nueva York, invitado por el representante del boxeador gay Emile Griffith, quien se convirtió en campeón welter el mismo día que mandó al coma y posterior muerte al cubano Paret, quien le había gritado "¡puto!" en el ring.
Cherquis Bialo reconoce que allí se topó por primera vez con varones que se daban un beso inicial amoroso en la mejilla, estaban teñidos, lucían uñas largas, tapados de piel y plataformas. Y describió todo en una nota.
Y más. En 1974, cuando Monzón estaba en la cima de su carrera, Cherquis Bialo y Tito Lectoure fueron a cenar a la casa de Alain Delon y su mujer de entonces, Mireille Darc. Contó que comieron a lo francés "todo elegante, pero insuficiente, nos morimos de hambre", frente a dos perros inmensos. Que Delon era un hombre "de belleza ecuménica, de feligreses sin ateos".
Tras la cena, Delon los invitó a tomar unas copas a un club privado de lesbianas en París. "La dueña del lugar nos dijo que 'el mundo iba hacia otras sexualidades', con Lectoure nos reímos y dijimos que estaba loca o no viviríamos para verlo. Nos equivocamos, yo viví todos los cambios sociales y deportivos".
Habla también del femicidio de Monzón, y de Grondona, a quien criticó y de quien luego fue vocero. Y también responde sobre el día en que con Constancio Vigil, dueño de la Editorial Atlántida (por entonces era un multimedia de hoy), le entregaron a Videla un álbum con las ediciones de El Gráfico. Y sobre la propaganda pro Guerra de Malvinas de la revista.
"No soy un héroe", sostiene. "Me invitaron y no me negué a ir a la Casa de Gobierno, lo tomé como un hecho protocolar que habíamos hecho con Alfonsín. Hoy no lo haría". En el mismo tono se refiere a Malvinas cuando dice: "Por lo único que lamento no haber contado con redes 40 años antes es por esto, solo nos informábamos con los mismos medios de ahora, también con intereses ideológicos y políticos, era lo único que había".
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Cuenta, conversa, recuerda, analiza y se autocritica este hombre de 83 años, descendiente de rumanos, polacos y rusos, que no habla ninguna de esas lenguas; sí italiano e inglés. Nacido en Montevideo, se siente argentino y no se quedó en el pasado porque también analiza el presente en una nota que, fiel a su estilo, no será breve y cerrará con su propia pregunta.
Usted fue contemporáneo de Fioravanti, de Apo padre, de Bonadeo padre y de Borocotó padre. ¿Qué fueron ellos para usted?
Maestros del periodismo y sumaría a Osvaldo Ardizzone y a Julio César Pasquato, Juvenal.
¿Por qué maestos?
Porque explicaban todo lo que sabían y solo enseñaban todo lo que eran. Ellos me enseñaron la profesión y eso no ocurre ahora. El periodismo está en agonía y la pandemia le dio un golpe mortal a la profesión, que empezó a trabajarse más desde la casa, de manera aislada. El periodismo es básicamente contertulio, convivencia, consenso, discusión, consulta, preguntarle al compañero qué adjetivo acompaña mejor a un sustantivo. Hoy el individualismo ni siquiera da independencia porque a los redactores les bajan línea sobre lo que deben escribir y callar. Todo esto acompañado por un momento histórico, donde cerró Deportes del New York Times, para mí un funeral del periodismo deportivo: la cancelación de opiniones, interpretaciones, criticas, columnas, cero de discernimiento individual. Minga de fijar posiciones, viva el entretenimiento, las apuestas y los debates en abstracto, la nada. Pero además, todo esto en un momento en que la prensa dejó de pertenecer a dinastías familiares que vivían de la recaudación publicitaria y la recaudación de la venta de ejemplares en los kioscos. Tenían intereses que conocíamos: eran agropecuarios y si eran antiperonistas, había que moderar las coberturas, ir a cubrir notas a la Rural, pero se apostaba a la credibilidad. Hoy no se sabe quiénes son los dueños de la mayoría de los medios: si japoneses, bangladesíes o árabes. En Inglaterra hay más medios y propiedades árabes que ingleses y los intereses se concentraron y hacen al periodismo cada vez más impracticable y asfixiante.
