La ciudad

Estuvo seis años enferma sin diagnóstico y la natación la salvó

Anila Rindlisbacher tuvo que dejar de trabajar por una inflamación respiratoria crónica poco conocida. A través del deporte logró superarla.

Domingo 08 de Septiembre de 2019

Anila Rindlisbacher tiene 48 años, y pasó seis enferma sin que los médicos pudieran explicarle qué tenía. Pasó mucho tiempo hasta que le descubrieron una patología poco conocida, una inflamación crónica de las vías respiratorias, que hoy busca difundir para que nadie más sufra lo mismo. Se convirtió en una gran nadadora para poder curarse.

"Soy de Monte Caseros, Corrientes. Cuando terminé el colegio fui a estudiar a Rosario donde hice la carrera de marketing", rememoró la mujer que hoy está "casi" curada. "Apenas terminé la carrera empecé a trabajar con clientes propios, y a los 23, armé un emprendimiento de marketing promocional para empresas", contó en diálogo con La Capital.

Trabajaba muy bien, se había casado y tenía una oficina en el centro de Rosario. "Al poco tiempo se incorporó mi hermano que es psicólogo, y logramos buenos clientes, nos iba bien", destacó la mujer que tuvo su propia empresa durante 15 años.

Un día empezó a tener dificultades para respirar, algo que fue el comienzo de una enfermedad poco conocida. Tenía 36 años y se iba a enfrentar a uno de los desafíos más importantes de su vida.

La mujer empezó a sufrir bronco espasmos cada vez más frecuentes. Y a eso se sumaron las llagas en la boca y en la garganta, que le impedían tragar. No podía comer más que alimentos líquidos, y llegó a pesar 45 kilos. La enfermedad también le afectó el habla y se quedó sin voz.

Todo esto la debilitó enormemente y ya no pudo volver a trabajar.

De médico en médico

Con los primeros síntomas, Anila consultó a un médico y todo parecía indicar que se trataba de un virus respiratorio. Allí empezó un peregrinar por a distintos profesionales. Consultó alergistas, neumonólogos, otorrinos y la derivaron con neurólogos por la falta de habla. "Me atendían muy bien, pero nadie entendía qué me pasaba". Y esto no fue durante unos meses, sino años. Anila estuvo seis años sin diagnóstico, encerrada en su casa y tomando analgésicos.

"Fue muy duro", reconoció Anila, que tuvo sus altos y bajos durante todo este tiempo hasta que le recomendaron que consultara con Liliana Bezrodnick, una médica de Buenos Aires que trabaja en el Hospital Gutierrez. "Ella investigó qué me pasaba y descubrió que lo que tenía era una inmunodeficiencia primaria (IDP), que consiste en un desorden en el sistema inmune. "En mi caso se manifestó como una inflamación crónica del sistema respiratorio, que me producía bronco espasmos, laringe espasmos, aftas, llagas y en algunos períodos fiebres que me duraban hasta un mes y medio en forma crónica", detalló.

Anila tuvo que acondicionar su casa, sacar las alfombras y peluches. Cualquier polvillo la perjudicaba. "Los plátanos me hacían pésimo. Salía muy poco porque estaba muy débil", contó la mujer.

Durante esos años Anila leía mucho, y comenzó a escribir en un blog, era su única manera de contactarse con otras personas, a través de la computadora. Además, empezó a pintar porque necesitaba expresarse. Después surgió Facebook y fue un espacio para contactarse con familiares y amigos. "Realizar estas actividades me ayudó a no caer en una depresión", confesó.

El tratamiento consistió primero en tomar corticoides que le afectaron la vista, y medicamentos para tratar la inflamación. Recién a los tres años comenzó a sentirse un poco mejor. Y entonces, le recomendaron nadar. Empezó y no paró. Es más, se convirtió en una nadadora de aguas abiertas que se desafía a diario.

"Empecé natación hace dos años en el club Palos Verdes, con el profesor Leo Espinosa. El me enseñó a nadar y me transmitió el amor por las aguas abiertas", expresó agradecida.

El primer año decidió que participaría de una carrera en aguas abiertas y aunque muchos la desalentaron, se empecinó y participó en 2017 de una competencia de dos kilómetros en el río Uruguay.

Desde entonces comenzó a entrenar todos los días y ahora su gran meta es unir Argentina y Uruguay nadando. "Para mí es un gran desafío y me lo propuse porque necesito recuperar la confianza en mi misma", acotó la mujer que ya participó en otras competencias.

Este año Anila se mudó a Buenos Aires desde donde busca difundir la IDP y su tratamiento.

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