La ciudad

El Hospital Iturraspe se erige como una "meca" de antiabortistas

Se realizó una manifestación en apoyo al Servicio de Ginecología del efector, que se declaró por completo como objetor de conciencia.

Domingo 15 de Julio de 2018

La totalidad de los médicos del Hospital Iturraspe de Santa Fe decidieron declararse como objetores de conciencia ante la eventual sanción de la legalización de la interrupción voluntaria del embarazo. Es decir, ninguno accederá a practicar un aborto ya que el protocolo vigente en la provincia les da la opción de abstenerse.

   El viejo hospital, de bulevar Pellegrini 3457, es una "meca" en la capital provincial para diversos sectores que se oponen a las prácticas de interrupción del embarazo, aun en aquellos casos en que la ley actualmente las permite.

   En sus pasillos, salas y alrededor de las camas de las parturientas, deambulan exponentes de grupos cristianos y organizaciones, fundaciones y demás personas que militan con sujeción dogmática su oposición a los abortos.

   El periplo que realizan esos grupos dentro del edificio lo hacen con autoridad. Buscan persuadir a las madres que desistan de esa opción. No pocas veces lo logran.

   Las autoridades provinciales actuales, y las de los gobiernos peronistas que antecedieron a los socialistas, no pudieron o no supieron cómo revertir esta situación que hoy, a la luz del debate nacional por la despenalización del aborto en todo el país, adquiere una dimensión de mayor densidad.

   El Iturraspe fue, en las últimas semanas, epicentro de marchas y manifestaciones antiabortistas, principalmente. Como la del pasado viernes, en la que militantes de la defensa de "las dos vidas" decidieron hacer público su apoyo a los integrantes del Servicio de Ginecología del hospital.

   "Es un mimo que uno recibe porque nosotros tenemos bien claras nuestras convicciones y actitud. Cuando se nos castiga y critica tanto, el hecho de que la gente reconozca nuestro trabajo es muy importante", dijo Samuel Seiref, jefe del servicio, mientras acompañaba la concentración junto a otros médicos y personal hospitalario.

   Los manifestantes y el propio Seiref expresaron a los medios que su principal objeción a la ley, que se discute actualmente en el Senado argentino, es que no admitiría la objeción de conciencia de los médicos.

   Si esa situación se diera, la totalidad de los médicos del Iturraspe no podría seguir prestando servicio toda vez que enfrenten un caso de aborto ya que se vería frente un dilema íntimo por seguir sus convicciones ("Yo no me eduqué para matar", dijo Seiref al arengar a los manifestantes, anteayer) o violar la ley, en caso en que esta se aprobare así.

Restrospectiva

El hospital de la ciudad capital ha sido sede de este tipo de manifestaciones desde mucho antes de que la sociedad argentina se embarcara en discutir, formalmente, la legalización del aborto.

   En 2015, una concentración en la explanada del Iturraspe buscó apoyar un proyecto de ordenanza que habían hecho llegar al Concejo municipal en el que se declaraba a Santa Fe "Ciudad Provida en resguardo del derecho a la vida del recién nacido". Es decir que en ningún efector de salud (público o privado) de la ciudad iba a estar autorizada la realización de abortos. Ni siquiera en casos reconocidos legalmente como no punibles.

   Sin embargo, como contrapartida a esa marcha, se recuerda todavía el caso de Ana María Acevedo. El relato de su muerte, ocurrida en el hospital santafesino, fue uno de los momentos más dramáticos y angustiantes que se vivieron en la Cámara de Diputados de la Nación durante el debate de la ley de aborto recientemente, ya que fue Norma Cuevas, su madre, quien se encargó de exponerlo.

   La mujer, oriunda de Vera, contó cómo murió su hija de 19 años, en 2006, quien padecía cáncer en la boca y el cuello y no podía llevar a cabo su embarazo sin riesgo. En el Iturraspe, profesionales y autoridades le negaron un aborto. Murió el bebé y Ana María. "No murió. La mataron de a poco", contó, entre lágrimas, Norma Cuevas durante su relato en Diputados.

   Ana María empezó a sentir fuertes dolores de muela y por ello le descubrieron que tenía un tumor en la boca. Se lo operaron y cuando se disponían a hacerle quimioterapia y rayos, descubrieron que estaba embarazada. Desde ese momento, la opción fue ella o la criatura. Pese a que la muchacha y sus familiares pidieron el aborto, los médicos del Iturraspe no accedieron y se perdieron las dos vidas.

   El hecho, que indignó a la sociedad santafesina, llevó al entonces gobernador Jorge Obeid a echar a las autoridades del hospital e iniciarles procesos judiciales. Puertas adentro del Iturraspe, es como si nada hubiera ocurrido.


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