“Trato de dar una mano siempre que pueda, sobre todo para difundir el barrio”, dice Damián Cáneva, referente de Pichincha y autor de un sitio web con muy cuidada información y estética. Consultado con frecuencia por quienes tienen que hacer trabajos prácticos para la facultad, investigaciones o monografías, considera que su actividad es un hobby que abreva desde sus vivencias tempranas en el barrio donde nació y vive. Y donde trabaja (en el edificio de la Estación Rosario Norte), justamente en el mismo lugar al que, de niño, su abuelo lo llevaba a recorrer andenes y hasta algún pequeño paseo en zorra.
“Siempre viví en Pichincha y en la misma casa; al lado, en un pasillo, vivía mi abuelo, quien, en mi niñez, me llevaba a pasear y hacíamos un recorrido por lo que ahora es el parque Norte”, relata. Y sorprende con una coincidencia que valora: “Siempre recorríamos el andén de la estación y con autorización de los guardas, podíamos hacer unos metros en una zorra que se desplaza con una manija, o subir a los vagones”, evoca sobre la fascinación que le provocaba el movimiento del lugar y los trenes, casi cuatro décadas atrás.
“Paradoja de la vida, hoy trabajo en el mismo edificio de la Estación Rosario Norte, donde ahora funciona la Secretaría de Cultura municipal, a dos cuadras de mi casa”, explica. Y recuerda cuando, a fines de la década de 1990, “el barrio comenzó a morir por aquel famoso « ramal que para ramal que cierra», desapareciendo bares y hoteles”. Damián hilvana cada etapa de su vida con los ciclos de Pichincha, un vínculo a través del cual indaga, reflexiona y, sobre todo, disfruta y puede dar cuenta del barrio que siente como su lugar en el mundo.
Así relata su singular participación en el “problema de la nocturnidad”, que llegó con la radicación de boliches bailables, en medio del boom sojero y la construcción de las cercanas torres de Puerto Norte, sumando un público que le devolvió movimiento al barrio. Con 20 años y facilidad para redactar notas y petitorios, ayudó a sus padres en el reclamo, pero “hay que ser realista y coherente, yo era consumidor de esos boliches, tenía uno en la esquina, otro a dos cuadras, la disyuntiva hizo que me enemistara con algunos vecinos”.
Pichincha en la web
Entre las estrategias de reclamo por los problemas de la nocturnidad, surgió un formato de página web que declinó junto con el nivel del conflicto, pero sirvió de antecedente para gestar la actual www.barriopichincha.com.ar, que subtitula como “La historia de ayer y de hoy de nuestro barrio” y que reafirma como hobby, no historiador. “La idea es cargar contenido sobre la época prostibularia del barrio; hay mucha bibliografía, suelo escribir sobre algún prostíbulo en particular, noticia de aquel momento o personaje puntual, como la historia del Paisano Díaz, uno de los compadritos tristemente célebres en Pichincha de los años veinte”, explica.
La página también tiene información de actualidad sobre actividades, como muestras, visitas guiadas o circuitos turísticos, pero es el pasado el que atrae como campo imantado, a pesar de haber sido relatado cientos de veces. Una especie de marca indeleble, “que en un primer momento se romantizaba, con tono pintoresco, pero ahora no; es pesado lo que pasó, con gente reducida a la prostitución, casi esclavizada”, argumenta.
Los últimos artículos que escribió reseñan bibliografía y detallan los hechos que abordan. Son expresiones del interés constante sobre el eterno pasado de Pichincha.