Opinión

Policías, paradigmas, insectos

Decisión 2019. "Debemos elegir entre las fórmulas de un nuevo paradigma. Tomemos el poder formal para pactar con el poder real, que está afuera".

Viernes 14 de Junio de 2019

En la serie americana, clase B, el hombre está en la habitación del fondo del "precinto", la comisaría, la guardia. El policía más forzudo, con más bíceps y, acaso, algo de abdomen, le pega varios bofetones al acusado, todavía esposado. Después llega el otro policía, le quita las esposas, trae un vaso con agua, enciende un cigarrillo y se lo ofrece. Enciende uno para sí. Toma una silla, se sienta. Mueve la cabeza como reprochándose por la brutalidad de su compañero. Exhala el humo. Habla. "Conviene que confieses. Sabemos que lo hiciste, si nos ayudas será más fácil para todos". Sam no tiene buen carácter.

Dejemos de lado cualquier retahíla mojigata sobre la brutalidad policial y el viejo siglo. La escena pertenece a lo mas clásico del género. El policía malo y el policía bueno. Dos actitudes concurrentes a un mismo fin. Doblegar al detenido. Que confiese. Apuntan a un mismo fin.

En Argentina, con la policía nativa suele complicarse el relato, porque ambos univormados suelen pertenecer a diversas sectas de teléfonos pinchados, jueces torcidos y jugarretas de investigación confusas, de doble, triple destino.

Mejor las series: ganan los buenos, los menos malos. Los más simpáticos. "El crimen no paga", decía Dick Tracy que, se aclara: no era argentino. Ni latino.

En los binomios presidenciales están mal acomodadas las cargas pero, de modo ajeno a esa dificultad manifiesta sobre el peso específico de cada componente, se torna difícil entender el esquema: quién el bueno, quién el malo. Nuestras fórmulas no superan a un policial clase B.

Bienvenido siglo XXI

Resolvamos el tema con Wikipedia: "Qué es Paradigma: Como paradigma denominamos todo aquel modelo, patrón o ejemplo que debe seguirse en determinada situación. La palabra, como tal, proviene del griego parádeigma. En un sentido amplio, se refiere a una teoría o conjunto de teorías que sirve de modelo a seguir para resolver problemas o situaciones determinadas que se planteen. Sinónimos de paradigma son modelo, patrón, ejemplo, molde, ideal, así como canon, norma o regla".

La sociología, las ciencias blandas que se endurecían en el siglo pasado se ablandaron en este. No hay partido, democracia liberal, Estados teocráticos, pared de silencio, que resuelva el mercado mundial, las necesidades básicas, la intoxicación universal, la pobreza y el desequilibrio en nutrientes al cerebro. Estupidizados versus inteligencia común descansando en la inteligencia artificial y algoritmos sugiriendo qué consumir.

En los pequeños enclaves, como nuestra neocolonia con desarrollo capitalista dependiente, han cambiado los ejemplos a seguir, han aparecido paradigmas que aún no se terminan de confirmar pero ya condicionan el esquema de simulacro de poder formal.

No hay partidos políticos. No hay tradiciones, acaso traiciones pero ni eso. Es circunstancia. Coyuntura. Se busca el poder formal como un porcentaje del poder real. El paradigma en construcción es visible. Sólo se vive dentro del poder. "Debemos tomar el poder, conservemos el voto como un viejo puente que cruzar". El voto no debe impedir la circunstancia y esta, la coyuntura, es más valiosa que la proyección y los planes a largo alcance. No hay largo plazo. Somos actores momentáneos de una sociedad en default, que va a degradándose como el uranio: siempre un poco menos de radiación. No es de estilo refugiarse en citas de otros, pero saludamos a Jean Francois Lyotard, que hablaba de la estética y la política y refería (fue el primero) al posmodernismo y su choque con la condición humana. No hay traición en los sucesos. Hay acomodamientos. Como la naturaleza versus la polución.

La Walsh y su culpa

Atribuida a Esopo y reconstruida por La Fontaine y Samaniego (aún en las fábulas hay derechos de autor y plagios), la fábula dice: "Cantando la Cigarra pasó el verano entero. Sin hacer provisiones allá, para el invierno; los fríos la obligaron a guardar el silencio y a acogerse al abrigo de su estrecho aposento viose desproveída del preciso sustento: sin mosca, sin gusano, sin trigo, sin centeno. Habitaba la Hormiga allí tabique en medio, y con mil expresiones de atención y respeto la dijo: «Doña Hormiga, pues que en vuestro granero sobran las provisiones para vuestro alimento, prestad alguna cosa con que viva este invierno esta triste Cigarra que alegre en otro tiempo, nunca conoció el daño, nunca supo temerlo. No dudéis en prestarme; que fielmente prometo pagaros con ganancias, por el nombre que tengo». La codiciosa Hormiga respondió con denuedo, ocultando a la espalda las llaves del granero: «¡Yo prestar lo que gano con un trabajo inmenso! Dime, pues, holgazana, ¿Qué has hecho en el buen tiempo?» «Yo, dijo la Cigarra, a todo pasajero cantaba alegremente, sin cesar ni un momento.» «¡Hola! ¿con que cantabas cuando yo andaba al remo? Pues ahora, que yo como, baila, pese a tu cuerpo.» Hasta aquí Wikipedia.

María Elena Walsh da vuelta la fábula, reniega de la hormiga laboriosa que guarda provisiones para el invierno o el anticiclo y define las persecuciones por las sociedades que produjo el Partido Militar y los castigos y falta de justicia de esos años de plomo como los que sufre o sufrirá la cigarra que, pese a todo, en el verano siguiente volverá a cantar. La cigarra de Walsh es querible. Sufre porque quiere cantar. Para Walsh, que no sea previsora no tiene importancia. Era poeta, no tenía deberes con la gestión de la cosa pública. Argentina sigue los conceptos de María Elena ("Sin embargo estoy aquí, resucitando…").

La sumatoria no es optimista, pero debemos hacerla. Debemos elegir entre las fórmulas desparejas de un nuevo paradigma en formación: tomemos el poder formal para pactar con el poder real, que está afuera. Usemos los votos como la palanca necesaria.

Para inflación, desocupación y descapitalización alguien económicamente nos resucitará. Ahí el litio, Vaca Muerta, acuífero Guaraní, todas las vacas a la China. La soja era un yuyito. Hoy no.

Para la corrupción y el prevaricato el asunto es sencillo. Siempre aparecerá un policía bueno que nos convidará un cigarro.

"En la hora del naufragio y la de la oscuridad…". Reconsideremos. María Elena Walsh acaso quiso decirnos algo

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