Ovación

El dolor de todos y el dolor propio

La emoción y el dolor por Maradona eclipsó todo, en Arroyito y el mundo. En ese contexto un Central de buenas intenciones quedó afuera de la pelea por el título

Lunes 30 de Noviembre de 2020

Cuánto significó Diego para el fútbol, que su desaparición física hizo que el fútbol propiamente dicho, el jugado en cada cancha del país y del mundo, pasó a un absoluto segundo plano. Es que Maradona era, es, será el fútbol en su máxima expresión, en su estado puro. Por eso la sensación de que el fútbol mismo murió, siguió de luto, real, palpable, hasta que el tiempo, sabio él, sepa curar esta herida inconmensurable y el mejor homenaje para el mejor de la historia sea simplemente seguir jugando, compitiendo con pasión por la gloria, sea cual sea. Anoche, aún en el vacío de público, el Gigante de Arroyito se llenó de intensa emoción, de dolor, con esa formación de los equipos como un 10, todos con la camiseta 10 de Argentina, en el relato de fondo del gol de Víctor Hugo, en el Maradó, Maradó del Potro Rodrigo, en el abrazo intenso del Kily González y Gallardo. Después sí llegó lo menos relevante, en Arroyito y en cualquier rectángulo de césped del planeta, que volverá a cobrar preponderancia con los días. Y que en el caso de Central fue el pronto, lógico, trunco final del primer sueño para este ciclo que se inició con todas las limitaciones que impuso un contexto extremadamente difícil, para todo el mundo y en especial para la realidad canalla. El 2 a 0 de River lo dejó para el premio consuelo de la Copa Sudamericana.

El dolor unánime del planeta fútbol se palpó anoche, aún en equipos antagónicos a los que representó como jugador Maradona. Mucho más para quienes fueron amigos suyos, como el técnico canalla, devastado por la noticia. Pero había que seguir y encarar las obligaciones. Y la que tenía Central, la de ganar o hasta no perder para seguir esperanzado en la pelea por el título hasta la última fecha, no la pudo cumplir.

Y no porque no lo haya intentado, no es que no haya sido ambicioso. No es que se sintiera inferior. Simplemente es que este Central hoy lo es respecto a River (y a Banfield), aún cuando Gallardo traiga un equipo alternativo pensando en la Libertadores. Nadie puede hacerse el distraído al respecto, o que lo tome de sorpresa. Un técnico haciendo sus primeras armas, varios jugadores también, ausencias de peso que la pandemia le dejó como la de Marco Ruben, una situación económica que se complejizó por idénticas razones y obligó a desarmar y a armar como se pudo. Un combo en definitiva que provocó este primer tropiezo, que aún en la bronca que provoque no debe enloquecer a nadie.

Esta realidad canalla, en este contexto, hubiera precisado de un torneo largo antes que esta copa que exige todo ya. Dos triunfos ante el mismo rival y tres derrotas condenaron su futuro, al menos en esta transición que es la Copa ahora denominada con justicia Diego Maradona. Pero excepto en la caída ante Banfield, frente al poderoso River siempre intentó estar a la altura. Que en su realidad, y más allá de las derrotas y la eliminación, no debe soslayarse.

Es que nadie en definitiva puede haberse ilusionado tanto como para sufrir una decepción equivalente. La razón, esa que a veces se ríe de cualquier pronóstico, esta vez se amoldó perfectamente a la realidad del equipo del Kily. Que mostró las buenas intenciones que pregonó su entrenador, pero que necesitó y no le fue suficiente el regreso de Rinaudo, que necesitó mucho más de los experimentados para potenciar a juveniles de buenas proyecciones, pero que también deja entrever que necesitó, y necesita, tiempo. Aunque en esta Copa ya no lo tenga.

Pero lo dicho, aún en lo importante que es esto para el pueblo canalla, que esta temprana eliminación seguro le dolió, no debe dejar de seguir sembrando y tal vez pueda aprovechar el otro grupo de este torneo para eso. Eso será lo que vendrá, lo que cobrará importancia. No es cierto que Central se quedó sin nada, es una circunstancia hoy, pero siempre habrá revancha. Otro dolor estuvo por encima de todo. El de la sensación de que después de Diego ya no hay más nada. Tampoco es cierto. Maradona nunca lo permitiría.

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