La Ciudad

En jaque por la pandemia, las maestras jardineras venden alimentos para subsistir

Los jardines de infantes están cerrados desde marzo y la situación es crítica. Las docentes se reinventaron para darle pelea a los estragos económicos de la pandemia

Domingo 20 de Septiembre de 2020

Las maestras de los jardines de infantes tuvieron que salir a vender manufacturas para poder seguir adelante. Es que estas instituciones no están funcionando y muy pocos padres siguen pagando la matrícula. Si bien la ayuda estatal llegó, admiten que no alcanza para cubrir los gastos extra.

Las docentes y dueñas de los jardines de infantes no pueden dar clases por la cuarentena, pero ahora amasan fideos, pizzas caseras, empanadas y venden a través de las redes sociales. La respuesta es inmediata. Todos les compran y logran sumas que permiten pagar aguinaldos y gastos fijos.

Muchas tenían la esperanza de que los jardines volvieran a abrir con protocolos especiales en este segundo semestre, pero dado el pico de la pandemia que atraviesa la región, no creen que puedan volver a las aulas muy pronto. Y no son pocos los que se plantean que tal vez no puedan seguir funcionando.

La primera mitad del año las dueñas de los jardines hicieron malabares para llegar a pagar los sueldos. Cuando hubo que enfrentar el aguinaldo todo se complicó aún más.

Alejandra Fornari es la directora de Manantiales, un jardín de barrio Echesortu. “Tuve que pedirles a las docentes que me ayudaran a hacer algo para poder juntar lo necesario para pagar el aguinaldo”, contó. Así surgió la idea de hacer empanadas y venderlas.

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"Intentamos comprar los ingredientes a un mayorista y otras cosas las conseguimos donadas. Nos repartimos las tareas y el fin de semana del 9 de julio nos fuimos todas al jardín, y con barbijo puesto y respetando la distancia armamos las 200 docenas de empanadas”, relató. El jardín lleva muchos años funcionando y arrancaron el 2020 con 48 niños, pero en este mes sólo cobraron 12 cuotas.

Muchas directoras ya no están pagando los aportes previsionales. Lo que no cortaron fueron las obras sociales de las empleadas, para que las docentes no perdieran la cobertura de salud.

Después de 29 años

El jardín Lunita Clara funciona hace 29 años en pleno centro. La directora, Ana Pecile, contó que nunca pasó por una situación igual. El lugar recibe niños de 45 días a 3 años, arrancó el 2020 con 70 alumnos y sólo hay 18 que continuaron pagando la cuota.

 "Nos está matando de a poquito”, se lamentó la mujer. “Sabemos que hay padres que perdieron el trabajo. Tenemos muchos profesionales independientes que no han podido trabajar por la pandemia, y obviamente no van a pagar la cuota”, reconoció.

El jardín cuenta con nueve docentes y los aportes rondan los 100 mil pesos. “No los estoy pagando ahora, los vengo acumulando, pero lo que sí sigo es con obra social, y el dueño de la casa que alquilamos nos condonó una parte como para no perder la esperanza”, admitió.

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Ante esta situación, empezaron a cocinar pastelitos para el 25 de mayo. “La ayuda del gobierno llega para quienes son empleados, pero el resto no tenemos sueldo y la deuda es impresionante”, admitió.

Cuando lanzaron la venta de pastelitos la respuesta fue increíble. “Los que más nos compran fueron los ex alumnos”, recordó.

A los 15 días vendieron pizzas caseras, todo a través de las redes y viralizado por las madres que colaboran. Además, las docentes hacen el “delivery” para llevarlos donde sea necesario. Ahora también ofrecen barbijos con diseños para ayudar a una mamá que se quedó sin trabajo y que es la que cose. Otra semana ofrecieron fideos y para el Día del Niño prepararon juguetes artesanales y objetos de madera.

En Fisherton cinco socias abrieron el jardín Patitas hace 17 años. Nunca se imaginaron que la situación se iba a complicar tanto. La directora, Carolina, contó que este año recibieron menos inscripciones.

“Cuando arrancó la pandemia llevábamos una sola semana de clases y los chicos estaban en el período de adaptación. Además, hubo padres que no llegaron a conocer el jardín, ni llegamos a crear un vínculo con ellos como para que nos acompañaran luego económicamente”, relató. Del total de los alumnos hoy sólo están recibiendo la mensualidad de 30 y no todos pagan la cuota entera.

“Peleamos mucho por lograr la ayuda del Estado, pero también nos movimos y vendimos pizzas, pastelitos y largamos una rifa con premios que donaron las familias del jardín”, señaló.

Así, los anuncios de jardines de los distintos distritos de Rosario se multiplican en las redes con el mismo lema “¡Ayúdennos a subsistir!”, y con creatividad cada instituto busca la manera de salir adelante.

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