Empezaron hace 16 años siendo un puñado de mujeres y llegaron a ser más de 40. Trabajan con los recién nacidos que quedan en neonatología, a veces durantes meses, y en el apoyo a las madres. Reciben donaciones y las distribuyen. Hacen un trabajo social y humano de enorme valor. El Voluntariado de la Maternidad Martin ya es una institución en la ciudad, y una referencia en cuanto a la labor solidaria y asistencial.
El Voluntariado de la Maternidad Martin está conformado por más de 30 mujeres que ayudan, asisten y acompañan a aquellas que dan a luz en el hospital. Sobre todo, su labor está dirigida a quienes deben quedarse días o meses allí porque sus bebés se encuentran en neonatología. “Nosotras tenemos mucha relación con las mamás de neo. Quizás las que tienen un bebito hoy, a lo mejor ya mañana se van a su casa. Pasamos por las piezas, preguntamos qué necesitan y se lo damos. Pero están poco tiempo. Las madres de neo pueden llegar a quedarse días e inclusive meses”, relata la jefa del Voluntariado, Graciela Grondona, en diálogo con La Capital. Los trabajos que realizan son variados. Reciben donaciones tanto para las madres como para los bebés recién nacido, entretejen relaciones y vínculos con otras ONGs de la ciudad pero también con iglesias, escuelas y sociedades civiles. Además, armaron un espacio comedor para poder encontrarse con las madres todos los días al mediodía y ofrecen un taller de manualidades una vez por semana. Sumado a todo esto, abrieron un dormitorio con cuatro camas para quienes necesiten dormir allí. Una labora incansable.
Fue en febrero del 2008 cuando el diario La Capital publicó un anuncio que invitaba a todas aquellas personas que quisieran formar parte de la creación del Servicio de Voluntarias de la Maternidad Martin. La idea había sido impulsada por quien era la jefa de Neonatología, Gabriela Puig, y a ese primer llamado acudieron tan sólo seis mujeres. Sin saberlo, estaban sembrando la semilla de lo que en pocos años se convertiría en una gran familia. Con el tiempo, el grupo fue creciendo y llegaron a tener alrededor de 40 voluntarias.
Las donaciones que reciben son de todo tipo. Camisones, bombachas, mantas, ropa para bebés de todos los tamaños y pesos, pañales y hasta cochecitos y cunas. En el Roperito, un espacio ubicado en el segundo subsuelo de la Maternidad, todos estos productos son custodiados por estas mujeres que, movidas por la pasión y la vocación, los entregan a quienes más lo necesitan. “Las enfermeras y asistentes sociales, cuando detectan algún caso de una mamá que necesita nuestro apoyo nos llaman. Recién vino una chica que llegó sin nada. Le subimos camisón, bombacha. Imaginate que una parturienta y su bebe necesitan ropa limpia, toalla, apósitos. Nosotras vamos, le preguntas la talla, qué cosas necesitan exactamente y se lo damos”, señalan Grondona. De esta manera, el vínculo entre enfermeras, asistentes sociales y voluntarias genera una red de contención para aquellas mujeres que se encuentran transitando un momento tan delicado como el de dar a luz.
“En plena pandemia logramos algo muy importante: nos conformamos como la Asociación Civil Amigos del Voluntariado de la Maternidad Martin. Eso nos dio un marco legal, libro de socios, todo”, narra Grondona. Las donaciones, dicen, son constantes. Sin embargo, en los meses de enero y febrero las donaciones disminuyen un poco. Por suerte, ahora se convirtieron en una Asociación Civil con cientos de socios que colaboran pagando una modestísima cuota de mil pesos cada mes. Estas contribuciones fijas le permiten a las voluntarias sortear los momentos en los que las donaciones disminuyen, generando una estructura mucho más sólida y la posibilidad de continuar ayudando a las mujeres que ingresan al hospital.
Una mañana en la Maternidad
En el Roperito, rodeadas de pañales y prendas de todo tipo, se encuentran cuatro mujeres a quienes une el deseo y las ganas de dar una mano. Graciela Grondona, Adriana Cattaneo, Mariana Yunes y Analía Coppa se sientan alrededor de la mesa que se ubica en el centro del pequeño espacio ubicado en el segundo subsuelo de la Maternidad. Acaba de llegarles una donación del grupo Adopción Espiritual, un grupo de mujeres que tejen y rezan durante los nueve meses que dura el embarazo. Lo que producen, lo bendicen y lo donan, en este caso, al Voluntariado de la Maternidad. En la caja que recibieron hay mantas bendecidas, que las mujeres sacan y guardan en uno de los armarios.
"El 80 por ciento del voluntariado está compuesto por ex docentes. Ya tenemos el chip de hacer que el otro se sienta bien, de que uno no pase por este mundo en vano", señala Graciela. Ella fue profesora de Ciencias Naturales y Adriana Cattaneo de matemática, cuando se jubilaron se unieron al voluntariado. Por su parte, Mariana Yunes fue alumna de Graciela y por eso conocía el espacio. En el 2020 le escribió porque quería formar parte y pudo incorporarse efectivamente cuando la pandemia del Covid-19 amainó. Un día se cruzó con Analía Coppa, a quien ya conocía porque sus hijos había ido al colegio juntos. Analía ya sabía del espacio porque ella misma tejía y realizaba donaciones, pero cuando se cruzó a Mariana y ella le contó que había empezado a colaborar en la Maternidad, quiso sumarse. Y lo hizo. Ahora las cuatro forman parte de un grupo más grande: 31 son las mujeres que forman este espacio de ayuda y contención.