En esa época se trabajaba con saco y corbata y zapatos. Un colega suyo me confesó que usted en El Gráfico era como "Gardel", la "mejor pluma" y que una vez, cuando él tenía 20 años, usted era su jefe y le pidió que se corte la barba, él se negó y usted no tomó represalias. Dice que usted envejeció bien porque "sabe escuchar" algo difícil en los periodistas, quienes tenemos mucho ego.
¿Quién le contó eso?
Ezequiel Fernández Moores.
¡Ezequiel!, es muy generoso. Sí, no me acordaba de eso, pero es cierto y claro que no tomé represalias, aunque teníamos un concepto imbécil de la estética en un templo como El Gráfico, donde los jefes y editores éramos los sacerdotes. Cómo sería que en la puerta había un conserje de uniforme gris, que sabía todo, hasta nos miraba el brillo de los zapatos y el cuello de la camisa y nos decía "está un poco arrugada esta camisa". Tremendo alcahuetón que medía cómo estabas en la empresa: si te trataba bien y te abría la puerta del ascensor indicaba que como empleado estabas en un momento extraordinario en la empresa, si apenas te saludaba tenías que dudar de tu futuro.
Usted rompiendo con una regla del periodista deportivo siempre dijo que es hincha de San Lorenzo, sin embargo no visibilizó su nombre al firmar sus notas y usaba el apodo de "Robinson". ¿Por qué?
Porque siendo prosecretario de Redacción de El Gráfico y comentarista de boxeo me fui en 1968 a cubrir una pelea de Ringo a Alemania, y allí me hicieron una oferta en una radio que triplicaba mi sueldo y me permitían trabajar en cualquier medio que no fuera radio. Agarré viaje, entré en Deportes de Peñaflor y me fui de El Gráfico. En el 70 me quedé sin trabajo porque Peñaflor, por un estudio de marketing, comprobó que quien compraba el vino para la mesa familiar era la mujer y entonces había que hacer notas femeninas, telenovelas y chau deporte. Me quedé en banda. Mis compañeros me decían por qué no volvía. En esa época si te ibas de El Grafico no podías volver, pero un gran maestro, Carlos Fontanarrosa, que me enseñó todo en cuanto a diseño y edición de revistas, quería que vuelva y le insistió a Vigil que decía: 'Cherquis no vuelve". Volví y cuando llevaba más de dos semanas sin firmar mi compañero Héctor Vega Onesime, sabiendo mi simpatía por el padre del boxeo antes de Alí, Sugar Ray Robinson, me bautizó Robinson. O sea no había vuelto el que se fue sino otro periodista.
Si le digo "16 de enero de 2018" (cierre de El Gráfico), ¿ qué me dice?
Le digo que El Gráfico para mí había muerto mucho antes, en 1991, el día que vi en las páginas interiores a Maradona arrestado por la policía, en un departamento en Caballito, después de una redada. Cuando vi a nuestro héroe, barbudo, esposado y fotografiado hacia un móvil policial me dije: 'Qué pena que nos hayamos olvidado de quién es nuestro lector'. La primera obligación de un director, un jefe de Redacción y un editor es saber a quién está destinado su producto. El lector de El Gráfico no desconoce que Maradona fue detenido por drogas y si lo ve en Gente, que era de la misma editorial, en La Capital o Clarín lo admite; pero en El Gráfico no podía admitirlo, la revista tenía un compromiso y era el de no meterse con la vida privada de sus protagonistas y ser indulgente con quienes nos habían dado páginas de épica. Y ese día se traicionó la privacidad de Maradona y yo me dije: 'Muere El Gráfico o yo'. Preferí que muriera para la revista con el filo de una navaja y yo pudiera seguir contando. No obstante nos reunimos varios a celebrar los supuestos cien años, el 29 de mayo de 2019.
¿El femicidio de Monzón también fue meterse con la vida privada del ídolo?
