La ciudad

Las golondrinas ya copan distintos puntos estratégicos de Rosario

Con la persistencia del calor comenzaron a llegar algunas especies de estas aves migratorias en busca de alimentos y lugares para nidificar.

Domingo 29 de Octubre de 2017

No sólo el almanaque marca el cambio de estación en una gran ciudad como Rosario. Los ritmos de la vida y de la naturaleza (por suerte) hacen lo suyo sin faltar a la cita y alcanza con tomarse un minuto y alzar la vista para disfrutar del espectáculo.

   Las aves son parte fundamental de ese ritmo y cada año hacen su presentación cuando el frío queda atrás y el buen clima se instala en la región: algunas especies de golondrinas, crespines, churrinches, benteveos rayados, cuclillos y anambés invaden rincones de la ciudad y de la isla en procura de alimento y un lugar protegido para nidificar y ver nacer a sus pichones.

   Si bien muchas eligen el Humedal, es común que a partir de septiembre las llamadas golondrinas domésticas busquen refugio en paredones o construcciones con huecos, sobre todo cerca de la vera del Paraná. Allí encuentran espacio para hacer sus nidos, insectos para alimentarse y agua en cantidad para prepararse para pasar el caluroso verano litoraleño.

   Pablo Cantador, aficionado desde hace diez años a la observación de aves en Rosario y la zona de islas, explicó que en Argentina hay 15 tipos diferentes de golondrinas, de las cuáles la que más se ve en Rosario es la más común que es la variedad doméstica, seguida de otros tipos que pueden detectarse en el Humedal, como la golondrina negra, la de ceja blanca, la negra y la parda.

   Las variedades doméstica y negra son migradoras "B", la forma en la que las guías de aves clasifican a las especies que migran en invierno hacia el norte del país y en verano hacia el sur, siempre en busca de comida y lugares seguros para nidificar y tener crías.

   Además de bellas, ágiles y elegantes, son aves que tienen asignado su rol dentro del equilibrio de los ecosistemas: al igual que los murciélagos, al alimentarse de insectos funcionan naturalmente como controladoras biológicas.

   Al no contar Rosario con facultad de Biología es muy difícil encontrar datos científicos sobre el comportamiento de estas aves durante los meses que pasan en la ciudad, ya que no hay programas de anillado que permitan su seguimiento ni un estudio sistemático por parte de ninguna institución. Una situación que se repite con todas las especies de animales y con la flora autóctona también, muy poco estudiada y con escasísismo bagaje de conocimiento producido localmente.

No es por capricho que año tras año las golondrinas aparezcan en los mismos lugares de la ciudad: la zona de la costanera norte (la bajada Gallo es un hermoso punto para avistarlas), las viejas construcciones portuarias que subsisten en la costanera central, túneles y paredones viejos que ofrezcan huecos para armar los nidos (como la entrada al túnel Illia) o abajo del viaducto Avellaneda, donde vías, vagones y antiguas construcciones también ofrecen un rincón apto para su instalación.


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