La provincia de Santa Fe conmemora este año una nueva efeméride. En efecto, hoy se celebra el centenario del Grito de Alcorta, la gesta chacarera protagonizada por agricultores inmigrantes, en el corazón de la pampa gringa, contra la explotación de la que eran objeto de parte de los terratenientes y empresarios particulares.
Con motivo de la celebración se decretó feriado provincial y no habrá clases en las escuelas. Inclusive el tema figura entre las sugerencias para el dictado del Seminario de Ciencias Sociales, que se incorporó como espacio curricular a partir de la reforma educativa puesta en marcha para el nivel secundario.
También por estos días, los ciudadanos de la provincia nos hemos visto profundamente conmovidos por un hecho de discriminación ocurrido contra un alumno en una escuela primaria de la localidad de Fighiera. Los actos discriminatorios datan del año anterior. De acuerdo a los dichos de la madre, sus compañeros se dirigían al niño con expresiones tales como "salteño muerto de hambre, por qué no te volvés a tu pueblo".
Frente a las aberrantes agresiones físicas y verbales sufridas por el nene, el Ministerio de Educación tomó las siguientes medidas: tramitar el cambio de escuela de la víctima, enviar al equipo socioeducativo y a la coordinadora de la "ronda de palabras" a la escuela de Fighiera, para tratar el tema con los alumnos.
Por su parte, la comunidad educativa del colegio organizó un abrazo al establecimiento con el objetivo de "salvar su buen nombre". Estos dos hechos, el centenario del Grito de Alcorta y el acto discriminatorio en la escuela de Fighiera, ambos acaecidos en el corazón de la pampa gringa, motivan una serie de reflexiones que pueden ayudar a encontrar respuestas a un viejo interrogante que desveló desde siempre a los historiadores, docentes y alumnos. Nos referimos a una pregunta frecuente en las aulas: ¿para qué sirve la historia?
Las expresiones vertidas por los alumnos de la escuela mencionada son un acto discriminatorio ocurrido en el presente, pero que encuentra fuerte arraigo en el pasado. Como ciencia social, la historia tiene la potencialidad de explicarnos el presente histórico. De modo que la escuela debería aprovechar el Centenario del Grito de Alcorta, para explicar a los alumnos que los chacareros de la gesta que evocamos el 25 de junio también fueron objeto de discriminación por parte de la elite.
Tratados como "gringos patas sucias", fueron inclusive considerados como elementos disolventes de la nacionalidad argentina, pues eran portadores de "ideologías foráneas" peligrosas para la nación. Explotados y maltratados, los agricultores inmigrantes, antepasados de esos niños que hoy discriminan a un compañero norteño, decidieron autoorganizarse para enfrentar la expoliación que sufrían.
El análisis del pasado puede ser más efectivo que las metáforas de la ronda de palabras implementada por el ministerio.
También quiero advertir sobre el peligro que conlleva la recreación del mito de una identidad homogénea construida por los laboriosos inmigrantes, que oculta la complejidad de los conflictos que socialmente la atravesaron. Para reflexionar sobre la discriminación nada mejor que ponerse en el lugar del otro y sobre esto la historia tiene mucho para decir.
Esperemos que los anónimos planificadores de los diseños curriculares (para la escuela secundaria) reflexionen sobre el lugar que la historia debería tener en la educación de niños y jóvenes.
(*) Profesora de historia (UNR)