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El rey con corona

Mayweather le ganó claramente a Pacquiao y estiró su palmarés a 48 victorias en otras tantas peleas

Lunes 04 de Mayo de 2015

No es querido, pero es invencible. Floyd Mayweather confirmó en la madrugada de ayer que es el gran boxeador de su generación con un indiscutible triunfo ante Manny Pacquiao en un combate que le da tantos millones como razones para escribir su nombre en los libros de historia.
  El verdugo por duplicado del santafesino Marcos Maidana se impuso en fallo unánime de los jurados. Dos de ellos lo vieron ganar por 116 a 112 y el otro exageró con un ampuloso y poco riguroso 118 a 110.
  “No, no”, le dijo a su rival en pleno ring, en el séptimo asalto, en una clara muestra de que él manda tanto adentro como afuera del cuadrilátero, donde las acusaciones de violencia de género ensucian un palmarés inmaculado que trepó a 48 victorias en otras tantas peleas profesionales.
  No será la mejor persona y la violencia contra sus parejas lo sitúan, de hecho, entre las malas, pero eso no importa en el boxeo, que no resiste ningún juicio ético.
  Presume de ser el deportista que más dinero gana y lo es. Sólo el sábado embolsó al menos 180 millones de dólares. Presume de ser el más inteligente y lo es. Lo volvió a demostrar ante 16.500 espectadores abiertamente hostiles y ante millones en todo el mundo.
  Entró al ring último, como mandaba el contrato, acompañado de Justin Bieber, el cantante canadiense que, como el boxeador, acumula tanto amor como odio. Dos iconos, dos símbolos de la sociedad del año 2015 para bien o para mal.
  “Soy un boxeador calculador. Fui más inteligente”, se autoconfirmó tras 36 minutos de pelea que no le dejaron demasiadas heridas. La superioridad fue tal que parece imposible pensar en que haya un Mayweather-Pacquiao II en septiembre, cuando tendrá lugar la última pelea profesional del estadounidense con 38 años.
  Mayweather presume de muchas cosas, pero ahora que se acerca el final de su carrera está especialmente orgulloso de que su cerebro esté intacto. Su criticada estrategia defensiva le ha permitido alargar la carrera durante 19 años, ganar mucho dinero y evitar en el futuro el daño que otros púgiles sufren.
  “Tras estar en el deporte durante 19 años lo principal es que voy a poder dejarlo y tener todavía una mente ágil. No tuve grandes batallas, que es algo que afecta el cuerpo”, afirmó orgulloso esta semana en Las Vegas, adonde volverá en cuatro meses para dejar el ring con un 49-0, igual que el mítico Rocky Marciano.
  “Si continúa, tarde o temprano perderá”, dijo esta semana su padre y entrenador, Floyd Sr., y el hijo va a hacerle caso. “Tengo ya casi 40 años, estuve en el deporte 19 años y fui campeón 18 años, me siento muy agradecido”, afirmó ayer.
  “No lo voy a echar de menos. Ya no es lo mismo, ya no siento pasión y amor por el boxeo”, dijo sincero en la medianoche de Las Vegas, sobre un ring deshabitado y ante las tribunas ya vacías del MGM Grand.
  Pocos minutos antes se había subido a las cuerdas para celebrar y reivindicarse, como lo hizo luego antes los medios. “Ahora se tienen que comer las palabras”, lanzó ante los aplausos de su tropa.
  Nadie le puede achacar ni siquiera una derrota. La última -muy controvertida- fue en las semifinales de los Juegos Olímpicos de Atlanta 1996, antes de ser profesional, antes de convertirse en Money Mayweather. En 2015 y tras lo que embolsó en la pelea repetirá como deportista mejor pago de la lista de la revista Forbes.
  Esta semana se jactó de haber ganado 11 millones en 48 horas gracias a “inversiones inteligentes”. Es prepotente y engreído, pero al parecer con motivos.
  “Si ganamos ayudaremos al boxeo con una una labor social”, había dicho Freddie Roach, el entrenador de Pacquiao, la víspera de una pelea que él mismo presentó como el bien contra el mal.
  Mayweather, que aseguró ser tan buena persona como el ídolo nacional filipino Pacquiao, pasó en junio de 2012 dos meses en la cárcel por violencia de género contra la madre de tres de sus cuatro hijos. Un diario estadounidense lo definió hace años como “el mayor imbécil del deporte”. “La gente paga por ver al chico malo”, dice, aceptando el papel.
  Sólo es ejemplar dentro de un cuadrilátero, el lugar en el que es el más inteligente, y por el momento es invencible.

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