En una ciudad signada por la disputa violenta del tráfico de drogas, y por ende su demanda, otro consumo problemático que no tiene que ver con una sustancia ilegal pero sí con un hábito se multiplica en el escenario de la pospandemia: la ludopatía. Si bien en Rosario la llegada del casino en 2009 implicó un aumento de los casos, tanto el encierro de la cuarentena por Covid como la generalización de formas virtuales de gestionar lo cotidiano dispararon el juego online y una participación creciente de adolescentes, quienes acceden a los sitios web de apuestas con mayor facilidad a través de sus celulares, advierten especialistas que trabajan con esta problemática.
Uno de ellos es el psicólogo Mariano Montecchiesi, quien habla desde su experiencia atendiendo –en su consultorio y en la comunidad terapéutica Nazareth– a personas de todas las edades a partir de los 13 años, que no sólo juegan sino que no pueden dejar de jugar. Allí radica el quid de la cuestión, en la compulsión y en la imposibilidad de frenar, de ejercer un control, antes que en la práctica en sí misma. “Durante la pandemia se duplicó la cantidad de gente que fue a consultar a Nazareth pero también se nota en la clínica, en lo que compartís con los colegas. Hay poco registro del fenómeno porque una consulta no implica tratamiento”, revela y subraya que la ludopatía encontró en el mundo cibernético un espacio sin limitaciones para expandirse, tanto vía páginas oficiales como clandestinas.
“En los sitios legales tenés que ser mayor de 18 años, igual que para entrar a los casinos. Sucede que de manera online es más difícil verificar la edad del usuario: muchas veces los adolescentes hacen perfiles truchos porque para ellos pasa por una cuestión de transgresión, de rebeldía”, describe Montecchiesi y llama la atención acerca de la importancia del control parental en los dispositivos digitales (y no solamente en ellos).
“La inauguración del casino en Rosario derivó en un incremento muy marcado de los casos de ludopatía, un tema que antes no había sido de acceso a todos, que se daba en contextos muy particulares”, recuerda el psicólogo y apunta que en ese momento, en 2009, “se observaban muchos jubilados y amas de casa que iban más por una cuestión social, porque tenían tiempo disponible”, con la aclaración de que no todo usuario incurre en un consumo problemático.
Pasó poco más de una década y pandemia mediante, además de un desarrollo vertiginoso de las redes sociales y de las aplicaciones desde teléfonos inteligentes, en suma “en un mundo de inmediatez, donde todo es ya”, para apostar basta con hacer click. “Ni siquiera las tragamonedas físicos tienen las palancas y los botones tradicionales, los botones son virtuales”, dice el profesional sobre este juego “donde se dan las adicciones más grandes porque para los otros (ruleta, black jack, póker) hay tiempos, hay que esperar que el otro juegue y eso puede resultar perturbador”.
La psicoanalista María Juliana Bottaini, coordinadora de la Red Ludopatía Rosario, un espacio interdisciplinario para el abordaje y la investigación de la adicción al juego, coincide. “Había muy pocas apuestas virtuales antes de la pandemia, luego las páginas se fueron perfeccionando y la gente adiestrándose en su uso como para otras actividades sociales (reuniones, compras, educación)”, analiza. A la virtualidad la ve como facilitadora, no como causante de lo que define en términos de “proliferación masiva de las consultas y de la búsqueda en el juego de un alivio a la angustia que cada uno tiene con su propia vida, con los vínculos, con su pasado”.
Algo parecido observa en relación a la sala de juegos existente en Rosario. “Que en la ciudad haya un casino facilita, pero la relación con el juego estuvo siempre, es histórica. Después está cómo eso toma a cada sujeto”, interpreta Bottaini, psicóloga con 30 años de ejercicio que actualmente se desempeña en Rosario y Venado Tuerto. “Hay gente que va de vez en cuando al casino y lo disfruta. Por otro lado ludópatas que se autoexcluyen por su cuenta (de asistir a alguno de los tres casinos de la provincia, es decir el del complejo City Center, el de Melincué y el de Santa Fe) o en respuesta a tratamientos de índole prohibitiva que imponen restricciones como condición. Nosotros desde la Red no vamos por la prohibición, sí sugerimos que haya un familiar que acompañe y que la persona no maneje dinero”, responde consultada sobre los listados que coordina la Lotería de Santa Fe en el marco de su programa de "juego responsable". “Tratamos de revelar cuál es la función que cumple la adicción en el sujeto, en qué le está funcionando. Esa es la equis a despejar”, sostiene la especialista.
Sobre la ludopatía en chicos de 13 años en adelante, afirma que “se da mucho porque el juego es una respuesta que encuentran a preguntas trascendentales sobre el sentido de la vida: una respuesta que en realidad tapona y les permite olvidar, no saber, en un contexto de desfallecimiento de las figuras de autoridad, entre ellas la paterna, donde los padres no encuentran forma de ejercer autoridad, o son muy terribles, muy permisivos o están tomados por sus propias adicciones”. Hay que considerar que no todos los adolescentes apuestan por dinero, si bien en algunos casos pueden utilizar la tarjeta de crédito del padre, aunque también preocupa “que jueguen horas y horas, que la pantalla los capture”.
Las consultas por situaciones vinculadas a consumos problemáticos en este período etario –a la adolescencia Bottaini la extiende hasta los 30 años– van en aumento. “El joven está muy desorientado, porque el desfallecimiento se da en los valores, las normas y todas las instituciones, no sólo en la familia. Últimamente noto en relación a los jóvenes que falta deseo, entusiasmo, alegría de vivir”, describe, y propone un antídoto frente a un panorama de época de “toxicomanía generalizada”.
“Allí donde el sistema nos propone permanentemente el consumo (de objetos, de trabajos, de relaciones) y la felicidad se torna un imperativo, el arte y el deporte son otras formas de tratar la angustia que nos produce vivir. Cada uno debe poder inventarse el sentido de la vida, éste no existe a priori”, recomienda, así como “ir al rescate de lo propio de cada uno y tomarse el tiempo para descubrirlo”.
Puertas que pueden abrirse en la red pública
Frente a una situación de consumo problemático los rosarinos tienen la opción de acudir a la red pública de la ciudad o de la provincia para realizar una consulta, para pedir ayuda. En ese sentido, la directora de Salud Mental del municipio, Jésica Redondo, explicó que los vecinos pueden concurrir a los centros de salud o a los hospitales generales donde los profesionales intentarán “descifrar el enigma que hay detrás de la práctica (problemática), de la presentación que adquiere el padecimiento subjetivo”. Allí entran la ludopatía y otros consumos.
“La Municipalidad está construyendo dispositivos ambulatorios más preparados para la atención singular del consumo, como La Estación –donde hay un espacio de primera escucha y se recibe demanda espontánea por teléfono o presencial- y la Casa Martínez Estrada, que se inauguró la semana pasada en el noroeste y está cogestionada entre las secretarías de Desarrollo Humano y Salud”, dijo Redondo, aclarando que el abordaje no es de “fragmentación de las atenciones sino integral e interdisciplinario”. Los espacios específicos de atención se proponen robustecer la respuesta institucional frente a los fenómenos de consumo problemático, subrayó la funcionaria.
A nivel provincial, la Agencia de Prevención de Consumo de Drogas y Tratamiento Integral de las Adicciones (Aprecod) tiene una línea telefónica gratuita de orientación virtual que funciona a través del 0800-345-5640, de 8 a 24, y un Centro de Atención Inmediata en Rosario que presta asistencia presencial en España 1455. El área depende del Ministerio de Desarrollo Social de Santa Fe y atiende consultas por ludopatía.