La Ciudad

Postales diluvianas: a 50 años de una de las peores inundaciones de la historia de Rosario

El 4 de febrero de 1971 cayeron 153 milímetros en doce horas, la ciudad quedó anegada y el daño material fue enorme

Jueves 04 de Febrero de 2021

El verano había sido complicado y desde hacía una semana el clima no le había dado tregua a los rosarinos en un tándem de “lluvia, tormentas eléctricas, sol, lluvia” que llegó a su paroxismo el 4 de febrero de 1971. Una depresión atmosférica, muy pronunciada en la región, había decantado en “bruscos cambios climáticos” e “intensas lluvias con registros alarmantes”. La palabra del metereólogo Mario Zavallo del Aeropuerto Internacional Rosario fue la explicación científica a la tragedia cuando a la 1:40 de la madrugada de ese jueves comenzó a llover torrencialmente.

Se cumplen hoy 50 años de una de las mayores inundaciones que haya experimentado la ciudad, con más de 1.500 evacuados, y una más de las que obligó a una solución, muchos años después, definitiva. Desde la primera hora de la madrugada y hasta pasado el mediodía, o sea en doce horas, cayeron 153 milímetros de lluvia acompañados por un fuerte viento y sonoras descargas eléctricas.

Por supuesto que los barrios anegadizos de la ciudad, ubicados en planos de bajo nivel o con un deficiente sistema de desagües, fueron los que más sufrieron las consecuencias, y Empalme Graneros, así como los asentamientos sobre las márgenes de los arroyos, se llevaron la peor parte.

En los barrios Industrial y Ludueña también se vivió “con intensidad” el problema, y se inundaron calles y viviendas en los barrios Azcuénaga, Belgrano, Villa Nueva, Villa Urquiza, Bella Vista, Triángulo, Estanque, Fisherton y zona sur. El cementerio La Piedad también se anegó, así como las calles que los circundan.

En las calles de toda la ciudad se vieron enormes lagunas que a veces sobrepasaban el nivel de las entradas a las viviendas y un sinnúmero de autos atascados.

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En el centro las bocas de tormenta no fueron suficientes para drenar el agua caída y mucho menos por “la desaprensión de los vecinos que arrojan sobre ellas desperdicios de todo tipo”.

La ciudad prácticamente debió detener su marcha y los servicios fueron muy afectados en sus prestaciones. Quedaron incomunicadas 3.400 líneas de teléfonos y en varios sectores de la ciudad se cortó el suministro de energía eléctrica, situaciones que se prolongaron por varios días ya que los operarios de ambas compañías no conseguían llegar a los cableados y a los transformadores subterráneos. Una situación crítica se vivió en el Hospital Provincial debido a la falta de suministro eléctrico.

La crónica de La Capital ensalza la prestación del servicio de transporte urbano de colectivos que cumplió su trabajo con algunas modificaciones a los trayectos habituales. No funcionó el servicio de taxis así como el de transporte interurbano que vio cortadas las rutas de acceso y egreso de la ciudad. Los trenes funcionaron normalmente, a excepción del tramo Pujato-Zavalla, y el aeropuerto también.

El Cuerpo de Bomberos centralizó las tareas propias de la emergencia con quienes colaboraron la Cruz Roja, la Policía y la Municipalidad que, en un comunicado oficial, explicó que “los inconvenientes” se debieron al no estar completados los trabajos en los emisarios 9 y Sur, y sus ramales secundarios.

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Una postal veneciana

Empalme Graneros fue el epicentro de la crítica situación. “Por las calles Felipe Moré y Juan José Paso, hacia el sur, podía apreciarse el aspecto veneciano del lugar” se espanta el cronista de La Capital.

El barrio de zona noroeste fue el más perjudicado ya que en algunos sectores del barrio el agua superaba los 50 centímetros debido al terraplén del Ferrocarril Belgrano que impedía su escurrimiento. La desesperación fue tal que algunos vecinos intentaron cavar en el terraplén una salida para el agua, acción que fue impedida por la policía. Sí fue autorizada una pala mecánica que se trasladó a Paso y las vías del ferrocarril Belgrano, pero la purga no hizo más que agravar la situación en barrio Industrial.

Quienes quedaron en sus casas “construían caballetes para levantar muebles y otros enseres del hogar”. También se improvisaron estrategias de contención de las aguas con sacos de arena en la entrada de las casas

El cuadro por J.J. Paso era diluviano: “Verdaderas caravanas compuesta de vecinos introducidos en el agua hasta las rodillas, carros, camiones y toda clase de vehículos (...) ponían un marco de tensa expectativa”. No se registraron actos de pillaje.