Siempre dije que los boxeadores no son ejemplo de nada y Monzón tenía más instinto animal que racionalidad, y a favor de ese instinto se defendía mal y para mí llevó a cabo un acto lejos de su intención y voluntad al matar a Alicia Muñiz. Creo que no todos los femicidas tuvieron la vida violenta y difícil de Monzón. Hablo del mejor campeón mundial de la Argentina que en su infancia compartió pobreza extrema en una casa de piso de tierra apisonada y techo de lona y cartón que se inundaba, que cazaba y pescaba para comer, que convivía con siete hermanos que habían nacido todos en condiciones muy precarias con una comadre, un pibe que sufrió raquitismo, una fístula anal y debilidad en el metacarpiano de las dos manos. Fue un hombre violento con una vida violenta, una víctima que se llevó puesta a otra víctima y pagó con la cárcel.
¿Yo me equivoqué y pagué?
Exactamente. Podría decirte que fue un asesino y un femicida, como lo comprobó la Justicia, y sería la frase más cómoda, pero no puedo dejar de decir todo lo demás.
Leí que usted empezó ordenando fotos en el archivo y por años hizo coberturas pequeñas, corrigió notas los domingos, páginas y todo por menos de diez dólares. ¿Parece una película que un empleado así haya llegado a director? ¿Cómo logró eso?
Era la Argentina de entonces. Muchos directores antes que yo hicieron grande a El Grafico y todos provinieron de hogares proletarios: ningún médico ni intelectual. Borocotó, el legítimo y uno de los más ilustres de la revista, era chofer del fundador de la empresa, Constancio Vigil. Y Ardizzone, cuyo verdadero apellido era Bramante, era un empleado administrativo de la empresa que terminó siendo un prosista y poeta increíble. Todos fuimos M'hijo el dotor, de Florencio Sánchez, hijos de inmigrantes y obreros. Comenzábamos separando fotos en el archivo donde estaba la vida de Fangio, de Firpo, de De Vicenzo. Leíamos mucho y no firmábamos notas hasta después de varios meses. Ahora está Google, errática y simplista: la usan todos los periodistas estrella. El archivo era muy distinto, era como una escribanía donde había que bucear y así hacíamos escuela en una Argentina abierta con oportunidades para todos los que querían avanzar en la vocación que habían descubierto y así llegábamos a jefes, secretarios y directores, no por un aviso de búsqueda de un Ceo.
Ahora sin redes sociales o creadores de contenidos, que no siempre son periodistas, parece que no se puede hacer periodismo.
Yo tengo una dualidad con eso, a veces me enorgullezco de no usar las redes y a veces me siento un poco en desventaja, de todos modos para mí las redes no marcan agenda y esto lo definió bien el semiólogo italiano Umberto Eco. Decía que las redes son 'como el estúpido del bar de barrio', ese que se acerca a la mesa donde estás tomando el café y opina espasmódicamente sobre todo: turf, fútbol, boxeo, automovilismo, para todo tiene argumentos. Asegura que tal equipo fue para atrás y vos le podés decir: 'Callate, te pago un café y dejá de decir pavadas' y se va hasta el otro día. Bueno, el 'estúpido del bar' es el usuario de redes sociales de hoy con la diferencia que sabés su nombre, conocés su rostro y donde lo encontrás. Al de las redes no lo conocemos, ni siquiera sabemos si existe. Fíjese que a Maradona lo conocimos en El Gráfico por las cartas de lectores, eran más que Twitter.
¿Cómo fue eso?
El Gráfico era federal y de arraigo latinoamericano, escribía gente de todo el país. Se leía en otros países como Colombia hasta un mes después de publicada. Los pasantes o periodistas iniciados que leían las cartas me advierten un día: 'Director, llegaron varias cartas por un pibe que deslumbra'. Yo descreído, pensando que podía ser una tía amorosa que había mandado las cartas, les dije: 'A ver, cuántas tenemos de ese pibe, no estamos para eso'. Me responden, '29 cartas'. Entonces hice revisar los sellos de la sucursal de donde provenían; unas venían de Capital, otras de Avellaneda, otras de Lanús..., unos decían que se llamaba Marandona, otros Marodonna y algunos Maradona. La cacofonía era inconfundible, terminaba en 'dona'. Mandé a un compañero cronista a verlo jugar, volvió y me dijo 'estamos ante un fenómemo'. Y así fue que le hicimos la primera nota a sus 15 años.
