Tuvo que pasar bastante agua bajo el puente desde que los vascos introdujeron el juego de pelota en la Argentina -reconvertido primero en "pelota Argentina" y luego en "pelota paleta"- para que el deporte pudiera comenzar a ser cosa de chicas, incluso teniendo en el país "pelotaris" de elite internacional. María Lis García, Verónica Stele, Johana Zair, Irina Podversich y Fabiana Burgos son algunas de las argentinas que lograron nivel internacional, pero corren con desventaja. Rosario, lejos de ser la excepción, mantuvo hasta ahora enclaves exclusivos de varones, el más tradicional el Club Rosarino de Pelota donde las mujeres no solo no acceden como socias plenas sino que solo participan de la vida social de la entidad. Sin embargo, donde les dan la chance, juegan. Y eso hicieron en el Club Remeros Alberdi, el segundo de la ciudad donde juegan mujeres y donde en poco más de un año se sumaron a la escuela 16 jugadoras que este viernes tendrán su primer torneo interno.
Fabián Persegani, docente e impulsor del espacio, contó que en el club de zona norte en la previa de la pandemia habían arrancado con la escuela, sobre todo con chicos, y "entre algunas socias apareció la idea de armar una Escuela Femenina y arrancamos los sábados a la mañana".
El espacio -incluso pandemia de por medio- ya sumó 16 participantes, un número nada menor si se tiene en cuenta que el club tiene unos 24 jugadores varones adultos en la especialidad de cancha abierta. Y la escuela de chicos de 7 a 14 años también va abriendo camino a las más chicas, ya que entre casi una veintena de alumnos están Delfina y Julieta.
Allí practican la modalidad de cancha abierta, que es la que hace en el club, y si bien no son las primeras porque el Club Fábrica de Armas ya las había incorporado hace un tiempo, claramente son pioneras en Rosario.
Boca a boca
Marisol Deccilli lleva la voz cantante entre las mujeres. "El grupo se fue armando boca a boca, entre mamás de pelotaris, otras como yo que no teníamos idea del deporte, nos fuimos acomodando y nos benefició mucho el hecho de que la pelota paleta fue uno de los deportes que se pudo sostener en el club en el marco de la pandemia", contó.
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El Club Remeros Alberdi es el segundo en Rosario en aceptar pelotaris mujeres.
Hoy 12 de las 16 que integran el grupo tendrán su primer torneo interno en seis parejas. Las más entrenadas lo harán con la pelota de goma tradicional que les exige velocidad de juego; otras, en cambio, lo harán con una más lenta con la que se inician en la práctica.
El color de la pelota es otro punto: se juega con pelota blanca sobre frontón verde, como será en este caso donde además grabarán el encuentro para las redes sociales del club, pero otra alternativa es utilizar pelota negra sobre frontón blanco.
Es más, Marisol no solo celebra la concurrencia, sino también la permanencia. "Todas que comenzaron, continuarán y las que tuvieron que abandonar, lo hicieron por alguna dolencia", señaló.
Deconstruir el pelota paleta
Fabián lo juega desde los 12 años en Deportivo Avellaneda (que ya no tiene frontón reglamentario), participó del Torneo Argentino a los 16, abandonó por un tiempo durante sus años de facultad y luego volvió al circuito. Con ese recorrido,, y reconociendo que la Argentina tiene pelotaris que son campeones del mundo en Barcelona en 2019, de los Panamericanos de Perú y son parte de la elite internacional, señaló que el camino para las mujeres siempre fue hostil.
"Es un deporte que siempre se cerró a los varones, incluso en círculos difíciles de ingresar", afirmó y señala que es "el contexto de apertura de esta época el que permite sumar a las mujeres a todos los ámbitos y también a este".
Dentro de Remeros, Marisol reconoce que no a todos les gusta, sin embargo, aclara: "Tampoco nadie obstaculiza, nosotras nos acomodamos a los horarios disponibles, encontramos un día y allá vamos".
"Siempre están los que tienen el dominio del terreno, pero el saldo es positivo -continuó la mujer-. Los chicos fueron abriendo el abanico con la escuela mixta y más allá de los que piensen los hombres más mayores, esas barreras las vamos corriendo de a poco".
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En la escuelita, con chicos de 7 a 14 años, ya se sumaron dos niñas.
Un enclave tradicional
Sin dudas el Club Rosarino de Pelota es el espacio que sostiene desde hace más de un siglo las tradiciones y así lo sostiene en la actualidad. Aún hoy las mujeres, como sucedía hasta hace poco en el Jockey Club, las mujeres no son socias plenas de la entidad, no tienen acceso a los principales deportes que se practican en la entidad -el pelota paleta y el squash- y solo participan de las actividades sociales y de la pileta.
Los inicios del club se remontan a 1922, cuando aficionados a este deporte y algunos de ellos vinculados al Centro Vasco Zazpirak Bat solían practicarlo en las viejas canchas cerradas de San Lorenzo y Mitre y llamadas por entonces "la del bajo", ubicadas en la bajada Sargento Cabral.
Por la falta de lugar, primero improvisaron un frontón en el patio de la familia Uranga, en Laprida al 1100, pero eso no fue suficiente y asesorados por quienes ya integraban el Club Argentino de Pelota en Buenos Aires, lo hicieron en Rosario.
Allí practican lo que se conoce como cancha cerrada y trinquete, otra de las especialidades, señala Fabián y agrega: "Siempre fue un club muy elitista y de difícil ingreso, incluso para los pelotaris varones".