La segunda imagen muestra algunos chalés con sus techos a dos aguas de tejas francesas y los edificios al fondo, con esta descripción: “Vista parcial de una serie de monumentales bloques del nuevo y hermoso barrio Presidente Perón. Obras como éstas, contempladas en serie para esta ciudad, en pocos años han de cambiar en gran parte la actual fisonomía de Rosario”.
Y la tercera fotografía exhibe otros chalés rodeados por una incipiente vegetación y al fondo un monoblock y el tanque de agua de la Plaza José Hernández, con esta leyenda premonitoria: “Quizás cuando este libro aparezca ya numerosas familias rosarinas estén ubicadas en este barrio. Vendrá a solucionar en buena parte el problema de la vivienda en Rosario, lo que se perseguirá en otras obras similares en marcha”.
barrio Presidente Perón 23 de marzo de 1973. Laprida al 4800.jpg
“Era un barrio hecho por el primer gobierno de Perón con algunos sindicatos, como el de los bancarios, una obra pública en la que la gente primero alquilaba un departamento o un chalecito, es decir que no lo compraba e iba a vivir directamente”, revela ahora la arquitecta Claudia Paredes a La Capital.
“Tengo una foto de cuando cumplí un año, en el balcón de un departamento de Laprida al 4800, en 1964, y al año siguiente mis padres compraron una casa en el barrio, a la vuelta, por el pasaje Holmberg”, abunda Paredes, quien cursó la escuela primaria en Las Heras, de Buenos Aires al 4800, la misma a la que concurrió Messi, quien nació y se crió en el vecino barrio La Bajada, situado detrás de los campos del ex Batallón de Comunicaciones 121, el otrora Regimiento 11 de Infantería.
El agrimensor Gastón Hurig, un vecino de Buenos Aires y Azara -el monoblock con un mural de Messi-, aportó el tesoro de las primeras fotos del barrio publicadas en esta nota, tomadas en la época de la inauguración, en la década del 50. En una de ellas aparece la Escuela Las Heras, que estaba apadrinada por el Regimiento 11 de Infantería. En otra imagen puede verse el campo de entrenamiento del 11 de Infantería, con sus paraísos recién plantados, la unidad militar que fue copada por un grupo armado de la Resistencia Peronista el miércoles 30 de noviembre de 1960, que buscaba reponer al presidente Perón en su cargo, del que había sido derrocado por un golpe cívico militar el 16 de septiembre de 1955.
Barrio Perón. Escuela 66 General Las Heras.jpg
El copamiento del 11 de Infantería
Esa madrugada del 30 de noviembre de 1960, un grupo de unos 50 militantes peronistas -algunos del Sindicato de la Carne como el extinto legislador Luis Rubeo padre- y de soldados, suboficiales y oficiales del 11 de Infantería, comandados por el general Miguel Angel Iñíguez, atacaron y tomaron rápidamente el regimiento. Un grupo de militantes tomó y secuestró un colectivo de la vieja línea 51 en la esquina de Virasoro y Maipú, desde donde llegaron hasta el regimiento, al que atacaron en dos grupos: uno por la puerta principal y otro por una secundaria, ambas sobre la la calle Lamadrid, donde se produjeron los combates más duros, que costaron cuatro bajas.
“Vivíamos en Lamadrid al 500. Ese día mi viejo abrió la ventanita de la puerta del pasillo y un militar le disparó, pero se salvó porque el tiro pegó en la chapa debajo de la ventanita”, recuerda Pedro Martini, un experiodista de La Capital. “El día que lo tomaron, la gente debió abandonar sus casas, había milicos por todos lados”, narraba a este diario en 2001 don Francisco Mota, un exobrero del Frigorífico Swift y habitante de una de las 47 casas del barrio, desde 1954.
El copamiento del regimiento formaba parte de un plan de alzamiento de varias ciudades con el objetivo de dar un golpe al gobierno de Arturo Frondizi, que había ganado las elecciones con el peronismo proscripto, pero la falta de concreción de otros operativos frustró el intento de recuperación del orden constitucional pleno y finalmente el 11 de Infantería fue recuperado por gendarmes y efectivos del Ejército leales al gobierno de Frondizi. La participación de soldados, suboficiales y oficiales en el copamiento de la Resistencia Peronista motivó una dura sanción al Regimiento, que fue trasladado castigado a la localidad mendocina de Uspallata y reemplazado por el Batallón de Comunicaciones y Comando 121. Y el nombre del Regimiento 11 sólo permanece en la excalle Tupungato, del vecino barrio Las Heras. En realidad, el 11 de Infantería ya había sido castigado por la Revolución Fusiladora que derrocó a Perón el 16 de septiembre de 1955 cuando la mayoría de los soldados y suboficiales, junto a un puñado de oficiales, se negaron a reprimir a la Resistencia Peronista y debieron convocar a efectivos correntinos.
