Central necesitaba un resultado que le diera la derecha, que fue lo que finalmente consiguió, y lo hizo con la banda izquierda como bandera, quizá el sector donde más sufrió en los primeros minutos del primer tiempo, pero que a la larga terminó siendo determinante.
¿Por qué? Porque porque por allí Agustín Sández encontró el traje de batallador inclaudicable y porque Jaminton Campaz, más allá de su discontinuidad en el juego, participó en la mayoría de las jugadas de riesgo que generó el Canalla en este gran triunfo sobre uno de los grandes protagonistas de la Liga Profesional.
Cuando Central no hacía pie en el segundo tiempo, en esos primeros 20 minutos en los que Atlético manejó más y mejor la pelota, Sández recibió un fuerte golpe en el pie izquierdo, alertó al banco de suplentes y pareció estar cerca de salir. Incluso, Barbieri le dijo que se tirara al piso para pedir asistencia, pero el lateral por izquierda optó por seguir. Y de ahí en más le puso las ganas de siempre y más también. Por eso su figura se potenció, porque en medio de la apatía futbolística su ímpetu era cuanto menos un contagio hacia el resto.
No la pasó del todo bien en el inicio del partido, sobre todo cuando Renzo Tesuri se adelantaba por ese sector, pero de repente se acomodó, que fue justo el momento en que Central empezó a marcarle diferencias desde el juego al Decano.
Una vez afianzado en la marca, se animó a trepar y a formar tándem con Campaz. A los 34’ metió una gran asistencia para Jonatan Gómez, quien no pudo darle de lleno de cara al arco. Pero la verdadera contracción al trabajo la mostró en el complemento, con ese batallar incesante en cada pelota. Hubiese sido un enorme premio para el partido que había hecho si hubiera definido en esa jugada en el final del encuentro. Pero le quedó para la derecha y su remate terminó siendo débil.
Y cuando se destaca lo de la banda izquierda es necesaria la mención a Campaz, quien tuvo un partido raro, porque se lo vio discontinuo, por momentos enemistado con el balón, pero que participó en varias de las situaciones de riesgo que generó el Canalla. Todavía se lo extraña porque no es el Campaz de otros tiempos, pero está claro que cuando se activa es uno de los jugadores más desequilibrantes del equipo.
A los 4’ fue el colombiano quien llegó al fondo y metió un centro envenenado al primer palo que Copetti alcanzó a conectar, pero sin dirección. Fue él también quien a los 34’ sacó un sablazo desde la izquierda que Durso se vio obligado a despejar con los puños.
Una acción similar se dio a los 16’ del complemento y cuando Lovera iba a ingresar parecía que era por Campaz, pero no (quien dejó la cancha fue Malcorra). Cinco minutos después de ese cambio el tumaqueño la puso con firmeza al segundo palo para la entrada de Giaccone, pero al Laucha le faltó un número más de botín. Y de ahí hasta el final fue el diablo de otros tiempos por esa banda izquierda en la que también se movió Sández.