Su genealogía refuerza una realidad incontrastable. Las raíces también son
indelebles. Fernando Gamboa está hecho a la medida de Newell’s. Por eso en un par de días se
acomodó a su nueva función. No transitó ese período de adaptación que seguramente otro técnico
hubiera necesitado. Ya conocía cada recoveco del lugar que hoy ocupa. Todo le resultó familiar.
"Este club es mi casa de verdad. No es sanata barata.
Aunque boludos hay en todos lados. Cómo no va a ser mi casa si a los 13 años me fui a vivir a la
pensión de Newell’s. Pasaba una semana ahí y un día y medio en lo de mis padres. Las
enseñanzas que traía desde mi casa, después las afirmaba con la conducción encabezada por Jorge
Griffa. Newell’s me ayudó a formarme como jugador y como ser humano", repite mecánicamente
Gamboa.
En la entrevista a solas con Ovación hay un clima bien
futbolero. Se mezclan los temas. Una charla mano a mano con Gamboa es como una clase teórica. El
entrenador rojinegro ejemplifica con movimientos cada respuesta. Se siente cómodo con la ropa de
hábil declarante.
—¿Ya moldeaste al grupo de acuerdo a lo que
querés?
—Creo que sí porque mi mensaje fue claro desde un
primer momento. Nos encontramos con un grupo humano maravilloso.
—¿Esperabas alguna otra respuesta del plantel?
—No, sabía que este grupo estaba integrado por muy
buenas personas. No me sorprendió en absoluto.
—Este grupo es el mismo que algunos medios señalaron
como el principal promotor de la abrupta salida de Caruso Lombardi.
—Se dijeron muchas cosas, pero no soy de prejuzgar a
las personas. En la primera charla que tuve con el plantel le conté cómo le gustaba trabajar al
cuerpo técnico y para mí lo que pasó con el otro entrenador es tema terminado.
—¿Tampoco notaste que los jugadores te estudiaban en
los primeros días?
—No, porque el grupo sintió desde el primer día que
lo que decía era la pura verdad. A todos les hablé con el corazón. Todo se dio muy espontáneo. Si
uno es consecuente con sus actos, el tiempo de estudio se acorta considerablemente.
—¿Te generó dudas cómo iban a recibirte?
—Soy una persona muy convencida de lo que hace. Sabía
que no era lo mismo dirigir a las inferiores de Boca que hacerlo en primera división. Estamos
hablando de grupos humanos. Más de 30 personas que juegan al fútbol, pero cuando se terminan los
entrenamientos vuelven a su realidad. Un mundo que para algunos es perfecto, pero para otros es
complicado porque pueden tener problemas con su familia o en sus casas. El primer día les remarqué
que esto no era una entrega solamente de parte nuestra en lo futbolístico. Les dije que las puertas
también estaban abiertas por si alguno tiene problemas afuera del fútbol. Tienen total libertad
para plantearlo. Quiero que mis jugadores, como cualquier laburante, se levanten a la mañana y
vayan contentos a trabajar.
—También te encontraste con un escenario favorable
con relación a los refuerzos porque todos los jugadores que llegaron no fueron los que pidió Caruso
Lombardi.
—Sinceramente no sé los jugadores que pidió. Claro
que hubiera sido peor asumir con un plantel con muchos jugadores que llegaban de la mano del otro
entrenador. En cambio así, por lo menos tuve la posibilidad de sentarme con el presidente y
decirle, de acuerdo a mi pensamiento, en qué posiciones había que reforzar. Estoy muy conforme con
lo que tengo, en calidad y cantidad.
—¿Creés que ponés en riesgo el prestigio que ganaste
en tu etapa de jugador?
—No, el jugador de fútbol Fernando Andrés Gamboa se terminó. Ahora
arranca otra etapa. Soy un agradecido que Eduardo López me haya abierto las puertas para arrancar
con mi carrera como técnico en el club donde me formé y me crié. Esta vuelta es una bendición. No
fue algo buscado. l