Opinión

Muerte real, muerte digital

Drama. El suicidio de un adolescente luego de que lo acusaran por las redes de una falsa violación obliga a pensar en la recomposición de las relaciones.

Lunes 07 de Enero de 2019

Dlisconnect (2012) es una película norteamericana que retrata cómo las redes sociales han afectado el vínculo entre las personas. La trama está constituida por tres historias que se cruzan; Una de ellas, lo tiene como protagonista a Rich Boyd (Jason Bateman), un abogado adicto al trabajo y dependiente de su celular, y su esposa Lydia (Hope Davis) deben lidiar con el intento de suicidio de su hijo adolescente, Ben (Jonah Bobo), tras ser víctima de cyber-bullying por parte de dos compañeros de la escuela.

En la ciudad de Bariloche, el pasado 12 de diciembre de 2018, Agustín Muñoz de 18 años, pasó al acto y se suicidó después de que su mejor amiga le realizara un escrache en las redes sociales por una falsa violación. El joven se enteró del falso escrache cuando participaba de una marcha contra los abusos sexuales en su ciudad; entre los cánticos, escuchó a un grupo corear su nombre y acusarlo de haber violado a una menor de edad.

¿Cuánto hay de ficción en la película que narra el cyber-bulling a Ben cuando la realidad se hace presente con la noticia del suicidio de Agustín? La noticia del suicidio de Agustín que recorre por estos días los canales de televisión y las webs de la argentina, tiene como factor común algo que se viene gestando con celeridad y que asume formas complejas a la hora de abordarlo. El cyber escrache en las redes, los falsos perfiles y el linchamiento virtual, que es parte de una práctica que toma estado público en la redes y se viraliza como un virus letal. ¿Qué se esconde y que se juega en las redes sociales para determinar la vida o la muerte de una persona?

Silvia Castañeda, la madre de Agustín, al enterarse, escribió en su cuenta de Instagram "¡Ojo! Amigas, amigos y mujeres en general. Hoy una chica escrachó a mi hijo en Instagram por enojo y ahora no sabe cómo parar la bola. Jugar con esto es terrible. Es una burla hacia todas las víctimas de violación, abuso y vejaciones. Pedir perdón no alcanza".

Annie, la amiga y compañera de Agustín, que lo escrachó en las redes sin medir las consecuencias de su acto, emitió un mensaje tratando de subsanar su error "No puedo hacer más que pedir disculpas. De los errores se aprende y me las mandé posta. No supe ver el límite de esto", escribió. Pero su pedido de disculpas no se viralizó tanto como sí lo hizo su denuncia.

Después del suicidio, los papás de Agustín grabaron un video para que sea difundido en las redes sociales con el siguiente mensaje: "En nombre de todos los jóvenes y en especial de los compañeros de Agustín, de sus amigos, yo en calidad de madre, acompañada de su papá, les pido encarecidamente que cuidemos a nuestros chicos, porque no puede haber un Agustín más, tomemos conciencia como adultos".

La entereza de los padres de Agustín ante semejante perdida, nos expone como sociedad ante un fracaso en el dialogo con nuestros jóvenes, nos muestra la vulnerabilidad del adolescente, en su etapa de desarrollo y en la construcción de sus lazos, ya sean reales o digitales.

Byung Chul- Han, en su libro "En el Enjambre" (2013) hace mención a como las sociedades conectadas muestran una cara desoladora de las relaciones interpersonales, quizás, porque reflejan un alejamiento sentimental que lleva a muchxs a buscar refugio en la red, e intimar con desconocidos. Además menciona que hoy en día, reina una total falta de distancia, en la que la intimidad es expuesta públicamente y lo privado se hace público.

Las redes sociales se muestran como espacios de exposición de lo privado. Desde ese lugar, el filósofo se pregunta ¿Queda algún espacio de la esfera privada donde uno no sea ninguna imagen? En relación a esto, vale preguntarnos qué pasa con la virtualidad como fenómeno posmoderno en donde la vida misma se torna liviana o virtual, ¿puede una vida real desmoronarse, porque ya esta aniquilada la vida virtual?

El escrache en la redes es un arma de doble filo, porque así como en su momento fue un instrumento que utilizaron diversas agrupaciones de derechos humanos para hacer visible lo que no estaba visible en la sociedad, el cyber escrache, hoy en día, sin los protocolos adecuados y una organización de base que agrupe y de contenido al pedido, licúa de sentido la importancia del escrache como herramienta en nuestra sociedad.

Es necesario recomponer el dialogo con los jóvenes, sabiendo que desde la escuela y por medio de la educación en relación a las buenas prácticas en las redes sociales se puede empezar a trazar un camino distinto al que se plantea como solución.


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