Pandemia

Por la pandemia de Covid-19, vecinos del centro van a los comedores comunitarios

Un nuevo sector se vio arrojado a una situación de fragilidad económica y social, llegando a necesitar algo tan básico como un plato de comida.

Domingo 23 de Agosto de 2020

Producto de la crisis económica agudizada en los últimos meses por la pandemia, un nuevo sector se vio arrojado a una situación de fragilidad económica y social, llegando a necesitar algo tan básico como un plato de comida. Hoy, a los históricamente postergados, se le sumó una nueva franja de población de la clase media céntrica que requiere alimentos y no cuenta con las redes de contención barriales, como ollas populares, merenderos y copas de leche.

   Para hacer frente a este nuevo escenario, desde Ciudad Futura generaron una gran “cocina centralizada” en el local del distrito centro (San Martín 1168), que produce viandas para llegar a este nuevo sujeto a través de entidades que las distribuyen, como clubes, vecinales, escuelas, o personas comunes que toman a cargo la distribución a otras familias.

   Comenzaron el 21 de mayo con 180 raciones, y actualmente llegan a 500. Los que las reciben son trabajadores de delivery, habitantes de pensiones del centro, actores, titiriteros, artesanos, peluqueras, trabajadoras sexuales, comerciantes y vecinos organizados. “Son gente que es difícil de detectar para el Estado, porque no ha sido mapeada. No reciben planes ni viven en barrios vulnerables. Son clase media que va cayendo lentamente”, explica la militante Estefanía Bianco.

   Cocinan dos veces por semana, martes y jueves, y las entregan por la tarde. La gente tiene que llevar sus recipientes para ahorrar en descartables, porque cada peso se invierte en alimentos. Todo funciona con donaciones de personas individuales, del Banco de Alimentos de Rosario, y fondos propios de la agrupación. Cada persona que recibe la vianda es una historia particular de necesidades.

Delivery    

Viviana (32) es abogada pero trabaja para un app de delivery. Luego de renunciar a un estudio jurídico en el que le pagaban poco, se largó sola y también empezó a cadetear de noche como complemento para llegar a fin de mes. Pero la pandemia paró los Tribunales, y los honorarios laborales de los clientes, con la crisis, también se cortaron. Dejó su departamento al vencer el contrato, pasó por lo de una tía, y recaló en una pensión de Laprida al 900.

   Allí viven varias mujeres que tenían trabajo en relación de dependencia e ingreso fijo, pero la pandemia las dejó sin nada. También artesanas y señoras mayores sin empleo que son ayudadas por sus familias. Muchas estaban allí porque no tienen garantía para alquilar. Todas sintieron la carencia. Las viandas, que Viviana lleva martes y jueves tras enterarse por un compañero, se estiran para que alcancen para miércoles y viernes. “La ayuda sirvió para ahorrar en comida y cubrir el gasto de alquiler, que se convirtió en el más urgente durante la cuarentena”, cuenta.

Solidario    

Javier (49), es titiritero y docente de arte. Junto a colegas sostiene la Estación de los Títeres, en 9 de julio y Paraná, y cuando se enteró de la existencia de las viandas solidarias, se ofreció a repartirlas. “Nosotros no necesitábamos, pero la señora que limpia la estación y vive en Ovidio Lagos al 8000, nos dijo que sí”, cuenta. Hasta allí lleva en su auto comida para 40 vecinos: “Una abuela me dijo «gracias por llenarme la panza» cuando se la entregué”, ilustra con tristeza.

   Pero además, reparte otras 50 a grupos de actores y de payasos en Arroyito y en la zona de la Terminal, donde están viviendo en comunidad en grandes casas. “Por el lado artístico no está ingresando plata, así que se juntan entre muchos y viven todos juntos”, revela. Entre ellos, hay muchos jóvenes, estudiantes de la escuela de teatro y de circo que viven trabajando en las paradas de semáforos. También juntan fondos entre colegas para hacerle bolsones a los que solo viven del arte, y la están pasando mal.

Teatro    

Angel (50) es actor y dice que la pandemia le pegó “de la peor manera posible”, porque además de trabajar en la actuación, hace música y pasea perros. Todas las actividades que le daban ingreso quedaron truncas: al parate artístico le sumó la imposibilidad de pasear mascotas, y luego que los dueños aprovechaban la excusa para salir de su casa. Hoy tiene la tercera parte de clientes que antes del virus. Alquila una habitación en una casa de familia, adonde se fue atrasando pero lo “bancan”.

   Una amiga le avisó de las viandas. Fue un par de veces a retirar y preguntó si necesitaban una mano, así que los martes y jueves va a pelar zanahorias y cebollas a la cocina. “Me parecía lo mínimo por lo copado del gesto”, dijo, y destacó “la red solidaria y de ayuda” a las personas vulnerables, ya que también recibe bolsones del Sindicato del Músico y de la Asociación de Actores. Advierte que el panorama para los artistas “es desolador” porque el teatro seguramente sea una de las últimas actividades en retomarse. Considera que el streaming sin público en vivo “es como dar un show haciendo playback”, y que además, “son cuestiones selectivas y vinculadas a los amiguismos”.

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