“Ya no sabemos qué hacer, con el de anoche es el sexto robo que sufrimos en menos de un mes”

El robo y el vandalismo en las escuelas no paran de crecer en Rosario.
“Ya no sabemos qué hacer, con el de anoche es el sexto robo que sufrimos en menos de un mes”
“Ayer repusieron la bomba de agua de este lado que se habían robado el fin de semana, hoy cuando llegamos temprano nos encontramos con que habían robado la bomba nueva, y también la del otro lado, las canillas y además rompieron toda la instalación eléctrica”
“Estamos muy tristes, gracias al trabajo de cooperadora habíamos podido poner dos aires acondicionado y renovado todas las luces del patio, pero anoche entraron y se llevaron todo”
“Ya no sé qué hacer, tengo el seguimiento de las cámaras en mi casa, noche por medio me avisan que sonó la alarma y despierto de madrugada para ver si es un gato u otra vez entraron a robar”
“Se robaron los cañitos de los aires acondicionados y las canillas del patio, pero no vamos a reponer nada hasta marzo porque si no en las vacaciones se llevan todo de nuevo”.
Podría sumar veinte o treinta frases de este tipo repetida por directivos, asistentes escolares y docentes de nuestras escuelas. El robo y el vandalismo que padecen los edificios escolares se incrementó durante la pandemia y en este último año no para de crecer. Se roban los cables, los caños de agua, los medidores de luz y de gas, las canillas de los baños, los ventiladores, las estufas, los tanques y las bombas de agua, los picaportes, la vajilla, equipos de música y de computación, elementos deportivos, útiles escolares y hasta la histórica campana del patio. El robo más grande en monto fue el de los costosos equipos de la escuela Gurruchaga, pero el daño que significa para la educación de nuestros pibes cada uno de estos robos es realmente difícil de calcular. Hay que sumar días en que se deben suspender las clases, más recursos que se pierden y demoran en reponerse más el golpe que significa encontrarse una mañana con la escuela vandalizada y el esfuerzo de muchos desparramado por galerías y patios.
Desde las escuelas se trabaja sin descanso luego del hecho: se cumple con la denuncia correspondiente, se reclama reposición al Ministerio y al FAE, se organizan abrazos simbólicos, se hacen pedidos y colectas, se ponen nuevas rejas y se amplía la alarma, se reclama más seguridad a las autoridades provinciales, pero nada parece alcanzar.
Es evidente que esta dramática situación forma parte de una problemática más general. El delito, en ocasiones acompañado de consumos problemáticos, viene creciendo de la mano de una crisis económica y social que se profundiza llevando la pobreza a niveles nunca vistos. Pero este crecimiento en cantidad va además acompañando de cambios cualitativos. Con los años se han ido perdiendo códigos que antes eran muy fuertes. Así como el delantal de la maestra ya no es el salvoconducto por transitar con tranquilidad por cualquier lado, las escuelas han dejado de ser el espacio protegido que nadie debe dañar.
La situación no puede ser más preocupante. Todo indica que la crisis se va a agravar y que algunas situaciones van a empeorar. Y desde las comunidades educativas vamos a seguir defendiendo las escuelas.
>> Leer más: Roban y vandalizan por décima vez en el año a una escuela técnica en barrio Godoy
Vamos a seguir bregando por cambios económicos de fondo que acaben con la pobreza y la desigualdad y, en el mientras tanto, volvemos a exigir a las autoridades que hagan lo que tienen que hacer: que cuiden las escuelas y a sus comunidades. Esa es una responsabilidad indelegable del gobierno provincial y de sus ministerios de educación y seguridad. También la justicia tiene que hacer su parte avanzando sobre los “peces gordos” del circuito delictivo.
Y tenemos que recuperar valores que son hoy más necesarios que nunca. En cada rincón de la provincia, en cada barrio de nuestra ciudad las escuelas públicas son lugares donde se debe garantizar algo tan fundamental como el derecho a la educación de nuestros pibes. A ese lugar lo tenemos que defender entre todos y todas. El grito debe ser colectivo para que suene bien fuerte, por nuestros niños, por nuestras niñas, por nuestros adolescentes: ¡Con las escuelas no!




