La ciudad

San Cayetano congregó a una multitud

San Cayetano, el Patrono del Trabajo, volvió a congregar a una multitud. Los fieles que desde muy temprano se llegaron al templo de Buenos Aires al 2100 coparon por la tarde la plaza Libertad y participaron de una nutrida procesión. Durante la homilía, el arzobispo Mollaghan habó del fuego en las islas, la inseguridad y la defensa de la vida.

Viernes 08 de Agosto de 2008

San Cayetano, el Patrono del Trabajo, volvió a congregar a una multitud. Los fieles que desde muy temprano se llegaron al templo de Buenos Aires al 2100 coparon por la tarde la plaza Libertad y participaron de una nutrida procesión. Durante la homilía, el arzobispo de Rosario, José Luis Mollaghan, abordó temas cruciales: el fuego en las islas, la inseguridad y la defensa de la vida.

La imagen del Patrono del Trabajo salió del templo minutos después de las 15. El santo fue trasladado a bordo de una camioneta y recibió a su paso el saludo de los fieles.

Ya en la plaza, y en el marco de la homilía, Mollaghan abordó temas de coyuntura. "La ciudad amaneció cubierta por un espeso manto de humo por la irracional decisión de quemar los pastos. Por eso pedimos un amparo ambiental. Necesitamos una protección para Rosario, por la ecología y por la salud de todos los ciudadanos", remarcó el prelado.

Instantes después, también abordó el tema de la inseguridad. "Tenemos que pedir por la vida y seguridad de la gente en las calles, para que los que caminamos, los automovilistas, los taxistas, los que trabajan en sus negocios o simplemente están en sus hogares, tengan una debida protección", remarcó.

Sus palabras fueron seguidas con atención por miles de fieles que, espigas y estampitas en mano, brindaron otra impactante demostración de fidelidad al Patrono del Trabajo. La seguridad del evento, en tanto, estuvo garantizada. La policía desplegó en el lugar alrededor de 50 efectivos y varios patrulleros.

Las primeras horas. Sobre el mediodía, la conmemoración de San Cayetano había acaparado una moderada concurrencia.

"Flojo, muy flojo", repetía Elbio al comparar las ventas con las del año pasado. "Estamos abajo de la mitad de lo que vendíamos, hay gente, pero se ve que compra menos", consideró el vendedor ambulante con sus artículos de santería casi intactos.

A metros de allí, Hugo coincidía con su colega. ¿Cuánto vendió hasta el momento?, le preguntó LaCapital. "Lo que me ves en la mano", mostró el hombre blandiendo un billete de dos pesos.

Conocedores de los avatares de la calle, otros vendedores se lamentaban con la proximidad de dos fechas fuertes en la venta callejera: "El problema es que San Cayetano está muy encimado con el Día del Niño y la gente cuida el bolsillo", razonó otro puestero.

Por la tarde, la devoción pudo más que las ventas. Los fieles se emocionaron y coparon la plaza, como todos los años, con la fe intacta y la necesidad de agradecer el tener trabajo.

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