Son de Newell’s y juegan en Newell’s. En futsal. También en la selección argentina. Y ya saben qué se siente al lograr una medalla como representantes nacionales, a la par de tener el orgullo de lucir la camiseta celeste y blanca. Ella, Lucía Rossi, fue subcampeona con el equipo femenino. El, Augusto Van de Casteele, gritó campeón con el masculino. Ambos tuvieron una inolvidable experiencia en los XXII Juegos Suramericanos que se disputaron hace una semana en Paraguay. Claro, crecieron en la gran escuela que es Rosario como proyección de deportistas, y si se relacionan con el fútbol mucho más. Además, tienen que ver con la Asociación Rosarina, obvio. Luli juega en la primera división leprosa que peleará por el título entre los 8 mejores. Augusto hoy es pieza clave del rojinegro en AFA pero actuó en los torneos locales y también jugó hasta la 7ª división rojinegra en fútbol de once. Los dos contaron sus vivencias en Ovación de Acá, como no podía ser de otra manera.
Luli tiene 17 años, pero ya es de selección mayor. Jugó en este torneo junto a chicas de hasta 25 y 30 años que tienen una gran experiencia que pesa en los partidos, aunque sin dudas ella no lo siente como perjudicial porque “con la pelota en los pies y el arco enfrente me olvido de todo”.
Tal vez jugó menos de lo que quería, pero como lo remarca, entró “en los 5 partidos” y si bien se quedó con ganas de gritar su gol, asistió “a Ana Ontiveros para el primero ante Bolivia, en el debut” de este seleccionado que se subió por primera vez al podio de una competencia internacional. “Vamos a ir por la medalla de oro en la próxima competencia, ya demostramos que Argentina tiene con qué, formamos una muy buena selección”.
También en el Sub 20
Venía de jugar con la selección argentina Sub 20 en la Copa América, donde se destacó y también obtuvo una medalla (de bronce, al lograr el 3º puesto), marcó 2 goles en el debut ante Perú, otros 2 frente a Bolivia y uno “inolvidable a Brasil”; aunque también tiene de recuerdo dos expulsiones: “La primera fue por doble amarilla ante Colombia, por protestar tanto, y la segunda al llegar tarde a disputar una pelota” y la otra roja la vio “con Brasil, me echaron mal porque me cobraron falta sin pelota y cuando reclamamos con el video se vio que no había sido infracción”, contó.
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En el Coloso. Luli y el Ogro son hinchas leprosos y juegan en los equipos de futsal.
Gentileza: Ignacio Anzoátegui
El Ogro, como le dicen a Augusto, también tuvo menor participación en una selección más consolidada pero actuó en los 5 partidos (por lo general hay cambios cada dos minutos si son muy intensos o cada 4’ cuando el juego es más pausado, siempre a reloj parado), y el recuerdo de una jugada en el debut ante Panamá fue “en la que hice un giro por izquierda, quedé mano a mano con el arquero y me la sacó justo”. Igual, lo importante fue “lucir la camiseta nacional, sumar minutos y crecer como parte del equipo”, señaló.
“Fue mi segunda convocatoria, aunque en la primera, en abril del año pasado, se suspendieron los partidos porque se había contagiado de Covid el técnico. Me sorprendió un poco este nuevo llamado, más allá de que venía de jugar la Copa Libertadores a préstamo en Barracas Central. Después volví para jugar un partido con Newell’s ante Racing y ya me quedé en el Cenard para entrenar con la selección desde el 1º de octubre”, repasó antes de contar cómo vivió el camino al título de la selección argentina, que llegó a 3,5 segundos del final, cuando Paraguay festejaba enloquecido en su propia cancha el 1-1 que le daba el título.
“En futsal siempre la expectativa está hasta el último segundo, aunque ya parecía difícil, pero jugamos bien el córner y Matías Edelstein (es el mejor, como jugador y como persona) le entró bárbaro desde afuera y fue el 2 a 1. Una locura, nos juntamos los 14 jugadores adentro de la cancha y festejamos como locos. Y lo mismo fue en la premiación, que se sumaron las chicas que también recibieron sus medallas”, repasó Augusto, que tiene 25 años. “Se me caían las lágrimas al recibir la medalla, fue una gran emoción”, repasó Luli.
