La ciudad

La dupla de matemáticos de la UNR que puso a Rosario en el mapa de la ciencia mundial

Escaparon del fascismo y marcaron un quiebre en la historia de la Facultad de Ingeniería, que cumplió 100 años hace una semana.

Domingo 09 de Agosto de 2020

A uno tuvieron que echarlo de la universidad y de las bibliotecas; el otro tuvo que escapar de su país cruzando una montaña a pie. Ambos dejaron un legado enorme, incluso trabajaron casi hasta el último día. Beppo Levi (italiano) y Luis Santaló (español) llegaron a Rosario para ponerse al frente del Instituto de Matemática de la Facultad de Ingeniería dejando atrás el avance del fascismo europeo y marcaron un quiebre histórico en la Facultad de Ciencias Exactas, Ingeniería y Agrimensura (FCEIA) de la Universidad Nacional de Rosario (UNR), que se convirtió en centenaria el 31 de julio.

 A Levi, el régimen fascista de Benito Mussolini primero lo cesó como docente de la Universidad de Bologna; después, le prohibió la entrada a las bibliotecas, donde estaba la materia prima para elaborar conocimientos. Santaló cruzó los Pirineos caminando para escapar del franquismo, estuvo en un campo de refugiados en Francia y su salvación llegó con una convocatoria para dar conferencias sobre matemática en la Sorbona, apoyado en la dualidad entre su juventud y experiencia: con menos de 30 años, ya había publicado trabajos científicos en revistas internacionales a pesar de haber estado en la guerra.

Con el doble de horas por semana, haciendo una comparación con docentes locales, Beppo se presentaba como alguien que a pesar de tener 64 años, todavía tenía ganas de seguir haciendo docencia e investigando sobre el pensamiento matemático.

Dio cuenta de eso en una carta de presentación: “Según las costumbres de aquí, los profesores universitarios tienen ordinariamente tres a seis horas de clase por semana, por las condiciones de nuestra Universidad de Bologna, desde hace años he tenido tres cursos a menudo con un total de nueve y a veces hasta doce horas por semana, sin dejar el cuidado de las tesis, del Boletín de la Unión Matemática, etcétera”.

Santaló llegó por recomendación de otro español, Julio Rey Pastor, uno de los padres de la matemática en Argentina según cuenta Pedro Marangunic, docente e investigador de la Universidad Nacional de Rosario (UNR) y autor, junto a la doctora Silvia Pessino, del libro “Nuestro Beppo”.

Descubrimientos

Los dos llegaron en 1939. Ya en las aulas de la FCEIA, el español fue clave para llegar a la base matemática de la tomografía axial computada, que terminaría de definirse, combinada con la electrónica, recién en la década de 1970.

"Cuando se llega a eso, en la primera mitad de 1940 no había cómo implementarlo porque la electrónica no estaba tan desarrollada. La frutilla del postre fueron los tomógrafos en 1970. Y los descubrimientos (en el campo de la matemática) fueron en la facultad de ingeniería”, dice Marangunic.

A la par, Levi, que vivía en San Lorenzo al 2300, viajaba todos los días en el tranvía 6 (hoy, la línea 144). Se convirtió en uno de los pasajeros más célebres: era muy bajo de estatura, producto de algunas complicaciones de salud, y varias veces entre el motorman y el guarda lo ayudaban a bajar a él y al portafolios enorme que llevaba siempre.

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Los matemáticos Luis Santaló y Beppo Levi.

Los matemáticos Luis Santaló y Beppo Levi.

“Puso a Rosario en el mapa internacional de la ciencia desde su humilde lugar. Era un tipo prestigioso, e importantes matemáticos y físicos del mundo mandaron sus trabajos a publicar en la revista de acá (“Mathematicae Notae”, primera revista dedicada a la matemática en el país, dejada de editar hace pocos años), que viajaba a institutos de todo el mundo. Beppo atraía a quienes querían publicar artículos”, explica Marangunic.

La edad no lo alejaba de los detalles. Ya cerca de los 70 años, viajaba periódicamente a la imprenta de la Universidad del Litoral, en la ciudad de Santa Fe, para controlar que Mathematicae Notae se imprimiera bien. Más de una vez, dicen, se peleó con tipógrafos y linotipistas, explicándoles dónde iba cada símbolo matemático.

Hasta el último día

Terminada la guerra, desde Italia a Beppo lo restituyeron en su cargo en la Universidad de Bologna, le pidieron disculpas y le dieron un premio: querían que vuelva. Levi prefirió quedarse en Rosario, una ciudad “que fue gentil” con él, y seguir acompañando a muchos jóvenes que se habían enganchado en la investigación matemática. Por su parte, Santaló estuvo 9 años más en la ciudad, para luego mudarse a Estados Unidos y después volverse a radicar en Argentina, precisamente en Buenos Aires, donde fallecería en 2001.

El italiano quería pasarle a sus alumnos la fascinación por el pensamiento matemático en los exámenes. Dejaba de lado el bolillero para pedirles que hicieran sobre el pizarrón el tema que preferían. Y tenía un truco: en lugar de proponer a los estudiantes que expusieran, quería que preguntaran. Pensaba que era la mejor manera de saber cuánto conocían del tema elegido.

Marangunic cree que ambos “fueron un quiebre en la historia de la facultad. La matemática de hace 100 años en Rosario se necesitaba para formar ingenieros y agrimensores. Estaban los que enseñaban la matemática, pero no hacían investigaciones para crear nuevos conocimientos. La docencia era repetir cosas que ya estaban hechas y ellos empezaron a formar a profesores y estudiantes avanzados para hacerles notar que la matemática no era repetir cosas ya hechas, sino generar nuevos aportes”.

Renunció a la facultad en agosto de 1961. Fue casi como un anticipo de la importancia de la docencia y el pensamiento matemático en la vida de Beppo: 20 días después, sin fuerzas y alejado de su pasión, Levi falleció en Rosario. “En la nota de renuncia puso que lo estaban abandonando las fuerzas físicas, medio como pidiendo disculpas por renunciar”, dice Marangunic.

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