Rusia 2018

El metro de Moscú, un palacio subterráneo

Es uno de los principales atractivos de la ciudad y, por su inmensidad, también una buena propuesta para viajar

Sábado 07 de Julio de 2018

Moscú tiene tantos encantos y recovecos que convocan a entrometerse en su historia. Tan grande como un continente, un buen atajo para disfrutar de su inmensidad es tomar un subte. Puede sonar extraño, pero realmente en Moscú merece en serio pasar gran parte de un día bajo tierra. Incluso hasta se pueden ver los partidos del Mundial cómodamente sentados y sin que nadie moleste, ya que viajar en un metro moscovita se parece bastante a visitar un palacio subterráneo.

La red del metro cuenta con 12 líneas y casi 200 estaciones, muchas de ellas son obras de arte por su arquitectura y decoración. La mayoría son consideradas patrimonio cultural debido a que las columnas, lámparas, forjados y murales son más propios de un museo que de un transporte público. Aunque no todo es tan divino y perfecto. Hay un detalle que llama la atención para una ciudad cosmopolita: todas las direcciones están en alfabeto cirílico. Por eso las consultas al paso a la hora de manejarse suelen concluir en fracaso. Es muy traumático manejarse en un lugar desconocido para nuestras usos y costumbres cuando muy poca gente habla inglés y mucho menos español. Por eso el visitante siempre es presa fácil para caer en algún momento del recorrido en confusiones. Sobre todo, a la hora de leer los nombres de las estaciones. Por ejemplo, Komsomolskya, Kiyevskaya, Arbatskaya, Slavyansky Bulvar o la famosa Plóshchad Revolutsii (Plaza de la Revolución), donde 76 figuras de bronce homenajean la cultura soviética, conforman un verdadero jeroglífico de difícil resolución. Todos esos nombres no les son indiferentes a los rusos. Es que el metro fue inaugurado en 1935, durante el mandato del dictador soviético Josef Stalin y la época de esplendor de la URSS sigue muy presente en los pasillos de las estaciones.

Cada viaje cuesta 30 rublos, poco más que un dólar, pero siempre conviene abonar la tarjeta de 300 rublos por 10 boletos. La Plaza Roja, el símbolo mayor de Rusia, fue el primer destino del paseo y estar ahí resultó un deleite para los ojos. Imposible no pensar en toda la historia de ese lugar que surgió como un mercado medieval, luego fue el símbolo del comunismo y hoy se convirtió en el escenario turístico por excelencia para los visitantes. Con sus 242 metros de fachada, una construcción se destaca en el panorama de la Plaza Roja: el edificio principal de los almacenes GUM, el centro comercial más caro y elegante de Rusia. Lo que diría Vladimir Lenin, el revolucionario ruso, si se levantara de la tumba y viera que enfrente de su mausoleo se encuentra la tienda de la sofisticada marca Louis Vuitton. Al costado, bien amurallado, se ve el Kremlin. Aunque la gran atracción del centro histórico es la colorida catedral de San Basilio, erigida en honor al visionario que le dijo a Iván el Terrible que Rusia se liberara de los tártaros.

En muchos casos los nombres de las calles no están a la vista y sólo las avenidas de mayor tránsito poseen carteles nominales, a buena altura y en el idioma propio.

En esta ciudad el peatón es menos que el conductor. Para cruzar la calle se impone tener la misma velocidad que Usain Bolt para bajar récords. Es que en Moscú, hasta los que manejan trolebús son generosos para pisar el acelerador.

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