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En Paraguay. Tras la premiación con medallas, los rosarinos se juntaron a festejar.
Las camisetas albicelestes que lucieron tuvieron el número 13 para Augusto (“coincidió con la que usé en la Libertadores para Barracas, pero la rojinegra con la que juego es la número 10, que me gusta más que la 9”) y la 14 para Lucía (“me tocó, en Newell’s juego con la 9, que me gusta más, pero también en el Sub 20 jugué con la 10”).
Claro que para llegar a formar parte de la selección argentina tuvieron un recorrido, y bien rosarino, en distintos torneos de la ARF y hasta en distintas disciplinas futbolísticas.
Lucía tuvo una gran ventaja y fue la de vivir al lado de la Asociación Cristiana de Jóvenes, ahí donde a los 8 años empezó a acompañar a su hermano (Agustín, hoy de 20 años, que juega en la 1ª de la Rosarina en Newell’s) y “me metía a jugar con él y sus amigos, no había equipos de chichas”. Se destacaba. Tanto que un día, hace más de cinco años, su abuelo Luis le confió a un amigo «la que juega fenómeno es Lucía» y el tiempo le dio la razón. Primero cuando después de mezclarse entre los varones en los torneos de Arofusa hasta los 12 años se fue al club de sus amores: “A los 15 empecé en Newell’s, en los torneos de la ARF”, y este año luciendo la camiseta rojinegra ya lleva convertidos 39 goles (el equipo marcó 119 en 27 partidos). En tanto, el año pasado también se dio el gusto de jugar en cancha de 11, a préstamo en el salaíto: “Fue una muy linda experiencia en Argentino, formamos un gran grupo y no ascendimos a la A de AFA porque perdimos la final por penales. Nos merecíamos el ascenso, sin dudas”.
Igual, le tira más el futsal: “Me gusta más, tenés más contacto con la pelota y creo que soy mejor que en cancha grande”, confió Lucía, que juega de ala por la derecha y es de atacar mucho, por eso marca muchos goles. Los que la conocen, saben que tiene una hermana gemela, igualita, “pero ella es muy buena en patín, como lo fue mi mamá (Silvina), ella de fútbol o futsal, nada”.
El petiso se convirtió en Ogro
Justamente, de pasado en fútbol de once jugadores, Augusto recuerda que “jugaba de 5 en las inferiores de Newell’s, lo hice hasta la 7ª división, cuando a un DT que jugó en primera se le ocurrió dejarme libre por petiso”. Y cómo serán las cosas, su estatura creció tanto que mide 1,85 y por eso juega de pivot en el futsal (empezó en el club Horizonte, donde gritó 45 goles, mientras empezaba sus estudios de ingeniero, que sigue para orgullo de Augusto padre y sus 4 hermanas), con un lomo que se la re banca y una potencia de disparo que lo llevó a ser el goleador histórico del futsal leproso actual: “Este año hice 20 goles de los 40 del equipo en AFA y con 64 superé la marca de Martín Solzi, que fue compañero cuando jugamos en Primera D y en la C, él ahora juega en Pinocho, también en la A de AFA, como Newell’s”.
Al ser jugadores de selección el futuro les abre caminos a grandes horizontes. Van de Casteele confía: “Cumplí un gran ciclo en Newell’s y tengo ofrecimientos para pasar a clubes de Buenos Aires y del exterior. Se me plantean lindos desafíos y me gustaría progresar, siempre pensando en seguir defendiendo la camiseta de la selección y más adelante regresar a Newell’s, sin dudas”.
Algo similar sucede con Rossi, con algo más de proyección por sus jóvenes 17 años y todas las miradas que concentra desde equipos de Buenos Aires y del exterior. Es que realmente juega muy bien y se luce: “Ojalá pueda seguir creciendo deportivamente, creo que ya pasé una hermosa etapa acá en Newell’s y espero más. Me encanta el futsal y para seguir como jugadora de selección me vendría bárbaro un salto a torneos de mayor trascendencia y competencia”.