“La escuela, como lugar sagrado, rincón intocable, espacio que no responde a grieta alguna, tampoco es respetada por este modelo cruel que privilegia el dinero por sobre la vida de nuestro tesoro más preciado: niñas y niños y docentes. Ellos como testigos de esta realidad –junto a médicos, enfermeras, integrantes de la ciencia digna, padres, vecinos fumigados forman parte de un abanico de testimonios e historias de vida que se entremezclan y se archivan en este sitio con rigurosa información”, expresó el periodista y docente santafesino.
En ese contexto, Serruya indicó que “la web-doc se presenta como un dispositivo con contenido multimedia en línea que combina elementos del documental tradicional con recursos interactivos propios de la web (videos, imágenes, textos y enlaces). Y se convierten en este caso, en un fenomenal reservorio que, permite a quienes lo visitan explorar historias y temas de manera no lineal y personalizada e invita a la participación en un tema de tanta preocupación”.
“Es el trabajo de un grupo de comunicadores sociales, diseñadores gráficos, programadores, productores audiovisuales y de contenidos unidos para concretar la web-doc, un trabajo multimedial que aborda la realidad de las escuelas fumigadas”, abundó.
Quienes acceden al sitio pueden ver o escuchar entrevistas y leer documentos relacionados con la temática y que además están vinculados a otras notas, estudios científicos y videos en Youtube que amplían aún más el gran el trabajo realizado por Serruya y su equipo.
Modelo contaminante
“El modelo agrotecnológico se implementó en nuestro país durante la década del ‘90 del siglo pasado. A partir de entonces, la matriz productiva argentina se transformó. Con el objetivo de mejorar el rendimiento, se utiliza la siembra directa con semillas genéticamente modificadas que necesitan ser fumigadas. Mediante el uso de productos químicos de alta toxicidad, generalmente pesticidas o herbicidas, se controlan plagas, enfermedades de las plantas y malezas. Este nuevo “paradigma” desplazó al viejo sistema de producción natural para dar paso a una producción industrial”, se indica en el espacio digital.
“Los pueblos rurales cambian su fisonomía y su idiosincrasia y la agricultura deja de producir ‘alimento’ para generar enormes volúmenes exportables de ‘commodities’, es decir, bienes transables, negociables y por sobre todo, especulativos”.
“Los suelos, la biodiversidad, el agua y los cuerpos que habitan estos territorios sufren las consecuencias. El ambiente y la salud se ven afectados. También sufren otras actividades de las economías regionales”, indicó además el investigador.
Millones de litros de veneno
“Según datos oficiales, en 2002 se vertieron sobre los campos argentinos 151 millones de litros de veneno. Ese número se incrementó luego de manera escandalosa: en 2008 ya se utilizaron 225 millones de litros. Cuatro años más tarde 317 y se calcula que en nuestros días se esparcen cerca de 600 millones de litros de insecticidas y plaguicidas”, expresó el investigador y agregó “Se trata de un modelo que enferma, contamina y genera excesiva riqueza para pocos y pobreza para muchos”.
En Argentina hay aproximadamente 15.000 escuelas rurales. “Casi todas ellas linderas con campos donde la producción es fumigada”, se indica en la web Mancha Venenosa y prosigue: “Buena parte de estudiantes, docentes y personal de estos establecimientos denuncian haber tenido contacto con agrotóxicos que se vierten con mochilas, “mosquitos” o son tirados desde aviones”.
700 mil niños en peligro
El último relevamiento se realizó en noviembre de 2018 y fue presentado en el primer Encuentro Regional de Pueblos y Escuelas Fumigadas. “En ese entonces se estimó que cerca de 700 mil niños y niñas conviven con el modelo transgénico-fumigador. Las provincias más afectadas son Buenos Aires, Entre Ríos, Córdoba y Santa Fe”, explican en el sitio.
“Docentes, padres, médicos, enfermeros, asambleas y otras organizaciones vienen denunciando este flagelo, incluso en los estrados judiciales, donde se consiguieron sentencias condenatorias a dueños de campos y aplicadores. La docente Ana Zabaloy fue pionera en denunciar esta realidad y hoy es un emblema para muchos. Murió de cáncer en 2019. Su cuerpo albergaba una cantidad 14 veces superior de glifosato en sangre a lo que se considera como ‘tolerable’”, manifestó Serruya.