Barrio Presidente Perón. Laprida al 4800.jpg
Un lugar en el mundo
El barrio Presidente Perón o Bancario fue un modelo de organización y sorprende a propios y extraños por la calidad constructiva de la mano de obra y la nobleza de los materiales utilizados.
En la zona noreste cuenta con la Escuela Las Heras, que tiene la particularidad de que su ingreso comunica con la Plaza José Hernández.
Los edificios de departamentos son de tres pisos, con escalera, construidos con pisos de parqué y de mosaicos de granito, cloacas, calefacción central, conexión de gas natural y conexión telefónica.
Y las casas, unos típicos chalés de techos a dos aguas con tejas francesas, contaban con un pequeño jardín delantero y un amplio fondo, y están separadas de los edificios por generosos espacios verdes.
Además, el barrio contaba con pavimento, iluminación a gas de mercurio y dos guardianes en la plaza, que vivían en una casa situada debajo del tanque de agua, en la esquina de Laprida y el pasaje Azara, que ahora es intervenido para pintar allí la Copa del Mundo ganada hace un año por el equipo de Messi, el vecino más ilustre de La Bajada, el barrio contiguo.
“En una foto aparecen los placeros, Zappiano y don Tolosa, que vivían en la casa del tanque de agua, que tenía pieza, cocina y baño. Ellos mantenían el tanque, cuidaban la plaza y, además, cortaban el pasto con una guadaña en los monobloks, que en esa época se llamaban pabellones”, revela a este diario Andrea Muratore, otra egresada de la Escuela Las Heras, quien vive en el barrio desde que nació.
Messi vivía en la casa de sus abuelos maternos, los Cuccittini, en Estado de Israel al 400, en las épocas en las que los pasajes y callecitas que dibujan gambetas estaban cerradas por el campo del Batallón 121, así que para ir desde su casa hasta la escuela Messi y su amiga y vecina, Cintia Arellano, debían caminar por 1º de Mayo hasta Uriburu y por ésta hasta Buenos Aires. “Un día que íbamos a la escuela con Leo nos metimos por un hueco que había en el alambrado para no dar toda la vuelta al campo del 121, cruzamos en diagonal, pero cuando llegamos al otro lado había un militar que nos mandó a salir por el hueco y tuvimos que dar la vuelta por Uriburu y Buenos Aires”, recuerda la vecina del 10.
“Vamos a jugar un desafío a la cancha Las Heras” nos avisó el Zurdo Martínez al equipo de pibes de diez años de La Bajada, que los viernes a la noche caminábamos por Uriburu y Buenos Aires hasta la entonces avenida Lucero -ahora Nuestra Señora del Rosario- donde estaba el Club Las Heras, que tenía la particularidad de que la vieja cancha de 11 había perdido la mitad para construir la Escuela Luis María Drago, entonces habían corrido un arco y había quedado una canchita de siete con arcos enormes, justo para hacer más fácil los goles, como proponía el Indio Solari.
Otro mundo por donde se lo mire, un equipo de siete jugadores de diez años caminaba los viernes a la noche ida y vuelta desde La Bajada hasta Las Heras, donde había un bufet de madera y chapas, donde a veces un parroquiano que había descubierto al equipo de camisetas amarillas de La Placita -que habíamos heredado de los más grandes, en una postal de época- apostaba por nosotros, se ganaba unos mangos y después nos pagaba una Coca grande de vidrio, un tesoro en los 70.
Barrio Presidente Perón. jpg.jpg
Las diferencias entre los barrios La Bajada y Bancario eran abismales, en sintonía con las que había entre casi todo Rosario y el barrio Presidente Perón. Nosotros vivíamos en calles de tierra, cazábamos ranas en las zanjas y en verano los vecinos regaban la calle con esa agua insondable, que sacaban con una lata de duraznos, a la que le habían clavado un palo de escoba. Cuando llovía las calles eran más barriales que nunca, con caminitos de lajas en las esquinas que se tapaban de lodo al paso del primer auto. Y para hablar por teléfono teníamos que caminar tres cuadras hasta la Vecinal de los barrios Hertz y La Bajada, en Juan Canals y Buenos Aires.
Por eso, cada vez que pasábamos por el barrio Perón o Bancario -como lo llamaba la gente entonces- o que íbamos a la escuela sentíamos el aroma a pinos de la Plaza José Hernández y nos parecía que recorríamos literalmente otro mundo con sus calles de pavimento, sus monoblocks y sus chalés de película. Como declaró alguna vez Evita cuando le preguntaron por qué construían barrios como este, escuelas como la 66 General Las Heras, hospitales como el de Granadero Baigorria y complejos como los de Embalse y Chapadmalal donde muchos niños humildes conocieron el mar, con ese estilo tan particular: “Porque nos dimos cuenta de que a la gente le gusta vivir en esas casas de estilo californiano”.