Opinión

A seis años, el mismo Parque Casas

La guerra en esa zona acotada por Casiano Casas, Baigorria y Boedo es cotidiana pero solo los incidentes más graves llegan a la prensa.

Lunes 09 de Julio de 2018

La investigación que detuvo a David Delfín Zacarías como fabricante de cocaína se inició en 2012 con el seguimiento de las actividades de un búnker ubicado en Boedo y Ghiraldo, en barrio Parque Casas, controlado por Olga "La Tata" Medina. Zacarías fue condenado merced a esa investigación a 16 años de prisión el jueves pasado a mediodía. Unas horas antes de ese mismo día una ráfaga de disparos mató a Maite Ponce, de cinco años, que dormía sobre un sillón en Avalos y Larrechea.

La casa donde mataron a Maite en el marco de una disputa por drogas está a 150 metros del búnker que llevó a la detención de Zacarías. A las seis de la mañana los médicos del Hospital Vilela informaban de la muerte de Maite. A las 12 en Oroño al 900 se leía la alta condena a Zacarías como fabricante y comercializador de drogas que seis años antes se destinaban a esa zona.

Pasados esos seis años llegó un día donde se condensaron dos acontecimientos que interrogan sobre el estado de la sociedad y sus instituciones. El día que se anuncia la severa sanción al fabricante de drogas matan a una nena en el mismo lugar donde aquel tenía a sus clientes. ¿Qué pasó en el medio?

En esa zona de Parque Casas conocida como "El Churrasco" las detenciones se suceden sin que los hechos que producen esas detenciones cesen. Los actores jerárquicos de la violencia son conocidos y temidos por los vecinos. Dos rasgos distinguen a sus soldados: su extrema temeridad y su extrema juventud. El contexto es el de un mercado fragmentado de drogas que se disputan pequeñas bandas, problemas de inclusión social y vacíos de presencia institucional que alimentan la amenaza para quienes están en la calle.

La guerra en esa zona acotada por Casiano Casas, Baigorria y Boedo es cotidiana pero solo los incidentes más graves llegan a la prensa. Desde el 1º de mayo al jueves pasado se contabilizan 15 llamados al 911 por disparos allí. Quince balaceras en dos meses en un pequeño radio urbano expresa un colapso. Las comunicaciones siempre anónimas señalan amenazas y venta de drogas como motivo de los tiros. Los que llaman revelan tramas y nombres. Ejemplos textuales: "Alejandra P. tiene armas de fuego en una casa pintada de Central y guardan ahí la mercadería". O "El que vende para ella es Franco G. e Iván el Diente". O "Uno de la familia Romero que se llama Hugo y le dicen «Labio Partido» vive amenazando con disparos".

Dos sectores enfrentados impulsan para los vecinos el desangre que no frena. Uno de los bandos es la alianza de Ema Pimpi Sandoval con la familia Romero de Nuevo Alberdi. Ema Pimpi fue condenado como organizador del atentado al domicilio del ex gobernador Antonio Bonfatti, muy cerca de esa zona, la noche del 11 de octubre de 2013. Esa condena fue acordada en el marco de escuálida prueba contra Ema Pimpi por el ataque, que sin embargo la aceptó porque fue incluida en un juicio abreviado con otros dos hechos donde sí había evidencia contra él, en casos que podría recibir mayor pena si iba a juicio. Ahora Ema Pimpi está preso acusado de una tentativa de doble asesinato por la que cayó en marzo pasado.

La familia Romero está implicada en reiterados hechos de sangre. Su líder, Hernán Lichi Romero, de 27 años, está preso. Los incidentes por control de narcomenudeo son incontables. Se recuerda aquel en que resultaron en noviembre de 2015 heridos cinco chicos de entre 10 y 14 años.

Del otro lado aparecen los hijos de la Tata Medina, implicada en narcomenudeo y en libertad, señalada como dueña del búnker seguido en 2012 a partir del cual Zacarías fue condenado por narcotráfico hace cuatro días. Su hijo Milton F., implicado en permanentes disputas a balazos, ostenta una marca difícil de igualar: desde noviembre pasado fue baleado dos veces, ingresó al Hospital Eva Perón y se fue por sus propios medios sin recibir el alta.

El tiempo congelado

Así los líderes de estas facciones caigan presos, una inercia instrumental sostiene la violencia durante años en esta zona de Parque Casas. Los vecinos cuentan que con los años los mecanismos de venta de droga rotan. Pero no rotan los que venden. "No está el búnker como antes. Quedan pocos. Ahora la cosa es en la calle, cara a cara, en un segundo. Sacan la mercadería de una casa y la llevan a otra, todo en una misma cuadra. Pasás a las 17 y no hay nada. Pasás a las 19 y ves veinte motos sin patente. La mayoría son de chicos que no superan los 15 años. Ellos venden y compran. Y son los que tiran también".

El diagnóstico es tan repetido como las llamadas al 911. El 2 de junio tres chicos fueron heridos en la balacera al frente de una casa en Ghiraldo 1799. Uno de ellos, Mariano Rodríguez, falleció ocho días después, en el Eva Perón. Las muertes también se reiteran pero solo nos despabila, no sin lógica, que maten a una nena de jardín de infantes.

Los vecinos llaman, los tiroteos siguen y con la falta de respuesta lo que se escurre en esta dinámica circular es la sensación de ciudadanía. Se generan ghettos donde la capacidad de delincuentes de apropiarse de zonas es una realidad tan de hecho como la fragilidad de los chicos, vulnerables tanto a ser captados por estos grupos o a ser víctimas de violencia. No obstante los vecinos siguen llamando al 911 porque el deseo de vivir en paz es más fuerte que el escepticismo. También llamaban los vecinos de Grandoli y Gutiérrez después de que ese barrio se desangrara con más de cien homicidios en diez años y el cierre de escuelas por los tiroteos. Allí hay un plan de recuperación de espacio público, en el que trabajan gobierno provincial, municipal y fiscales para recobrar legalmente viviendas usurpadas y clausurar nichos de violencia.

Tardó mucha muerte anunciada y evidente ese bienvenido programa hasta llegar allí. Las denuncias y las voces de los vecinos estaban como están desde hace años las de esa franja de Parque Casas. Para actuar con eficacia primero hay que estar viendo lo que los vecinos experimentan en soledad. Entender el territorio. En este caso es ver lo que está a la vista. La metáfora del juicio a Zacarías es apabullante. El juicio que se inició por la actividad de un búnker y que terminó el mismo día en que, a metros de allí, mataron a una nena.

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