La última imagen de la nueva final perdida por Central fue la de un equipo que increíblemente dejó pasar la oportunidad por errores propios. Con el partido 3-2 a favor todo parecía encaminado –ahora sí– a sacarse la espina y poder dar la demorada vuelta olímpica. Así, la labor de Patricio Loustau quedó en un segundo plano y no se pudo poner a la altura de la anterior definición cuando la actuación de Diego Ceballos sí fue decisiva. Aquella noche de principios de noviembre, también en el Mario Kempes, fue definida en exclusiva por las malas decisiones de Ceballos, ayudado por el línea Marcelo Aumente. En el primer tiempo vio un offside imposible de Larrondo cuando Ruben había convertido un golazo de cabeza y en el complemento cobró un penal insólito por falta de Ferrari a Peruzzi, claramente afuera del área y que terminó en el primer gol xeneize, de Lodeiro desde los doce pasos. Para completarla, en el final Aumente sí habilitó el segundo gol de Chávez, tan adelantado como Larrondo antes. Los dos penales cobrados por Loustau y el que no dio a Teo al comienzo revivieron ese clima, aunque igual Central estaba para ganarlo.
























