La ciudad

Los ciclistas reclaman más respeto en las calles rosarinas

El debate se reavivó tras el accidente que tuvo como víctima a una joven de 24 años el primer día del año.

Domingo 13 de Enero de 2019

No es fácil ser ciclista en Rosario, una ciudad que si bien busca incentivar una movilidad sustentable no logra ofrecer ni seguridad ni control a quienes por necesidad o convicción hacen de las dos ruedas su forma diaria de traslado.

Esa es la idea básica que despliega el ingeniero en sistemas Pablo Botta, integrante de STS (Soluciones Tecnológicas Sustentables) y parte fundamental de Rosario en Bici (rosarioenbici.com), un proyecto que defiende el rol de la bicicleta dentro de la ciudad y que clama para que "sea respetada como modo de transporte".

El siniestro que tuvo como víctima a una joven de 24 años durante el primer día del año volvió a poner en debate este tema. Marianela Ojeda circulaba con su bicicleta por calle Sarmiento al 3000 cuando un Toyota Etios color blanco la chocó de atrás y sin aminorar la marcha se dio a la fuga, dejándola tirada en la calle.

Después de que el episodio se hiciera público, los ciclistas rosarinos volvieron a expresar su bronca en las redes pidiendo lo que debería ser básico pero muchas veces falta en las calles: respeto, controles, empatía y solidaridad.

Cátedra

"Muchas veces parece que los peatones y los ciclistas somos ciudadanos de segunda y vemos a automovilistas dando cátedra como si nos estuvieran haciendo un favor al cedernos el paso. Y es al revés, es el que camina el que tiene prioridad" destacó Botta. "La bici es la única forma de moverse de forma independiente que tienen los adolescentes o los niños. ¿Y cómo los recibe la ciudad?", se preguntó.

¿Por qué a diario pueden verse escenas de agresión en el tránsito en las que casi siempre gana el más fuerte o sea el que maneja el vehículo más pesado? Según el ingeniero en sistemas se trata de un problema multicausal que tiene una componente cultural importante.

"Todos pensamos que la ciudad es de los autos, y que el tener un auto otorga derechos como a estacionar en cualquier parte. Nos venden autos diciéndonos que nos llevan a cualquier lado y entonces se piensa que eso otorga el derecho a que los estacionamientos sean baratos o gratis y a usar la vía pública para estacionar" reflexionó.

De hecho la ciudad está diseñada para los autos: "Si vas en bici por Pellegrini te das cuenta que los semáforos están coordinados para el ritmo de los autos. El ciclista tiene que parar casi en cada esquina, no importa si se moja o tiene frío, es el más desprotegido y nadie pensó en eso".

Poco control

Una de las claves para entender las razones por las cuales en las calles sigue ganando el más fuerte es la falta o la poca cantidad de controles y sanciones.

"Siempre parece que son los ciclistas los que no quieren acatar nada y eso no es así, aceptaríamos más controles pero lo primero que quisiera es que las leyes estén orientadas a proteger a peatones y ciclistas, que deben tener ciertas prerrogativas", mencionó Botta.

Los controles deben además ser proporcionales a las responsabilidades que cada uno tiene: "Son cosas muy distintas, no es lo mismo manejar un auto que una bici o ir a pie. O un colectivo, que es cuatro veces el tamaño de un auto" agregó, para señalar que la responsabilidad es aún mayor si se trata de un chofer profesional —como fue el caso de la joven ciclista atropellada— que está entrenado para manejar.

Esa falta de proporción entre lo que significa manejar un auto o un vehículo pesado y una bicicleta es algo pocas veces tenido en cuenta: "Un auto de una tonelada que acelera tiene mucho poder de fuego, se convierte en un arma. En cambio es muy difícil o imposible encontrar a alguien fallecido atropellado por una bicicleta".

"Muchas veces se reclama que los ciclistas usen casco, pero si te pisa un colectivo no hay casco que alcance. Lo que precisamos es una decisión política de controlar. Si la ciudad decidió tomar el camino de la movilidad sustentable y del uso de la bici eso tiene que estar acompañado de otras políticas de control y respeto, si no al manejar la bicicleta empezás a sentir miedo" sintetizó Botta.

Infraestructura

En los últimos años la ciudad ha ido sumando muchos kilómetros de ciclovías y eso es algo reconocido por los ciclistas locales. Sin embargo, y como pasa en otros ámbitos, si una política concreta no está acompañada de un conjunto que acompañe puede dejar de ser una solución para convertirse en un problema.

"Las ciclovías están perfectas pero a veces están muy desconectadas y se cortan. Hay cosas que hay que decidir: si se quiere avanzar hacia una determinada política de movilidad hay que tomar decisiones claras, si no pueden convertirse en un peligro o en un problema nuevo", apuntó Botta.

El contexto tampoco ayuda: "Si hay cada vez más autos crece el caos de tránsito y todos empiezan a hacer cualquier cosa: las motos van por la ciclovía y los autos estacionan en cualquier parte. Cualquier medio de transporte se encuentra con que no hay respeto por nada y todos buscan sacar su pequeño provecho porque sienten que las condiciones no ayudan a hacerlo bien" subrayó el especialista.

Botta explicó que otro problema cultural es asociar la bicicleta con un pasatiempo o un paseo, cuando en realidad es un medio de transporte que muchas veces requiere ir a la velocidad máxima permitida.

"No siempre la bici se puede combinar con gente caminando como pasa con algunas ciclovías que están en las veredas, por el contrario deben pensarse sobre la calzada con la lógica de un medio de transporte" dijo el referente.

La velocidad

Reducir la velocidad máxima de los vehículos de cuatro ruedas puede ser una medida eficaz para que las calles rosarinas se conviertan en un lugar más seguro para los peatones y ciclistas. Así lo explicó Botta: "Si se bajara la velocidad de las avenidas de 60 a 50 kilómetros por hora y la de las calles de 40 a 30, el índice de mortalidad bajaría mucho".

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