La Ciudad

Toma de tierras: "Cuando empezó la pandemia me quedé sin trabajo y no pude seguir alquilando"

Pablo tiene 27 años y hasta que irrumpió el coronavirus manejaba un remís trucho. Levantó un rancho detrás del predio del colegio Cristo Rey

Domingo 25 de Octubre de 2020

“Cuando empezó la pandemia me quedé sin trabajo y ya no pude seguir alquilando, así que me contaron de esta toma y me vine para acá”, dice Pablo, un joven de 27 años mientras vacía un bidón de agua en un improvisado tanque que armó al lado del rancho de maderas y chapas que levantó detrás del predio que el colegio Cristo Rey tiene en la zona oeste de la ciudad, en la continuación de calle Mendoza hacia Funes.

Su rancho es uno más de los cerca de 100 que se levantaron en menos de un mes en un terreno de cuatro hectáreas. La toma creció con velocidad a la vera de la calle Benteveo, esa que la separa del barrio al que los vecinos llaman “Fantasma”, porque “no lo ven y parece que no existe”.

Pero el crecimiento de la pobreza, que golpea en el Gran Rosario al 41,8% de la población y se potencia en tiempos de pandemia, torna cada vez más visible la problemática.

Pablo tiene el secundario completo, es de barrio La Cerámica y hasta que el coronavirus irrumpió en la sociedad y trastocó todo, manejaba un remís trucho. “Me las arreglaba con eso, pero con la pandemia se cortó todo, me quedé sin trabajo y está redifícil conseguir uno”, admite.

Llegó a la toma hace poco menos de un mes siguiendo el consejo de amigos que le dijeron que allí se podría hacer un rancho. Ya no podía alquilar y le pareció una buena opción. El viernes, cuando La Capital recorrió el lugar, ultimaba los detalles del pozo ciego que cavó a metros de la improvisada vivienda de no más de cinco metros cuadrados en la que se instaló.

Antonella Salinas tiene una historia similar. Ella es una de las primeras que llegó al predio usurpado. Vive allí desde hace tres años, cuando empezó a menguar su trabajo de empleada doméstica y ya no pudo alquilar. Un tiempo antes se había ido de la vivienda familiar de villa La Bombacha en la que convivía junto a seis hermanos y los hijos de todos.

“No teníamos dónde vivir, así que termine acá. Cuando llegamos era un basural que de a poco fuimos limpiando y el mes pasado llegó la mayoría de la gente”, relata.

El comedor

César es un changarín de 34 años que también llegó a la toma tras quedarse sin trabajo. Junto a Antonella y otros vecinos armaron un comedor en el centro del predio donde a diario cocinan para los cientos de chicos que están en el lugar. El comedor no es más que cuatro postes de madera que sostienen un plástico que oficia de techo. Allí, cada mediodía se prende fuego y se tira algo dentro de la olla. “Nos rebuscamos con donaciones, a veces vamos al Mercado de Productores a pedir que nos den algo y cuando no se puede hacemos una vaquita entre todos”, dice Antonella.

La mayoría de los ranchos tiene un número identificatorio. Los pintaron los oficiales de Justicia que realizaron un censo para determinar cuánta gente está usurpando el lugar.

>> Leer más: Ya son más de mil las personas que ocupan terrenos en el oeste y noroeste y crecen las tomas en Rosario

Según explicó Julio Rodrigo, el abogado del dueño del lote usurpado, “ya hay unos 130 imputados y se espera que en breve se realice la audiencia”. Será el juez de Garantías quien deberá resolver si avanza o no con el desalojo.

Rodrigo detalló que “muchos llegan al lugar, demarcan los lotes y los venden, llegando a pedir unos 30 mil pesos por cada uno”, lo que abona su hipótesis de que detrás de las tomas de terrenos hay una organización que lucra con la necesidad de los que menos tienen.

“Esta toma se potenció con la pandemia, pero las primeras usurpaciones vienen desde 2014. El terreno estaba alambrado y con portón, pero se llevaron todo”, asegura el letrado.

Para frenar la intrusión se colocaron terraplenes de dos metros de alto, pero según remarca “la gente cavó entre medio del terraplén y se metió igual”.

Hoy en el predio hay más de 80 familias y la toma crece sin pausa en medio de tiempos donde la pandemia potencia las desigualdades y lleva a muchos a avanzar sobre la propiedad privada.

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