“Rubiales no está sólo, como prueban los indecentes aplausos de parte de la mermada seudoasamblea de la RFEF. Quienes le apoyan comparten su machismo y, en bastantes casos, intereses mercenarios”. Estas palabras son parte de un documento contra el beso en la boca que le dio Luis Rubiales (el Chiqui Tapia español) a la jugadora Jenni Hermoso. Parecen escritas por mujeres feministas, pero siga leyendo, por favor.
“Se necesita una respuesta social contundente, hasta ahora insuficiente. Es preocupante la escasa respuesta desde el fútbol masculino, con honrosas excepciones como las de Isco, Borja Iglesias, algún club o la Asociación de Futbolistas Españoles”.
Este otro párrafo también es parte del mismo documento y podría pertenecer a un grupo de mujeres, acá o allá, intentando que no se dé ni un paso atrás luego de tantas luchas por la igualdad de derechos. No termina aquí, si es tan amable, lector/lectora, siga un poco más.
“No es un caso particular ni una anécdota. En su resolución nos jugamos parte del futuro de este país. Es el momento de retomar el impulso de 2018 y derrotar en la calle y en las instituciones al machismo, a su violencia y sus mentiras. ¡Campeonas!”.
Los tres párrafos tienen su antesala. Todos son jugosos. Este es un recorte. Lo curioso es que cada palabra fue escrita hace horas por un colectivo de varones, y también mujeres españolas, incluidos en la revista de la asociación Transversales y el colectivo de reflexión política que lleva el nombre de la activista feminista, Leódile Béra.
Algunos y algunas futboleras, otros y otras no, critican, la acción prepotente del directivo futbolero que minimiza el episodio al decir que es un simple beso que le podría haber dado a su hija. Y no conforme, con el permiso que le da su poder al frente de un deporte profesional pasional, millonario, misógino y homofóbico, redobla la apuesta. Con cobardía echa mano a un viejo argumento que siempre revictimiza: el del supuesto consentimiento.
Estos hombres y mujeres que escriben este documento no reaccionan impulsados por una moral pacata. Su posición feminista deriva de una larga tradición política, de análisis, debate, lucha por la memoria y por innumerables pérdidas. Saben qué significa el avance de las derechas y ultraderechas en el mundo, encarnadas en políticos, empresarios, dirigentes, barrabravas, religiosos u hombres y mujeres comunes.
Estos hombres y mujeres prevén que los besos de hoy pueden ser dolor y sangre mañana. Y reaccionan colectivamente, antes de que sea tarde.
Las batallas culturales y los derechos por los que pelean históricamente los feminismos también son cosas de hombres. Y en este caso ponen en discusión mucho más que un beso.