Caminar por las calles en busca de una pista que indique dónde está el bar, tratando de escuchar algún sonido de música, risas o copas chocando que ayuden a orientarse. Ubicar el sitio y anunciarse con alguien de seguridad. En algunos casos entregar una palabra secreta, tarjeta de membresía o simplemente solicitar el ingreso porque ya la hazaña de haber encontrado el sitio es suficiente para conseguir autorización para entrar. Adentro, los visitantes acceden a un bar que desde afuera no se ve para degustar coctelería de autor y escuchar música en un espacio muy exclusivo. Un secreto compartido entre las personas que están allí.
Así funcionan los speakeasy de todo el mundo. Un concepto de bar clandestino que nació en Estados Unidos en la década de 1920 durante la Ley Seca, en la que se creaban lugares para consumir alcohol detrás, o abajo, de negocios como pescaderías, tiendas de telas u cualquier otro y al que solo accedían los que sabían el secreto y podían guardar la información para que no fuese descubierto. Hoy es una tendencia en todo el planeta, las principales ciudades cosmopolitas tienen varias propuestas así y todas apuntan a un público exclusivo que busca sorprender su paladar con cocteles de autor y deslumbrarse con el diseño del lugar, que usualmente responde a algún concepto para contar una historia que justifique su estado encubierto y que siempre tiene alguna fachada para esconder el verdadero espacio.
Esas son las reglas mundiales de los speakeasy que en Rosario Michel aplicó a su espacio en el barrio de Pichincha. A simple vista en Alvear 23 no hay indicios de un bar y restaurante de coctelería. Al llegar solo se ve otra novedad en la cuadra que es un local de hot dogs gourmet, Jean’s Dogs. Justamente esa es la fachada que oculta a Michel. Al final de negocio color rosado de hot dogs hay una persona de seguridad y una recepcionista del speakeasy. Solo basta con anunciarse para entrar a las profundidades de la cuadra y encontrarse con un amplio salón, de techos altísimos y una gran barra de 7 metros de largo con butacas, botellas y finas copas. El lugar está ambientado con guiños a los barrios neoyorkinos, en una especie de homenaje al lugar de origen de este estilo de bares. Además, cuenta con distintos espacios con boxes para mayor privacidad e incluso mesas al aire libre en una terraza. También hay una cabina de DJ en altura para presentaciones de shows en vivo y DJs sets.
El speakeasy es un proyecto de los dueños del pub Basquiat de calle Brown, Facundo Iturrat, Francisco Seveso y un grupo inversor de amigos. Justamente este año la nueva inversión coincide con el décimo aniversario del pub. Ellos son quienes, hace dos años, se propusieron darle uso a un galpón gigante que está en el centro de la manzana: “Todos somos muy fanáticos de la gastronomía, lo que siempre nos ha llevado a descubrir nuevos lugares. Así fue como, viajando, conocimos el concepto del speakeasy y buscamos traerlo a la ciudad para ofrecer una propuesta diferente y atractiva para el público local”, dice Iturrat sobre el proyecto. Los socios, que están en el rubro desde hace 10 años con Basquiat Street Pub buscaron unir el nuevo proyecto al clásico pub de Pichincha. Para eso trabajaron en un concepto integrador junto al publicista Emiliano Dinucci para generar un hilo conductivo entre local fachada, el speakeasy y el pub nocturno: “Queríamos que la conexión entre los bares existiese pero no fuese obvia, por eso seguimos intentando representar al artista Jean Michel Basquiat”, agrega Iturrat para explicar los nombres del local de hot dogs, el speakeasy y su vinculación con el pub. “Buscamos ofrecer una experiencia completa que represente lo que fue la vida del artista, su evolución en el street art en las calles neoyorkinas hasta su consolidación máxima. Por eso la invitación comienza en Jean’s Dogs que representa su etapa callejera, pasa por Michel que representa su vida e inspiración en la gran ciudad, hasta llegar al pub que sería su momento de consagración como artista de galería”, agrega.
Así es cómo Iturrat, Seveso y compañía idearon un recorrido completo: el primer contacto es con el local de hot dogs gourmet que da a la calle, el segundo es la visita a Michel donde se degustan los platos y cocteles de autor y luego se invita a los visitantes a salir por Basquiat para seguir escuchando música y beber otras propuestas originales.
Gastronomía callejera de estilo neoyorkina
Michel es un speakeasy imponente pensado al detalle que requirió de una gran inversión para establecer un local que tiene unos 120 cubiertos con una amplia carta de tragos de autor y otros clásicos. A su vez, los socios pensaron en una carta de platos que también representase el concepto: “Seguimos la línea de la gastronomía callejera de Nueva York buscándole una vuelta gourmet. Los platos son representaciones de las comidas típicas de los barrios latinos e italianos, entre otros que abundan en esa ciudad. Queríamos innovar pero también ofrecer variedad para todos los paladares sin que fuese extremadamente sofisticado”, comenta Iturrat sobre la carta.
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Una vez que se pasa la puerta de ingreso oculta, la apuesta en Michel sorprende.
Foto gentileza Michel Clandestino.
Hay otro concepto que se suma a la creatividad del speakeasy y es la historia que ancla directamente al bar con la ciudad: en posavasos y redes sociales se lee “Michel clandestino”. Consultados por este detalle, Iturrat responde: “Es la bajada a nuestro entendimiento de lo que es un bar clandestino acá. En Nueva York la clandestinidad de los bares era por la Ley Seca, en Rosario remitimos a la época de la pandemia cuando no se podía salir, pero abundan propuestas clandestinas y la voz se corría solo entre conocidos”.
Una fachada con creatividad propia
Para abrir un speakeasy no hace falta solo un bar clandestino sino también la fachada que lo esconda. En otras propuestas del mundo esta fachada puede ser una pizzería, un restaurante de sushi o incluso una florería. Iturrat y Seveso buscaron una que también ofreciese innovación en el rubro gastronómico de la zona: “Para seguir la inspiración en las calles neoyorkinas, armamos un local de street food. Veíamos que ya había muchas pizzerías y hamburgueserías pero que faltaban opciones en otros sabores. Por eso fuimos por hot dogs gourmet”, explica Seveso. Jean’s Dogs ofrece variedad de panchos realizados con salchichas húngaras con originales toppings y opciones vegetarianas y sin tacc, además de tragos clásicos y cerveza tirada. Los socios también tienen ideas específicas para que Jean’s Dogs se luzca en el barrio: “Hoy abrimos por las tardes ofreciendo comida y bebida al paso. En marzo vamos a abrir también de mañana para ofrecer café y donas, con la idea de cubrir el horario de almuerzo de los colegios de la zona”, concluye Seveso.