Reflexiones: ¿Hay primaveras en Argentina?
Por Carlos Duclos. Quienes creen en la trascendencia de la sustancia
humana, no encuentran mejor pensamiento respecto de la muerte que aquel del filósofo griego que
enseñó: "Cuando la muerte se precipita sobre el hombre, la parte mortal se extingue, pero el
principio inmortal se retira y se aleja sano y salvo".
21 de septiembre 2008 · 01:00hs
Quienes creen en la trascendencia de la sustancia humana, no encuentran mejor
pensamiento respecto de la muerte que aquel del filósofo griego que enseñó: "Cuando la muerte se
precipita sobre el hombre, la parte mortal se extingue, pero el principio inmortal se retira y se
aleja sano y salvo". Sin embargo, suele ser difícil para aquellos que permanecen en el orden
temporal aceptar el dogma y doblegar la pena. La muerte, para las personas y para los pueblos,
suele ser un golpe duro. Es más duro aún cuando la extinción de la vida recae sobre figuras que aún
hubieran podido dar mucho de sí, y se multiplica la tristeza cuando el último viaje no es parte del
orden natural de las cosas, sino que es consecuencia de un execrable acto de barbarie.
El martes 25 de septiembre de 1973, en la mesa de un bar rosarino un grupo de
jóvenes, hijos de obreros, consustanciados con el destino político de la Patria y de los
trabajadores, que hurgaban en los tratados fórmulas que reflejaran una salida pacífica para la
humillación histórica a la que habían sido sometidos sus padres asistieron pasmados, junto con
todos los argentinos de buena voluntad, a la noticia del día: una mano artera, inescrupulosa y
asesina, terminaba con la vida de José Ignacio Rucci, líder de la Confederación General del
Trabajo. La noticia llegó a la mesa como un rayo: "Rucci fue asesinado cuando salía de su casa,
luego de acabada una reunión que había tenido con un grupo de sindicalistas". Las palabras que se
escucharían poco después del presidente Perón presagiaban lo que vendría: "me cortaron las patas".
Podría decirse que los asesinos le dispararon al presidente y jefe del justicialismo de manera
indirecta, pero certera, hiriéndolo gravemente con un impacto en el corazón. Y aunque no se sepa, o
no quiera saberse por mezquindad o exceso de pasiones exacerbadas, los balazos dieron y siguen
dando en la sociedad argentina de buena voluntad, sin distinciones de colores políticos.
Aníbal Rucci, hijo del asesinado dirigente, ha expresado hace pocas horas en una
conversación con quien esto escribe, algunas palabras que se reproducen aquí a manera de homenaje a
un gremialista que bregó por un pacto social entre todos los sectores de la Patria, pero que fue
impedido por aquellos que nunca quisieron, ni querrán, la concordia entre los argentinos. Dice el
hijo del dirigente asesinado: "fue un ataque contra Perón. Hubo cuestiones políticas después del
asesinato de él y después de la muerte de Perón. Yo siempre digo que se preveía que, tarde o
temprano por su edad, Perón iba a fallecer. En cambio mi padre tenía cuarenta y nueve años, era un
hombre que tenía buena salud. Pero bueno, había que sacarlo del medio para llevar adelante los
proyectos antiperonistas y antinacionales que se llevaron a cabo después y que culminan con el
golpe de Estado y luego con un genocidio tan grande en la Argentina". Ante la pregunta sobre si la
familia adjudicó o responsabiliza a un sector específico el hecho, Rucci aclara: "A nadie, eso lo
tiene que hacer la justicia. La familia tiene esta oportunidad con la presentación de un libro de
investigación, como es Operación Traviata. Allí se hace una investigación exhaustiva y donde el
autor ha tenido entrevistas con actuantes vivos en la época del asesinato y sobretodo en
Montoneros. En los próximos días nos presentaremos como querellantes en la causa para que se
investigue en base a lo que dice el libro. Es un libro de investigación e imagino que el juez
competente en la causa tendrá que citar al autor para que el mismo de los nombres, ya que en el
libro expresa que hay dos personas que aún están vivas y participaron como autores del asesinato".
¿Se animará el magistrado?
Aníbal Rucci sostiene, como tantos otros dirigentes, que el asesinato de su
padre es de lesa humanidad, brinda diversos fundamentos para ello y reafirma: "El hecho fue de lesa
humanidad, lamento que a algunos no les caiga bien. Yo he leído que a Dante Gullo no le cae muy
bien, pero bueno esto lo determina la justicia y no un particular".
El jueves, en la CGT, habrá un acto bajo el lema "Justicia", en el que se pedirá
el esclarecimiento del crimen.
El hijo del líder cegetista es taxativo: "Quienes entiendan que no tiene que
haber justicia para todos que lo digan. Esto no es por venganza ni odios. Es una familia que busca
justicia, como todas las demás familias de desaparecidos y torturados".
Han pasado 35 años de aquel lamentable y repudiable asesinato, ¿podría afirmarse
acaso que hay primaveras en la Patria?
La verdad es que quien esto escribe, como tantos otros argentinos, siente que
Rucci sigue siendo asesinado a cada instante en un invierno oscuro. Y para tantas muertes que se
producen de una y otra forma en el corazón y en el alma humana no hay justicia. Que lo digan, si
no, los desocupados, los trabajadores y sus hijos.