Opinión

Crimen sin castigo

Las decisiones de los jueces no pueden ser desobedecidas. Sabia afirmación que nos avergüenza.

Domingo 25 de Agosto de 2019

Las decisiones de los jueces no pueden ser desobedecidas. Sabia afirmación que nos avergüenza. La misma está referida a la actitud de funcionarios que desconocen órdenes judiciales de manera sistemática. Miles de expedientes vinculados a reclamos y sentencias que deberían obligar a mejorar haberes de los jubilados, hoy siguen impunemente cajoneados. Los mismos no hacen más que sentar jurisprudencia pero un organismo como el Ansés, avanzó sobre facultades que les corresponden exclusivamente al Poder Legislativo. Se contradijo y aún se contradice la propia Constitución Nacional transgrediendo la regla básica republicana según la cual cada Poder del Estado Federal debe actuar dentro de su ámbito de competencia, siendo respetuosos del ejercicio que los otros pudieran hacer de los poderes que la Constitución les atribuye. Un juez tiene la máxima autoridad en un tribunal de justicia y la Justicia y su equidad deben ser la base de sus fallos. Su bien es moral más allá de lo material. Es, sin duda alguna, el depositario de la confianza del pueblo. Los subterfugios usados por quienes detentan puestos de decisión en la Ansés sólo son comparables a los criminales que se escudaron en ellas al igual que los asesinos que se justificaron alguna vez en leyes de obediencia debida, las que fueron declaradas ilegales, inconstitucionales. Pero la rectitud moral y sabiduría de los jueces es despreciada por quienes se resisten a dar cumplimiento a fallos que establece la justicia de los reclamos. Y mientras los jubilados tratan de sobrevivir como pueden a tan avasallante miseria, están faltando más voces de los propios jueces cuyos juicios han sido desafiados y ridiculizados. Fracasados planes oficiales violaron todo tipo de normas para destruir el Fondo de Garantía de Sustentabilidad de la Ansés y su sistema previsional de reparto. Se busca sin tapujos su vaciamiento tal como se negoció con el FMI y que beneficia de paso a familiares y amigos del más alto nivel gubernamental. El edificio se derrumba y entonces corresponde que sepulte junto con él todos los viejos que sustentaron históricamente un sistema solidario con el aporte de su trabajo. Esto no es un mero saqueo. Es un holocausto perfeccionado. Y sus responsables deben sentarse, cuanto antes, en el banquillo de los acusados para rendir cuentas. Porque como ya fue dicho, la tarea de recomponer la Nación, liberar la patria y reconciliarse es y ha sido siempre obra del pueblo.

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