Opinión

La gesta de los estudiantes

A 100 años de la Reforma Universitaria. Un grupo de jóvenes se rebeló contra las prácticas antidemocráticas de los grupos más conservadores y generó un proceso que se extendió por todos los países de América.

Miércoles 13 de Junio de 2018

"Desde hoy contamos para el país con una vergüenza menos y con una libertad más. Los dolores que quedan son las libertades que faltan. Creemos no equivocarnos, las resonancias del corazón nos lo advierten: estamos pisando sobre una revolución, estamos viviendo una hora americana".

15 de junio de 1918, la Universidad de Córdoba, la más tradicional de todo el país, renueva sus autoridades. Pese a una nueva normativa que buscaba limitar las prácticas antidemocráticas establecidas, los grupos más conservadores se aprestan a garantizar una elección fraudulenta para que nada cambie. Pero los estudiantes no estaban dispuestos a aceptar otro atropello; en forma violenta ocupan la sede universitaria, no permiten la proclamación del nuevo rector y lanzan una huelga avalada con más de mil firmas.

Este grupo de jóvenes iniciaba así un inmenso proceso que no solo se extendió con la fuerza de un huracán por todas las Universidades de nuestra América, sino que además puso en cuestión las estructuras sociales, políticas y económicas de los países de la región.

Eran tiempos de cambio, de apuestas audaces a construir otro futuro. Menos de un año antes, dirigidos por Lenin y el Partido Bolchevique, los Soviets de obreros, campesinos y soldados habían tomado el poder en Rusia y comenzado la construcción del socialismo. Un nuevo "fantasma" recorría el mundo inundando de esperanzas a los humillados del planeta y asustando a las clases dominantes. En nuestro país la Ley Sáenz Peña permitía un avance en la democratización de las prácticas políticas acompañando el creciente desarrollo de sectores medios, y los trabajadores avanzaban en la conformación de fuertes organizaciones sindicales dirigidas por corrientes socialistas, comunistas y anarquistas.

Unos días después de la toma de la Universidad, el 21 de junio, los estudiantes lanzan su proclama "a los hombres libres de Sudamérica". El texto, conocido como Manifiesto Liminar, es un brillante escrito político. Firmado por las autoridades de la Federación Universitaria de Córdoba pero atribuido a Deodoro Roca, sigue conmoviendo a quien se detenga a leerlo 100 años después. Sorprende la precisión de una escritura, la agudeza en el análisis de la realidad universitaria pero también de la sociedad toda, la mirada llena de audacia hacia el futuro y la convicción de estar haciendo historia: "En la Universidad Nacional de Córdoba y en toda la ciudad no se han presenciado desórdenes; se ha contemplado el nacimiento de una verdadera revolución que ha de agrupar bien pronto bajo su bandera a todos los hombres libres del continente".

Las denuncias son claras. Leyendo la historia nacional, los estudiantes cordobeses proponen acabar con una Universidad "atada a la antigua dominación monárquica y monástica" donde "los tiranos se habían ensorbecido y era necesario borrar para siempre el recuerdo de los contrarrevolucionarios de Mayo". Deploran que el saber y la verdadera enseñanza quedan afuera de los muros universitarios: "La ciencia, frente a estas casas mudas y cerradas, pasa silenciosa o entra mutilada y grotesca al servicio burocrático"; afirman que docentes que nada tienen de auténticos maestros hacen de sus cargos un espacio para sostener en forma vitalicia su poder y otros privilegios: "Las Universidades han sido hasta aquí el refugio secular de los mediocres, la renta de los ignorantes, la hospitalización segura de los inválidos y los que es peor, el lugar donde todas las formas de tiranizar y de insensibilizar hallaron la cátedra que las dictara"; denuncian también el "estrecho dogmatismo" y la "opresión clerical". Pero saben que el problema no está sólo en el interior de la casas de estudio: "Las Universidades han llegado a ser así fiel reflejo de sociedades decadentes que se empeñan en ofrecer el triste espectáculo de una inmovilidad senil".

Un siglo después de este Manifiesto no deja de sorprendernos la capacidad que tuvo para impactar en toda la región. Todas las Universidades de nuestra América se vieron sacudidas por la onda sísmica. Jóvenes de Santiago de Chile, de Lima, de San Pablo, de Quito, de Montevideo, de La Habana, de Caracas, de Bogotá y de tantas otras ciudades se levantaron en sus propias Universidades exigiendo cambios profundos con una democratización que pasara centralmente por la libertad de cátedra y la participación de los estudiantes en el gobierno universitario. De esta apuesta en común habla José Carlos Mariátegui desde Lima: "El anhelo de la reforma se presenta con idénticos caracteres en todas las universidades latinoamericanas. Los estudiantes de América Latina, aunque movidos a la lucha por protestas peculiares de su propia vida, parecen hablar el mismo lenguaje".

La reforma fue parte de un proceso de luchas por la transformación social bastante generalizado. Se apostaba con convicción a la organización colectiva: centro de estudiantes, sindicatos, partidos; y a las medidas de acción directa: ocupaciones, huelgas, movilizaciones callejeras. Clases medias y clase obrera en ascenso sacudían un status quo oligárquico y conservador. Las luchas por nuevos derechos para estudiantes y para obreros iban de la mano de reclamos por cambios políticos y sociales más profundos. Una sociedad sin explotación, de iguales, una sociedad a la que llamaban "socialismo" estaba en el horizonte de miles. La unidad obrero-estudiantil tuvo sus primeras expresiones masivas en el continente. La juventud, portadora de futuro por definición, era la gran protagonista.

No pretendemos hacer un balance de todo este proceso inmenso y diverso. Hubo logros significativos al interior de las Universidades y también en la vida política y la realidad social de nuestros países. Es evidente que no se pudo avanzar en los cambios de fondo que los jóvenes reformistas se propusieron. Una vez más las clases dominantes tuvieron la capacidad de ceder en varios aspectos para conservar su poder y buena parte de sus privilegios.

En 1918 los estudiantes de Córdoba tuvieron la capacidad y la audacia para generar un proceso que conmovió a todos los países de la región. 100 años después, en medio de la crisis educativa, política y social que sacude al continente, creemos que nos siguen convocando a buscar los caminos de las transformaciones que estamos necesitando para acabar con los "dolores que nos quedan" y lograr "las libertades que nos faltan".

Propietario: © Editorial Diario La Capital S.A. Inscripta en la Sección Estatutos del Registro Público de Comercio de Rosario al T° 80 F° 3602 N° 197 en fecha 19 de mayo de 1999. Director: Daniel Eduardo Vila. Dirección Nacional del Derecho de Autor (Registro de propiedad intelectual Nº 5354294). Prohibida toda reproducción total o parcial del contenido de este diario.

Dirección, redacción, comercial, circulación y administración: Sarmiento 763, Rosario, CP 2000, provincia de Santa Fe.

¿Te gustó la nota?

Dejanos tu comentario