El relato de cómo se unieron al voluntariado se ve interrumpido. Una mujer golpea la puerta y entra al lugar con una bolsa de ropa sucia. "Yo estoy con Samuel. Vengo a dejar la ropita y necesitaría algo limpio". Samuel es un bebé que se encuentra en la parte de neonatología, varios pisos arriba, pero que ya podría haberse ido. Sin embargo, la madre se marchó y ahora el niño se encuentra a cargo del Juzgado de Menores. Las voluntarias se mueven con rapidez, sacan cajas, corren otras, abren, agarran ropita, reciben la bolsa con las prendas sucias, cierran, guardan, ordenan. Todo en pocos minutos y en un espacio pequeño que, sin embargo, no les impide llevar adelante el pedido. Como Samuel hay otro bebé que se encuentra también judicializado. Cuentan, además, que hace poco eran cinco pero, por suerte, fueron encontrando familias solidarias.
El recorrido por las instalaciones de la Maternidad Martin puede resultar laberíntico para quiens no la conoce. Del Roperito, hay un tramo pequeño hasta el depósito. Allí, se guardan más pañales, cochecitos y cunas. "En 2023 entregamos casi 75 artículos entre coches y cunas. Fueron donaciones y nosotras los entregamos. Es increíble porque algunas cosas son muy caras. Por supuesto, tiene que venir un pedido formal a través de una asistente social que evalúa caso por caso, porque sino sería imposible darles a todas un coche o una cuna", contó Adriana Cattaneo, una de las integrantes del voluntariado.
En los pisos de arriba hay otros espacios que completan el gran trabajo lleva adelante por estas mujeres. De a poquito y a pulmón generaron lugares de encuentro, recreación y estadía. “Tenemos una residencia dormitorio. La equipamos con camas, acolchados. Es para las mamás que vienen de lejos y se tienen que quedar varios días. Tienen todo acá, ropa de cama, baño, todo para que se sientan como en un hotel”, cuenta la jefa del voluntariado. Además, lograron crear, en el quinto piso, un espacio para comedor. Allí cuentan con heladera, microondas, hornallas. Todo donado, no solamente por la ciudadanía sino también por políticos y empresas. A las 11.30 es el horario del almuerzo y las mujeres que están viviendo provisoriamente en el hospital se reúnen en el comedor junto a las voluntarias. Allí, comen, charlan y comparten un rato en comunidad. “Charlamos con ellas, les preguntamos, nos cuentan sobre sus bebés”, relata con una sonrisa Graciela. Como si fuera poco, abrieron un taller de manualidades, "Tejiendo Sueños”, que realizan todos los lunes a la tarde para que las mamás tengan un momento de recreación y disfrute.
Las palabras de agradecimiento que se pueden ver al entrar a la residencia dormitorio dan cuenta de la importancia de la presencia y el acompañamiento de este grupo de mujeres. Papelitos colgados, uno encima de otro, escritos con biromes de distintos colores se encuentran sobre un corcho en la pared y muestran los registros de quienes pasaron por la Maternidad. Transmiten el amor y el cariño que recibieron. Para las voluntarias, el reconocimiento de las autoridades es importantísimo pero nada es más satisfactorio que la gratitud de las madres. Hay algunas que vuelven a visitarlas y ellas las llaman "las mamás estrellas".
Tejiendo redes
"En 2023 cumplimos quince años y organizamos una campaña: «Quince años, quince escuelas». Les pedimos a las instituciones, sobre todo a los chicos de quinto año, que organizaran dentro de su escuela una campaña para recibir donaciones. Pañales, ropita que hayan usado, toallones, cochecitos, mantas. Con enorme sorpresa las quince escuelas se convirtieron en treinta porque muchos establecimientos se plegaron. No podíamos creer la cantidad de adolescente que nos visitaron, que hicieron campaña, armaron flyers. publicaciones, pusieron cajas en los salones, los retiraron y vinieron acá fuera del horario escolar a traérnoslo. Fue maravilloso", recuerda Cattaneo. Emocionadas, cada una de las mujeres presentes remarcaron la participación de los jóvenes el año anterior. "De todas las clases sociales, desde el Colegio Alemán hasta la escuela de barrio La Flores. Todos tomaron la campaña como propia", remarca Grondona.
Además, construyeron vínculos con los ex combatientes de Malvinas. "Si hay que entregarle un coche a una mamá que no tiene medios, está solita o se encuentra en un barrio difícil los chicos de Malvinas vienen con sus camiones y lo llevan", declaran las mujeres. Otra institución con la que se relacionan de manera estrecha es la Bolsa de Comercio. "En el 2023 nuestra marca fue trabajar en red con otras ONGs de Rosario. A su vez, la Bolsa nos dio contactos, relaciones fluidas. Cuando necesitas algo o cuando tenés algo que a vos no te sirve pero seguro que hay otro que sí. Es increíble el trabajo de las organizaciones civiles de nuestra ciudad y no esa lo suficientemente visibilizado", sostiene Cattaneo.
Las redes sociales como Facebook e Instagram también forman parte del mundo de las Voluntarias. "Nosotros somos hijas del pizarrón y la tiza. Nos tuvimos que aggiornar o sucumbíamos. Nos permitieron que nos conozcan todo el mundo", dice Graciela entre risas.
Para colaborar
Las voluntarias se encuentran en la Maternidad Martin de lunes a viernes por la mañana. Si ellas no se encuentran, quienes estén interesados pueden dirigirse a la puerta que se encuentra por el pasaje sobre calle Moreno y dejar la donación en recepción. En estos meses de calor lo que más necesitan son pañales, pero en los meses de invierno la ropa de abrigo es esencial. Por otro lado, la página web de las Voluntarias de la Maternidad Martin tiene toda la información necesaria para donar pero también para asociarse y contribuir todos los meses a sostener este espacio.
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