Ovación

El dilema del fútbol entre jugar bien y lindo

Los partidos de la Superliga reavivaron una discusión que divide a los pragmáticos de los estetas.

Viernes 14 de Septiembre de 2018

La biblioteca del fútbol tiene varios tomos sobre las formas. Jugar bien. Jugar lindo. O fallar en el intento de jugar. Componentes de un debate que no cesa. Que es recurrente. Pasional. Como todo lo que envuelve al argentino. Donde los métodos también forjan antagonismos. Polémica que por momentos pasa de lo semántico a lo filosófico, de la negación a la descalificación, y muy pocas veces por el respeto a lo diferente.

La cuestión reeditó preguntas y opiniones al respecto desde que se puso en marcha la Superliga. Donde lo visto en varios partidos distó mucho del entretenimiento pretendido. Sabido es que la sensación de disgusto se acentúa tras la disputa de una Copa del Mundo. Por contraste lo monótono activa las mejores imágenes grabadas en la memoria de la excelencia del juego.

Pero esa proximidad con un Mundial no permite a veces darse cuenta del verdadero nivel del fútbol doméstico, por lo que es común que la demanda supere las posibilidades de un futbolista o equipo. Más en un fútbol argentino donde la brecha entre los clubes que más tienen con el resto es cada vez mayor. Y con el agregado de que en lo que va de la Superliga, esos que más tienen tampoco lograron alcanzar un funcionamiento que invite a decir: "Juega bien".

Por eso el jugar bien o lindo es un dilema que recuperó vigencia.

Y para sostener esta diferencia bien vale citar la respuesta que dio hace unos meses el entrenador de River, Marcelo Gallardo, cuando le preguntaron si jugar bien es jugar lindo: "No lo sé. Tampoco quiero ser absoluto con una opinión. El fútbol da para opiniones diversas y cada cual defiende su postura. Lo que para vos puede ser atractivo para mí no lo es. A mí me gustan los equipos que se identifiquen con una forma. No sé que es jugar lindo. A mí me gusta decir jugamos bien o jugamos mal. Jugar bien se reúne en un montón de situaciones y matices del juego. Que haya una búsqueda que a mí me genere una buena visión. A mí me gusta atacar, pero respeto a quienes tienen una idea diferente. Me gusta que mis jugadores ataquen, pero que ataquen bien. A veces confundimos eso de jugar lindo con dar tres pases seguidos para atrás, tirar un caño, o un sombrero, cosas que son lindas para ver, pero que no son decisivas. Por eso digo que a mí me gusta jugar bien para ganar, que mis equipos vayan al frente. Es decir que adopto una postura, pero hay un montón de posturas para ganar, y cada cual elige la suya".

Y esto lo dice Gallardo, un entrenador que puede contar con los recursos necesarios porque conduce tácticamente a River, y para aquellos exigentes de la estética bien podría tener otra búsqueda, sin embargo el Muñeco camina por la calle de la efectividad.

Otra forma, igual conclusión

Pero más allá de los recursos disponibles, en 2009, Julio César Falcioni se encaminaba a salir campeón con Banfield, fiel a sus formas, sin embargo no se diferenciaba de lo que hoy asevera Gallardo. "No sé qué es jugar lindo. Yo sé lo que es jugar bien. No sé si lindo es tirar un caño o un sombrero, hacer dos pases o tocársela al compañero. Un equipo que juega bien tiene que ser sólido, equilibrado, generar sociedades, tener jugadores inteligentes", dijo el Emperador, que a su manera y con el aprovechamiento de las jugadas de pelota parada alcanzó una consagración histórica con el Taladro.

Hace poco el Pampa Biaggio respondió algunas críticas a su San Lorenzo con una exigencia: "Que me digan de una buena vez qué es jugar lindo. Porque si es como juega Barcelona o Bayern Munich, entonces que me digan qué equipo del fútbol argentino juega así".

El Patón Bauza también dijo no importarle si la forma en la que juega Central es considerada aburrida, dando su opinión también sobre este resurgimiento del debate.

Es innegable que la paridad existente en el fútbol argentino más la carencia de jugadores desequilibrantes, o los denominados "distintos", producen varios encuentros deslucidos. Pero también es real que la intensidad del disgusto o del placer del simpatizante está íntimamente vinculado al marcador final, porque las derrotas acentúan el hastío y las victorias potencian el fervor. Aunque muchos renieguen de esto, el resultado siempre actúa como conclusión, más allá de las segundas lecturas.

Un error de concepción

Y sin que se pretenda justificar algunos anodinos y paupérrimos partidos transcurridos porque son un dato incontrastable de la realidad, también es verdad que algunos cuestionamientos a las formas de juego parten del gusto personal de quien las formula y no desde el estilo que el entrenador ejecuta. Lo que provoca una distorsión. Porque el análisis debe basarse en lo que el técnico y su equipo buscan y no en lo que el crítico o comentarista quiere que hagan.

Esto va en concordancia con la observación que un técnico le formuló al sistema de puntuación que utilizan los medios de comunicación para calificar las actuaciones individuales, para referirse también a la relatividad que tiene lo de jugar bien, lindo o feo. "Si yo le pido al zaguero que cada pelota la reviente a cualquier lado y cumple con eso, ustedes seguramente le pondrán una nota baja, pero para mí jugó para diez. Para que sus notas tengan certeza deberían estar en la charla técnica, y eso nunca va a ocurrir", enfatizó risueño el entrenador.

Más allá de las diferentes corrientes de opinión, los entrenadores optan por esa definición de que jugar bien es el rendimiento colectivo que los jugadores consiguen de acuerdo a lo solicitado por cada técnico, y que se completa con un resultado favorable.

Por eso relativizan lo de "jugar lindo". Porque como decían los abuelos, "no es lindo lo que gusta sino lo que gusta es lindo".

De todas formas, la discusión continuará.

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