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Los evacuados

El arroyo Saladillo salió de su cauce a la altura del puente sobre la ruta nacional Nº 9 , cauce por el que “las aguas se desplazaban con fuerza”, y en varios kilómetros de su curso. El arroyo Soldini se desbordó completamente.

Según comenta el diario, “al igual que otros años se repitió el espectáculo penoso de la evacuación”. Muchas personas lo hicieron por sus propios medios y a casa de familiares o amigos, por lo que no figuran en la cuenta oficial de más de 1.500 evacuados, tanto de los barrios como de las islas, hacia las instalaciones de la Sociedad Rural en el parque Independencia y otras dependencias.

En la Sociedad Rural 55 personas de la Cruz Roja y el Hospital del Centenario dieron asistencia a 1382 personas, a 150 en la Iglesia del Perpetuo Socorro de avenida Alberdi, a otras 150 en un local de Godoy al 4400 y 400 evacuados se trasladaron a un convoy de vagones estacionados en la vías del ferrocarril, inclusive la Comisaría 20ª que mudó su oficina a ese lugar transitorio. El Hospital Municipal Alberdi fue el encargado de las raciones de comida. Entre los evacuados había unos 400 niños, quienes fueron vacunados contra el tifus, la parálisis infantil y otras enfermedades.

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El fenómeno

El diario La Capital del 5 de febrero hace algunas comparaciones para entender el fenómeno. En todo 1970 cayeron 1.074 milímetros, en tanto en enero (de 1971) y cuatro días de febrero las lluvias totalizaron 336 milímetros, o sea el 30 por ciento de aquel total. Ahora, si se suman los meses de diciembre de 1970 y enero, y los cuatro días de febrero de 1971, ese total llegó a 531 milímetros, esto es casi la mitad de lo caído en 1970.

Y hay más. En enero de 1970 cayeron 168,4 milímetros y en el mismo mes de 1971 sólo 137,1, pero en los primeros cuatro días de febrero del 70 y 71, respectivamente, llovieron 21,4 milímetros y 199,1 milímetros.

La angustia volvió a sobrevolar la ciudad cuando al otro día, viernes 5 de febrero, cuando por la mañana la lluvia volvió a hacerse presente y, si bien lo hizo en forma intermitente, por momentos arreció y provocó más anegamientos. Cayeron otros 42,7 milímetros. Por la tarde hizo buen tiempo.

Lo peor, cuando baja el agua

La Dirección de Cultura municipal debió suspender los espectáculos programados para ese fin de semana en el anfiteatro municipal. El sábado debía presentarse el Conjunto Vocal Argentino y el domingo el cantor nacional de tangos y milongas Edmundo Rivero.

Para el sábado las aguas habían descendido y el 50 por ciento de los evacuados había regresado a sus hogares. No había nada que celebrar ya que, como dicen los ancianos, lo peor no es cuando el agua llega, sino cuando el agua se va y sólo queda destrucción e indignación. En Empalme se vieron “rostros sombríos, mucha gente atareada en limpiar sus casas, calles sucias aún de lodo y ramas de árboles esparcidas por doquier”. Los vecinos “se mostraron escépticos en relación a la ayuda oficial y volvieron a reclamar obras”.

Ese mismo día el gobernador de facto general de división (RE) Guillermo Sánchez Almeyda sobrevoló la zona, y luego participó en los altos de la Jefatura de Policía de una reunión junto a ministros de su gabinete, el intendente de Rosario Luis Beltramo y otros jefes comunales. Prometieron que las obras del Emisario 9 comenzarían en marzo.

El domingo 7 de febrero en su página editorial, La Capital se hizo eco de las “angustias, desvelos y cuantiosos daños materiales” producida por la falta de las obras necesarias para que no haya más inundaciones en Rosario. “No estamos en presencia de un problema nuevo” alertó y saludó a la ciudadanía ya que “se renovaron los tradicionales sentimientos de solidaridad” de diferentes instituciones y particulares con las víctimas.

Y cierra creyendo que las las desoladoras experiencias acumuladas “han de bastar, suponemos, para encarar, de una vez, la solución integral y definitiva del problema que tanto agobia a la ciudad”. Habrá otras inundaciones en 1977, la peor en 1986 y en 1997, así como en 2002, 2003 y 2007. Recién en 2016 el gobernador Miguel Lifschitz inauguró el Aliviador III que minimizó los riesgos de inundación en la zona noroeste de Rosario.

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