El periodista indicó además que “en casi todo el país, la Red Federal de Docentes por la Vida es una de las entidades que nuclea a quienes continúan con el legado Zabaloy al que se suman también sindicatos, activistas en defensa del ambiente y docentes comprometidos con la vida” y destacó la necesidad de visibilizar la problemática mediante la “denuncia de casos de fumigaciones en las cercanías de las escuelas, generar organización comunitaria y brindar lazos de acompañamiento a víctimas y familiares”.
En cuanto a la salud, se detectó que “en algunas regiones de Argentina las condiciones de salud de la población se modifican extrañamente”, explicó Serruya.
Se registró un aumento de trastornos tiroides y de diabetes, se incrementa la detección de cardiopatías congénitas y problemas vinculados al aparato respiratorio. Algunas localidades cuadriplican a otras en casos de cáncer detectados. Cada vez nacen más niños con malformaciones congénitas.
Muchos de estos síntomas, afecciones y enfermedades son coincidentes con zonas en donde se aplican técnicas de fumigación y es mayor en las poblaciones donde se pulveriza.
Estos datos fueron recopilados por distintos campamentos sanitarios realizados en poblaciones rurales de la Pampa Húmeda de las provincias antes mencionadas, a cargo de la cátedra de Salud Socioambiental de la Facultad de Medicina de la Universidad Nacional de Rosario.
Una solución posible
El trabajo realizado por Serruya y su equipo también plantea las alternativas al modelo contaminante. “A lo largo de la historia vemos que a cada movimiento hegemónico se le opone uno alternativo o de resistencia. Al modelo agrotecnológico exportador basado en la siembra directa con semillas genéticamente modificadas se le presentan otras experiencias vinculadas con la agroecología, el comercio justo y la soberanía alimentaria”, se indica desde Mancha Venenosa.
“En nuestros días más de cuatro millones de hectáreas son cultivadas de manera saludable, sostenible y sustentable, sin venenos y transformando a la producción orgánica argentina en la segunda más grande del mundo, solo precedida por Australia”.
“Redes de pequeños y medianos productores no solo generan espacios en ferias para proveer las mesas de los argentinos con alimento sano sino que, además, emprendimientos de mayor cuantía generan productos sin venenos para exportar. Según el Senasa, durante 2022, la producción orgánica exportó más de 116 millones de kilos de cereales oleaginosas, frutas, hortalizas y legumbres sin procesar, y cerca de 62 mil kilos de productos industrializados”.
“La primera Cátedra de Soberanía Alimentaria en nuestro país nació en 2003, en la Universidad de la Plata. Hoy son más de 60 que se desarrollan en ámbitos universitarios y otras instituciones educativas. Estos niveles de producción de alimentos realizados de manera armoniosa y de movilización social fueron posibles con escaso apoyo de políticas oficiales, y -aun así- la evidencia confirma que es posible otro modo de producción”, concluyen.
El equipo que llevó adelante la realización de los diferentes materiales a los que se puede acceder está compuesto, además de Serruya, por Alejandra Cavaille, Pablo Figueroa, Fabio Galizzi, Martín Rodríguez Jáuregui, Fabio González, Adrián Badaracco, Fabián Pínola, Marcelo Allende, Javier Lanzilloto, Lucas Herrera y Alejandro Molaro.
Periodista y docente
Ricardo Serruya es periodista y docente jubilado de la carrera de Comunicación Social y actualmente dicta talleres de comunicación y oratoria y de ambiente y derechos de la naturaleza en el ámbito de la Universidad Nacional del Litoral. Además, conduce Onda verde radio (Radio Nacional Santa Fe y Spotify sábados de 8 a 10); Onda verde tv (canal Veo cable Video domingos de 20 a 21). Página web www.sepresumeinocente.com.ar
El periodista también tiene publicados dos libros sobre temas ambientales: “La venganza del amaranto” y “Quijotes, rebeldes y soñadores”.