"Tierra de nadie". Así definieron a los alrededores del Mercado de Concentración
de Fisherton dos mujeres que hacían el trayecto por la calzada de calle Wilde, cerca del cordón.
Bolsas en mano circulaban atentas al tráfico del lugar, sin dejar de mirar hacia atrás mientras
intentaban explicar que en el lugar hay yuyales, basura, tramos de piso destrozados y anegados,
además de vehículos estacionados sobre la supuesta traza de una vereda que a ojos vista es casi
imaginaria. Por si el entorno de malezas y obstáculos fuera poco, los vecinos dicen que circular
por esas cuadras también es exponerse a los arrebatos violentos.
"Es una burla al ciudadano, no sólo de parte de la Municipalidad que no toma
cartas en el asunto, sino también de quienes ocasionan esta situación", opinó Mirta Lescano, vecina
del lugar.
Para ella, las falencias del barrio obedecen tanto a la falta de respuesta de
las autoridades como a la ausencia de compromiso comunitario. "Queremos veredas para poder
transitar sin riesgo físico y sin chapotear en el barro ni en tramos anegados por el líquido que
sale de los caños", añadió.
Dos áreas. La zona en cuestión involucra dos áreas urbanizadas separadas por
calle Santa Fe. Hacia el este de Wilde se levanta Altos de Fisherton, zona residencial de coquetas
construcciones de entorno cuidado y custodia de guardia montada y motos las 24 horas. Hacia el
oeste se extiende el barrio Antártida, área populosa de gente obrera, que utiliza con más
frecuencia las líneas del transporte urbano, dispone de una estética barrial menos prolija y es
blanco de robos constantes.
"La gente no quiere participar, hay quejas entre vecinos pero no quieren tener
problemas y siguen aguantando las cosas tal como están", sostuvo Lescano quien, cansada de exponer
la situación ante el Centro de Distrito Noroeste, optó por describirla en una carta de los lectores
de LaCapital.
"Soy vecina del Mercado de Concentración de Fisherton y debo confesar mi
hartazgo porque padecemos mugre y desaprensión por parte de ciertos empresarios del lugar",
sintetizó la mujer y dijo que inició sus reclamos contando las peripecias de eludir veredas
anegadas por la cañería rota de una fábrica de jugos.
Reclamo generalizado. En la mañana calurosa los vecinos apuran el paso de los
mandados. Aunque nada en el ambiente invita a detenerse, los testimonios se alargan bajo alguna
sombra mezquina.
"Deprimente, intransitable y de noche una boca de lobos, súper peligroso",
sintetizaron las mujeres transeúntes, coincidiendo con Lescano en la descripción del tramo de calle
Wilde entre Mendoza y Magaldi, paso obligado para los usuarios de la línea K.
En 2008, Lescano hizo punta con las quejas y obtuvo el número 28.645/08 para su
trámite. "¿Usted misma se animaría a esperar el colectivo durante la noche bajo estos árboles?", se
preguntaron las vecinas mientras señalaban la ochava nordeste, frente a la plazoleta Angel Magaldi
que ocupa la esquina opuesta (ver aparte).
Para Lescano, quien lleva cuatro décadas viviendo en la zona, el barrio "conoció
épocas mucho mejores".
El trayecto aludido incluye la entrada de fábricas y camiones cuyas tareas
realizadas sobre el espacio público hicieron desaparecer las veredas. Desde Mendoza el sector
arranca con un pequeño trayecto de portland que se pierde en senderos invisibles entre tierra,
yuyos, basura y obstáculos, como camiones estacionados que venden bolsas de carbón.
"¿Nadie ve esto?", insistieron las mujeres frente a la evidencia. Además dijeron
que tener el Mercado de Concentración no es malo, "es un lugar modelo", pero el problema surge con
los galpones que se fueron agregando y que utilizan el espacio público como una extensión de sus
actividades. "En un tramo de la vereda hasta tiran grasa", sostuvieron.
Denominador común. Para Maru, otra vecina de la zona, la inseguridad es el común
denominador del lugar porque aparece a toda hora y lugar con arrebatos violentos que terminan con
las víctimas lastimadas contra el asfalto. La mujer aseguró además que los padres deben acompañar a
sus hijos para tomar el ómnibus o avisar por teléfono para que salgan a su encuentro.
"Tuve que cortar el yuyal del perímetro de mi casa por seguridad y por higiene",
explicó Jorgelina Ortiz señalando la maleza que hizo retroceder con su propio esfuerzo. Además
explicó que circular por el lugar, desolado de noche o en horas de la siesta obliga a tomar "todas
las medidas de precaución posibles".
Silvia Carafa
La Capital