¿Qué hace una chica si su chico la golpea?, ¿cómo puedo saber si mi novio me va
a golpear?, ¿una mujer se puede casar con el hombre que le pega? Las preguntas de las alumnas de 7º
grado de la Escuela Nº 6.430 de Grandoli y Ayolas llevaron a los docentes a tener que dictar un
taller sobre "relaciones violentas y violencia en las relaciones", un tema que les toca de cerca a
los jóvenes del barrio de Bajo Ayolas, donde los maestros admiten que este es el primer año que no
tienen chicas de 7º embarazadas.
La realidad llevó a las docentes Viviana Ochava y Silvia Pflüger a plantearse el
desafío de preguntarse cómo cuidar a sus alumnos y monitorear un proyecto de educación sexual que
sumó a otro educador, Gabriel San Sebastián.
Los dos séptimos en donde se dispararon las preguntas relacionadas con la
violencia familiar participaron ayer del taller. Con buzos rojos que llevan inscriptos sus nombres
y año de promoción, los chicos de entre 12 y 14 años se esmeraron para cumplir la primera consigna.
"Tenemos que dibujar la mesa familiar a la hora del almuerzo", comentaron.
Sin golpes. "Nadie tiene derecho a pegarle a una mujer: ni su padre, ni su
marido, ni su compañero, ni su novio, ni su hijo, ni ninguna otra persona", reza en las primeras
páginas del cuadernillo que los maestros reparten mientas dictan el taller. "Nuestra
responsabilidad es darles herramientas para que ellos puedan tomar sus decisiones", argumentaron
los docentes.
"Empecé a buscar material específico sobre el tema para esta edad, para poder
llegar a ellos, para que puedan ver cómo están formados en su construcción sexual desde la
violencia y cómo pueden replicarla", explicó San Sebastián. Y sintetizó el objetivo del taller:
comprender que se puede ser diferentes dentro de situaciones violentas.
Para los docentes, la violencia atraviesa a la sociedad, a los medios de
comunicación y a la vida cotidiana. Es por esto que contraponen el compromiso de brindar
herramientas para "desestructurar las situaciones de violencias naturalizadas".
A la hora de echar mano a los recursos, San Sebastián explicó que fueron
preguntas orientadoras las que delinearon el camino. ¿Cómo nos relacionamos? ¿Cómo nos comunicamos?
¿Para qué sirve el diálogo? ¿Podemos usar insultos para establecer relaciones interpersonales?,
sólo a modo de ejemplo.
Tranquilos y atentos, los alumnos también tuvieron oportunidad de pensar cómo
pueden cuidar su cuerpo y más aún, cómo decirle a otra persona qué cosas les gustan o no de los
acercamientos. "Diferenciar y ponerse de acuerdo en qué significa salir, conocerse o transar para
varones y mujeres", explicaron los docentes y aclararon que "no compartir un código abre una puerta
a la violencia".
Además, consideraron el efecto dominó de la violencia doméstica, el poder del
hombre machista, mandatos sociales como "el hombre no llora" o "las mujeres son para las tareas de
la casa". Y hasta analizaron frases comunes que enmascaran desprecio, sometimiento y maltrato, y
los límites y significado de las expresiones de afecto en una relación interpersonal.
El cuadernillo con el que trabajaron incluye direcciones y teléfonos de
instituciones, Defensoría y Tribunales con competencia en el tema de la violencia.
Por el momento, el dato inquieta en la zona. Tienen entre 12 y 14 años, y para
la mayoría de ellos la violencia familiar es una triste realidad cotidiana.