¿Las mujeres tenían lugares nulos en las redacciones, no?
No en El Gráfico y ese es uno de mis orgullos. Ya en los 70 a mí me parecía bien incorporar la visión femenina, out sport, más personal e intimista y sin compromiso con presidentes de clubes, federaciones y asociaciones. La primera fue Eglis Giovanelli; luego Cristina Castello, que compartíamos con Gente y hacía entrevistas maravillosas. Luego ingresó Alejandra Vecco y creció por otro camino y terminó como directora de Billiken. Y en BCC llevé a Norma Bailon como columnista de tenis, y en radio Rivadavia también estaban Paula Genoud y Paola Proccacini, productoras primero que luego hicieron micrófono.
¿Por qué cree que hay apertura en cuestiones de género, pero aún muchos futbolistas se niegan a salir del closet, no así las chicas?
Hay cierta apertura, más en Europa que acá, y más en otros deportes que en el fútbol, que aún es muy machista, conservador y muy discriminador. En mi época nos llamaba la atención los homosexuales y hacíamos chistes ruinosos, como cuando le dije a Monzón -antes de la pelea con Griffith y tras la muerte de Paret-: 'no se te vaya a ocurrir decirle maricón porque te mata'.
Cuente cómo pasó a fines de los 90 de ser un feroz crítico de Grondona a su vocero en la AFA.
Lamento no haberlo hecho antes a ese paso, porque aprendí mucho de Julio. Fui muy crítico en la Oral Deportiva porque entendí que el fútbol estaba mal vendido por lo tanto los clubes recibían menos dinero por un espectáculo bien negociado con los 300 cables del país. Yo me metía con el negocio y el monopolio, no con él.
Bueno, le dijo "mafioso".
Sí pero nos conocíamos desde siempre, desde cuando él empezaba como dirigente y luego le pedí disculpas. Él era muy sabio. Tenía un negocio heredado de su padre en Avellaneda y como en el negocio los clientes se peleaban (los de Racing versus los de Independiente), él fundó un club para que se unan familiares y clientes de los dos clubes, y así nace Arsenal con los colores de ambos y con tres teléfonos.
¿Cómo con tres teléfonos?
Lo mismo le pregunté yo. Y me dijo: 'Lo primero que hice fue la confitería y como éramos un club social y deportivo, me dieron tres líneas, metí a los quinieleros y con la plata que me daban por levantar quiniela hicimos la cancha'" (Imita la voz de Grondona).
¿Pero al final, cómo se amigaron tras las críticas?
Una noche de 2006, cuando se había ido Pekerman, me preguntaron en la CNN quién creía que iba a ser el próximo técnico. Yo dije, seguro, Alfio Basile porque sabía que Grondona elegía por el momento, el liderazgo y la trayectoria. Y el Coco estaba ganando todo en Boca, se había perdido el Mundial por el doping de Diego y cumplía con las otras dos condiciones. Basile me dijo de todo y yo le hice una apuesta y le dije: 'Si te da la selección me nombrás agente de prensa'. Otra noche estaba en el restaurante La Raya y cayó Grondona que sabía de la apuesta. No fue casual, quería tener un cara a cara conmigo y no contradecir al técnico. Volvemos a discutir el tema del negocio de los cables hasta las 3 de la madrugada. Recuerdo que la mujer llamaba preocupada, porque Grondona nunca llegaba tarde a su casa, era un tipo valorado para un secuestro y no llevaba custodia. Y en un momento, yo estaba medio escabiado, pero me animé y le dije: 'Julio te están robando'. Y me contestó: 'No, estás equivocado' (vuelve a imitar la voz de Grondona). Le insistí: 'Hay más cables de lo que te dicen y más abonados y se cobra más caro también, mandá a auditar'. Era el 2007, y nosotros dos viejos discutiendo, que finalmente se amigaron. Nada fue rápido después, Julio se tomó su tiempo. En 2008 yo estaba sin laburo y le pregunté si me iba a nombrar, y me dijo, 'después de la asamblea, si me reeligen'. Lo reeligieron y me nombró.
