"No lo toques, se pone nervioso con gente que no conoce", advierte una voluntaria mientras me acerco a Fito, un perro de tamaño mediano y pelaje rubio, que tiene 8 años y hace 3 que vive en un canil del Instituto Municipal de Salud Animal (Imusa). Es un día soleado, primaveral, y los paseadores trabajan en la rehabilitación de los animales en cautiverio en la zona del Parque Independencia. A una distancia prudencial, otra integrante del grupo sostiene firme con su correa a Apolo (7), un gigante marrón cruza con rottweiler que estuvo un año sin salir de su celda porque atacaba todo lo que se le ponía enfrente. Con meses de adiestramiento y afecto, hoy puede cambiar de martes a jueves el frío y la humedad por el aire libre y pasto, al menos por un rato.
En el ámbito del Imusa hay más de 200 perros que aguardan por un hogar que los acoja. Alrededor de 70, los casos más difíciles, están en el edificio de Francia al 1900, y el resto permanece en el anexo de avenida Las Palmeras al 4500, que según afirman, no es tan conocido por los rosarinos y dada su ubicación en la periferia no genera muchas adopciones. Los animales que están allí tienen en general perfiles menos conflictivos, y pasean "en manada" por el terreno en un ámbito de socialización pacífica entre pares. Los gatos son casos raros: sólo hay 4 en la sede principal.
Las voluntarias y voluntarios del Imusa, un grupo que oscila entre las 10 y 15 personas, llevan adelante desde hace 8 años una destacada labor solidaria, vital para los animales que se encuentran en custodia del Estado municipal: atienden sus necesidades como pasearlos, brindarles cariño y ayudarlos a reintegrarse a un hogar, y al mismo tiempo ejercen una suerte de control ciudadano sobre las actividades de la institución. Cada uno trabaja personalizadamente con "sus" perros, con los que construyen un vínculo y a los que aprenden a conocer para luego poder orientar a los postulantes que quieran adoptar, y asegurarse de que sean ubicados en lugares que se adapten a su perfil y sus necesidades.
Quienes realizan esta labor solidaria afirman que 9 de cada 10 perros que llegan sufrieron maltratos físicos como golpes, quemaduras, balazos, choques y heridas de todo tipo; y varios de ellos también sufrieron violencia psicológica por negación de agua y comida, o por vivir atados permanentemente en la intemperie.
Estigmatizados
Si bien la creencia popular puede indicar que se trata de perros abandonados en la calle, la realidad es que por lo general fueron derivados al instituto por la Justicia o la policía luego de atacar a alguien.
"Están estigmatizados. Un animal que padeció estos traumas, muerde en defensa propia. A veces hasta fueron usados para pelear", dice Alejandra (38), una de las paseadoras. Una gran cantidad son cruzas con pitbull o rottweiler. El resto son mestizos.
El grupo comenta que en lo que va del año se dieron en adopción unos 100 perros, pero el ritmo de ingresos es realmente muy alto. En la sede de Francia, el número de animales en cautiverio se duplicó desde principios de 2017, y nunca bajó.
"Hace menos de dos años, eran entre 25 y 30. Hoy son 67", se encarga de detallar Bianca (21). El lugar está al límite: las instalaciones cuentan con 67 caniles de diferentes tamaños, pero hay perros de gran porte que no están cómodos y sufren el encierro en condiciones estresantes.
Contacto a través de Facebook
Para realizar consultas, obtener información e imágenes de los perros en adopción, ponerse en contacto para colaborar con el grupo o realizar donaciones, el contacto es la página de Facebook "Imusitas Que Nos Necesitan". También se puede consultar el sitio oficial I.Mu.S.A. Rosario, aunque los voluntarios reclaman allí mayor velocidad en la difusión de los perros que ingresan.