La ciudad

Una historia de amor que entiende la pasión de Víctor por el universo

Jueves 22 de Febrero de 2018

Viviana, la misma que esa madrugada escuchó de su esposo que algo excepcional había pasado, es un pilar enorme en esta historia. Una que comenzó a escribirse cuando Víctor Buso era pequeño, en esos días en los que su mamá lo llevaba de la mano a mirar las estrellas la noche de Reyes y él imaginaba tantas cosas observando esa inmensidad. Cuando su papá, una mañana de abril de 1970, lo levantó temprano para ver junto a él al cometa Bennet.

Viviana, maestra en una escuela, observa fascinada a su marido y escucha con profunda atención el relato, aunque lo sepa de memoria.

Cuando él hace una pausa cuenta su anécdota: "Estuvimos once años de novios, y a él ya le encantaba todo esto de la astronomía. Se la pasaba en el Colegio Cristo Rey con el padre Pizzi, con Gustavo Ballán, Fabián Bustos, con todos sus amigos armando y desarmando cosas, investigando, observando (Buso fue quien construyó el observatorio que existe en la escuela rosarina). Por eso, cuando estábamos por casarnos, él me preguntó si hacía falta que le dedicara menos tiempo a su pasión por los planetas. Porque él además ponía plata en esto, plata que, pensó, debía dedicar a la economía familiar. Pero le dije que no, que de ninguna manera, que lo apoyaba y alentaba, porque, la verdad es que su amor y su entrega por la astronomía eran cosas que, justamente, habían hecho que me enamorara tanto de él".

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