Sus pares lo criticaron mucho
Puede ser, pero en realidad no trabajo donde quiero sino donde puedo, y sabía que estaría bien con Coco, me pidieron que creara un departamento nuevo de comunicación, donde también nombré a mujeres periodistas. Estuvimos bien hasta la muerte de Julio, que era un tipo bravo, pero no tan jodido como Macri.
¿Por qué dice que Macri fue más bravo?
Porque me hizo echar tres veces, de Tribuna Caliente, de Polémica en el Bar y de América TV. Él apostaba a las sociedades anónimas y yo me oponía. Tuvimos dos juicios, la Justicia me dio la razón, pero me quedé igual sin laburo. Cuando llegó a ser presidente con el honor del voto popular, luego de ser Jefe de Gobierno y Presidente de AFA, ¿cuál fue su primera decisión? Intervino la AFA en 2016 y echó a un viejo como yo, en ese momento de 76 años.
¿El fútbol debe ser para Todos?
Totalmente. O cuanto menos hay que repensar que si hay 14 partidos tenemos que darle a la gente algo para que reciba gratificaciones de algo que tanto le gusta.
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¿Pero debe cobrarse publicidad o no?
Si hubiera ley de medios se podría hacer un sistema mixto, lo que no se puede de ningún modo es secuestrar goles y obligar a pagar por los eventos que se transmiten todo el tiempo. Esto es lo injusto, pero hay cosas más graves para la ley de la prensa: subsidiariamente este sistema le quita opinión al periodismo deportivo de la televisión. Todos los maestros que le nombré al principio de esta nota hoy no podrían opinar ni analizar como lo hacían. Hoy no se habla de los arbitrajes, de la manipulación de resultados, del VAR, y como si fuera poco, los principales sponsors son las casas de apuestas y los periodistas entretenedores. Total ya tenemos cubierta la tarde de la pantalla con el fútbol europeo, con México tenemos la noche, con Latinoamérica tenemos noche y tarde: nos falta el uso horario de la mañana, se comprará el fútbol de China y Japón, me imagino, y luego se meterán tres noticieros y todos estos muchachos panelistas que creen que hacen periodismo y debaten quedarán de lado. Hacen como que debaten, pero tienen detrás un productor que ni siquiera sabe de deportes, que solo les dice 'no podes hablar de Racing', 'no podés hablar de Boca', 'no podés hablar de la Liga, de la Fifa y de Commebol', porque se les compraron los derechos y encima hay dos cadenas a las que hay que pagar (Fox y ESPN) donde una cancela los partidos de la otra, solo transmite los partidos propios. Todo es una farsa y se vulnera la ley de información.
¿Para usted cuál es la diferencia entre los dos más grandes que dio el fútbol argentino?
Maradona, como Alí, fueron deportistas irremplazables porque dijeron lo que otros no y enfrentaron al poder. Diego se plantó ante el poder y del mismo modo Alí se había negado ir a Vietnam. Interpelaba a los norteamericanos blancos con poder del boxeo al decir: '¿por qué voy a matar a vietnamitas si es un pueblo que no me hizo nada, ellos no me echan de un bar, no me desprecian, no abusan de mi madre y hermanas'. Pero Messi es otra cosa. Hoy es el más influyente del fútbol mundial, el que puede hacer lo que quiera en Fifa, Conmebol, y en el fútbol de Estados Unidos, y la historia lo pone en lo alto en un momento especial, en que todos querían que fuera campeón porque se lo merecía. Messi fue criado y cultivado en el poder, Maradona desafió al poder y por eso se lo rechazó y odió, fue bueno para muchos que a Diego le encontraran doping en un Mundial.
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Para cerrar la charla le voy a robar una pregunta que le hizo usted a Ali, hace 43 años.
¿Cuál?
En toda nuestra charla, ¿no me ha mentido en nada?
No. A mi edad es imperdonable mentir, quédese tranquila, le aseguro que no le mentí en nada, no tuve necesidad de hacerlo.