Cuando las mujeres aún no manejaban ni automóviles, ella quiso manejar aviones. "Intrépida", "osada" y "atrevida" fueron algunos de los adjetivos con los que los diarios de principio del siglo XX utilizaban para calificar a Amalia Figueredo, una "señorita" de apenas 20 años que en 1915 piloteó sola un avión desde Buenos Aires hasta Rosario. La joven había volado la primera vez, en el que se consideró su bautismo, con el propio Jorge Newbery y desde entonces no dejó de intentar hacerlo por ella misma. La hazaña, para su tiempo, la concretó el 1º de octubre de 1914, cuando con 19 años y al mando de un biplano Farman de 50 caballos de fuerza, logró su diploma y se convirtió en la primera mujer aviadora del país y de Sudamérica.
Amalia Figueredo era rosarina, había nacido en la ciudad en febrero de 1895. Sin embargo, su vocación aérea llega cuando su familia ya había dejado Rosario para trasladarse a Buenos Airesl, más específicamente a Villa Lugano. Vecina del aeródromo, Amalia conoció ya de adolescente al aviador francés Paul Castaibert y al propio Newbery, con quien tuvo su vuelo de bautismo, hizo sus primeras incursiones aéreas y aprendió sobre monoplanos tomando clases en tierra.
Voló con Castaibert en las primeras décadas del 1900, pero rápidamente encontró en Lugano un límite concreto: el hecho de que no la dejaran volar sola los aviones, por lo que decidió dejar ese espacio de aprendizaje y trasladarse a San Fernando, al norte de Buenos Aires donde insistió.
Otro francés que por esos años había desembarcado en el país, Marcel Paillete, fue su instructor en San Fernando, donde Amalia comenzó a volar biplano. La consagración también se hizo esperar: el 6 septiembre de 1914 hizo su primer examen de piloto pero tuvo un accidente durante el ensayo. Tozuda en su deseo, casi un mes más tarde, el 1º de octubre de ese mismo año, se presentó nuevamente y obtuvo su Licencia Internacional de Pilota Aviadora, la Nº58 que otorgaba en el país el Aero Club Argentino.
Así, Amalia se convirtió en la primera mujer de la Argentina y de Sudamérica en obtener lo que los instructores franceses llamaban por entonces "brevet", lo que además le valió reconocimientos no sólo en Argentina, Brasil y Uruguay, sino además el brevet de Aviador Militar "honoris causa" de la Fuerza Aérea.
Volar -y volver- a Rosario
Las exhibiciones públicas de vuelos se convirtieron en su actividad y así, en avión, volvió a Rosario en 1915. El vuelo unió la capital con su ciudad natal, a lo que se sumaron en abril de ese año muestras en el Hipódromo del Parque Independencia, donde incluso Amalia hizo un discurso al público.
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Sus palabras y agradecimiento, incluso en letra manuscrita, quedaron registradas en el Archivo de la Provincia, donde bajo el Nº3171 la Policía de Santa Fe había registrado en un prontuario todas las actividades de Figueredo en la ciudad. Incluso su alojamiento ese año en el Hotel Europa.
"El acto social que asisto en este instante llena mi espíritu y mi corazón de satisfacción y de entusiasmo, redobla mi energía para proseguir adelante la carrera que he abrazado con los bríos de mi juventud", dijo ante el público para comenzar su discurso ante el público en abril de ese año.
En ese marco, donde además recibió de parte de la ciudad una medalla y un diploma, fue el escenario donde puso en valor el rol de las mujeres.
"El galardón de vosotras, niñas y señoras, que contemplan mi valor con el menos precio de mi vida como si fuera una excepción entre vosotras, pero no es así -continúa diciendo-. Toda la gloria, toda admiración que puedo despertar entre vosotras se debe a un instante de firmeza y entusiasmo que quiso cernir de gloria a vosotras rosarinas que siempre fuisteis aparte de madres virtuosas e hijas cariñosas la mujer patriota que dejabas un instante vuestro hogar para plegarse a los patricios llevando la bandera azul y blanca símbolo de nuestra patria y nuestra raza".
Incluso con vuelos nocturnos, llevados adelante con su avión iluminado, la presencia de Amalia fue por esos semanas todo un acontecimiento. Tanto que todas sus actividades y vuelos quedaron registradas bajo el título de "Los vuelos de la Señorita Figueredo" en decenas de publicaciones del diario local "La Reacción", donde la destacaron como “la primera argentina en afirmar los derechos de su sexo hacia la conquista del aire es hija del Rosario”.
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Una pionera en un terreno masculino
A los 20 años, Amalia se casó con Alejandro Pietra y dejó de volar asiduamente. Sin embargo, a lo largo de su vida recibió innumerables homenajes y reconocimientos. Así y todo, su hazaña de volar sigue siendo un hito en una actividad donde hasta la actualidad, las mujeres están en franca minoría.
Según datos de la Administración Nacional de Aviación Civil del año 2020, las mujeres representan tan solo el 1,5 por ciento de la flota de pilotos comerciales del país. Y ante ese escenario y un siglo más tarde, la historia de Amalia se retoma vigencia.
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En 1964, al cumplirse 50 años de la obtención del brevet, el Ministerio de Aeronáutica le entregó a Amalia el título de Aviadora Militar "Honoris Causa", y ese mismo año fue homenajeada en el Congreso de la Nación como "ejemplo de heroicidad y patriotismo".
Fuera de la Argentina, en septiembre de 1968, la aviación civil uruguaya la honró otorgándole el diploma de ese país, y en noviembre, Brasil por intermedio de la aviadora Anesia Pinheiro Machado, la condecoró con la "Orden del Mérito" y le dio el grado de Gran Oficial. Ya en el 71 fue designada Precursora de los "Vieilles Tiges", una entidad de París que agrupa a los pioneros de la aviación francesa y donde se la reconoce entre los pioneros.
Con aeródromos que llevan su nombre y también su ciudad rindiéndole homenaje en sus calles, Amalia falleció a los 90 años el 8 de octubre de 1985.
Esta nota forma parte del trabajo multimedia "Ahora que si nos ven", que busca recuperar una a una, las intensas y multifacéticas vidas de las mujeres rosarinas que son parte de la ciudad en el nombre de sus calles.